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Israel La incertidumbre y la agresividad sobrevuelan las elecciones israelíes en la recta final

Las terceras elecciones en once meses podrían no servir para despejar la situación que se ha creado en Israel en el último año, una situación de incertidumbre y con marcados tintes ofensivos, especialmente por parte de Benjamín Netanyahu. 

Cartel electoral en Tel Aviv en el que aparecen representados Benny Gantz (i) y Benjamín Netanyahu (d), los dos candidatos a convertirse en primer ministro tras las terceras elecciones en Israel./ Amir Cohen (Reuters)
Cartel electoral en Tel Aviv en el que aparecen representados Benny Gantz (i) y Benjamín Netanyahu (d), los dos candidatos a convertirse en primer ministro tras las terceras elecciones en un año./ Amir Cohen (Reuters)

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

A pocas horas de que los israelíes acudan a las urnas el próximo lunes, en el país prevalece un ambiente electoral enrarecido e incierto, y pesa la maldición de que pueden necesitarse unas cuartas y hasta unas quintas elecciones consecutivas en poco más de un año si ninguno de los dos grandes bloques consigue una mayoría estable, como ha ocurrido en el último año.

Si atendemos a la media de los sondeos publicados en las últimas semanas, el bloque ultranacionalista y ultraortodoxo liderado por el Likud de Benjamín Netanyahu, y el bloque de centro liderado por Azul y Blanco de Benny Gantz, serán incapaces de formar una coalición suficiente por tercera vez consecutiva.
Distintos líderes del Likud estiman que hay unos 300.000 israelíes alineados con este partido que no votaron en los pasados comicios, y dicen que si Netanyahu consigue que los abstencionistas depositen sus papeletas el lunes, el Likud podría obtener una mayoría suficiente, como han sugerido algunos sondeos de los últimos días.

Sin embargo, lo más probable es que los dos bloques terminen empatados, de manera que el fiel de la balanza volvería a estar en manos de Avigdor Lieberman, líder de Israel es Nuestra Casa, una formación que obtendría entre 6 y 9 escaños decisivos. Lieberman ha prometido que no habrá cuartas elecciones, pero no se vislumbra de qué parte podría inclinar la balanza.

Lieberman es un ultranacionalista que reside en el asentamiento judío de Nokdim, en los territorios palestinos ocupados, pero se resiste a incorporarse al bloque de la derecha por dos motivos: por su jurada enemistad con Netanyahu, con quien estuvo aliado muchos años, y por la "opresión religiosa" que atribuye a los partidos ultraortodoxos. Su principal argumento es que si Netanyahu se aparta de la política, en menos de 24 horas se formaría una coalición.

No solo Netanyahu no considera abandonar la política a pesar de los tres casos de corrupción en los que está implicado, sino que está llevando a cabo la campaña más agresiva hasta el momento, luchando por cada voto y haciendo gestos a los distintos sectores de la población, desde multiplicar decretos para ampliar las colonias judías hasta permitir la llegada de algunas decenas de judíos etíopes para ganar votos entre esa minoría.

Toda esta frenética actividad también tiene por objetivo apartar la atención de su presunta corrupción, y lo está consiguiendo. La apertura del juicio se ha fijado para el 17 de marzo, quince días después de las elecciones, pero todo el mundo estima que Netanyahu solicitará un aplazamiento que conseguirá sin problemas.
Nadie se atreve a pronosticar cuánto durará el juicio puesto que en gran parte dependerá de la actitud que adopten sus abogados. Lo más probable es que Netanyahu vaya obstaculizando el desarrollo del pleito todo lo posible, lo que le permitirá seguir gobernando sine die. Netanyahu ha prometido esta semana que no modificará la ley de inmunidad si gana los comicios, pero muy pocos dudan de que sí lo hará si consigue una mayoría suficiente.

La suciedad de la campaña, los ataques personales que salen sobre todo de Netanyahu y su entorno, se vio confirmada el miércoles cuando el diario Haaretz reveló que una persona estrechamente vinculada a Netanyahu ha contratado al grupo de inteligencia CGI Group para que busque informaciones controvertidas o embarazosas del líder de la oposición Gantz. Este tipo de actuaciones que se hacen en descrédito de la democracia, y que son cada día más frecuentes, no se realizan exclusivamente en Israel, aunque aquí son más comunes.

El exprimer ministro Ehud Barak advirtió el jueves que la democracia se halla "en la cima de un proceso de colapso" y que las elecciones son una de las últimas oportunidades para salvarla. En caso contrario, el país se convertirá en otra Polonia, Hungría "o incluso Turquía". Para Barak, la reciente revelación de que Gantz podría haber cometido delitos es una "decisión política corrupta" que ha trascendido del entorno de Netanyahu justo unos días antes de los comicios, con la intención de crear una "simetría" entre la corrupción de Netanyahu y Gantz.

En cualquier caso, si por un azar Gantz consiguiera formar una coalición suficiente, tendría que contar con el respaldo desde fuera de los partidos árabes, y con el respaldo desde dentro de Lieberman. Sería una coalición extraña y difícil de sostener, y lo más probable que es que no tuviera grandes diferencias respecto a la coalición de Netanyahu, especialmente en relación con la causa palestina. Las diferencias entre Gantz y Netanyahu no son de esencia sino solo de matices, a menudo de matices imperceptibles.

El miércoles Gantz acusó a Netanyahu de "sentir odio a la democracia" y de suscitar problemas donde no los hay, al tiempo que advertía a la comisión que supervisa las elecciones que esté atenta el lunes a las previsibles maniobras de última hora del primer ministro para manipular los resultados, algo de lo que se ha acusado con frecuencia a Netanyahu en pasados comicios.

Repecto a la suciedad que Netanyahu está echando sobre Gantz, este le ha recordado que hace solo un año quiso ficharlo para el Likud y le ofreció la cartera de Defensa, que Gantz no aceptó. Es muy posible que en las próximas 72 horas siga brotando más suciedad en la campaña dado que los dos grandes bloques están disputándose cada voto encarnizadamente.

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