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Israel Izquierdistas y liberales israelíes, bajo una atmósfera de persecución por los servicios secretos

Las actividades que realizan grupos y ONG de izquierda, o simplemente liberales, locales o extranjeros, contra la ocupación israelí de los territorios palestinos, están en el punto de mira de los servicios secretos. Los interrogatorios se multiplican y cientos de ellos, incluidos judíos, son deportados del país nada más aterrizar.

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El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. / EFE

Los avisos se suceden. Uno de los últimos fue el de la jefa de la oposición en el parlamento israelí, Tzipi Livni, el pasado lunes. Livni pidió a la Kneset que discuta las detenciones e interrogatorios que sufren activistas liberales y de la izquierda, incluidos judíos, tanto dentro de Israel como en las fronteras del país, cada vez con más frecuencia.

Citando fuentes del servicio secreto, el Canal 11 de la televisión hebrea, el canal público, reveló el miércoles que, en lo que va de año, el Shin Bet ha denegado la entrada en el país de 250 personas por razones políticas, “la mayoría musulmanes o conversos al islam, y también cristianos”, dijo el Canal 11, aunque también hay un grupo de judíos críticos con las políticas israelíes con respecto a los palestinos.

Unas horas antes de que Tzipi Livni lanzara su petición, Peter Beinart fue detenido en el aeropuerto de Tel Aviv cuando llegaba de Estados Unidos. Beinart es un conocido periodista judío liberal que ha escrito para algunos de los medios más importantes de su país, como The Atlantic, The New York Times, The New York Review of Books, la CNN, etcétera.

Beinart, que viajó a Israel para participar en una ceremonia religiosa de una de sus sobrinas, ha sido un permanente crítico de Benjamín Netanyahu. El primer ministro israelí, cuando se enteró de que se había detenido a Beinart, y temiendo repercusiones negativas en la imagen del país, llamó a los “servicios de seguridad” para interesarse por lo ocurrido. En una nota, Netanyahu dijo que la detención del periodista se debió a un “error administrativo”.

La paradoja es que Beinart es uno de los máximos defensores de Israel, aunque está en contra de la ocupación: quiere que Israel salga de los territorios palestinos para permitir que se cree allí un estado palestino. Naturalmente, esto está en contra de la política de Netanyahu que justamente consiste en robustecer más y más la ocupación.

El caso de Beinart no es único. Esta semana, otro conocido periodista estadounidense de origen iraní, Reza Aslan, fue detenido e interrogado por los servicios secretos con preguntas sobre cuestiones políticas cuando entraba en Israel. Aslan lo ha denunciado y el Shin Bet ha respondido que el periodista tuvo un “comportamiento sospechoso” cuando entraba en el país, sin concretar otros detalles.

Otro caso, esta vez el de Meyer G. Koplow, sucedió en julio. Koplow es el presidente de Brandeis University, uno de los mayores centros culturales judíos de Estados Unidos. Se trata de una persona muy conocida por las donaciones que realiza continuamente a Israel. Pues bien, fue detenido en el aeropuerto de Tel Aviv porque se encontró en su maleta un folleto promocional palestino.

Estos son solo algunos casos de este tipo, casos que han activado las alarmas en el país, al menos entre las corrientes de izquierda, que cada vez son más marginales. El perfil del detenido suele ser el de un liberal estadounidense, o a veces un izquierdista, que tiene tratos con los palestinos y sobre quien el Shin Bet muestra interés seguramente para asustar al detenido.

En 2017 la Kneset aprobó una ley que prohíbe la entrada en el país a gente que haya apoyado el boicot de Israel

Una parte de la oposición denuncia que estos casos simplemente muestran cuál es la atmósfera que se respira en Israel, una atmósfera de persecución y de asedio hacia los izquierdistas, a los que se califica como “enemigos del estado”. Quienes conocen bien este calificativo son los activistas de las ONG israelíes como Rompiendo el Silencio o B’Tselem, dos grupos pequeños pero muy vocales que denuncian la ocupación.

En medio de la polémica en torno a Peter Beinart, la oficina de Netanyahu ha reaccionado diciendo que “Israel es una sociedad abierta que da la bienvenida a todos, a quienes critican y a quienes apoyan” al estado judío. Sin embargo, muchos progresistas piensan que eso no es exactamente como dice el primer ministro.

En 2017 la Kneset aprobó una ley que prohíbe la entrada en el país a gente que haya apoyado el boicot de Israel, y desde entonces se ha multiplicado la deportación de activistas propalestinos en el aeropuerto de Tel Aviv. A esos activistas Israel los considera “antisemitas” y les busca lugar en el primer avión que sale del país después de someterlos el Shin Bet a un interrogatorio generalmente intimidatorio.

La Asociación por los Derechos Civiles en Israel ha sido una de las organizaciones que ha protestado por los interrogatorios que sufren los activistas liberales y de izquierdas. El Shin Bet asegura que está examinando esos interrogatorios, pero por el momento no se les ha puesto fin ni parece que vayan a acabar pronto.

En enero pasado el ministerio de Asuntos Estratégicos elaboró una lista con una veintena de ONG de todo el mundo a quienes en principio no se les permitirá entrar en Israel puesto que son partidarias del boicot contra la ocupación. Hay grupos pacifistas como Jewish Voice for Peace, e incluso feministas. En la lista no hay ningún grupo español a pesar de que algunos son muy activos en ese campo.