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Israel ​Israel borra el rastro de las atrocidades de las milicias judías contra palestinos desde 1948

Una unidad militar dependiente del departamento secreto del ejército Malmab roba y hace desaparecer de los archivos documentos históricos que dan testimonio de las brutales acciones que las milicias judías cometieron contra los palestinos en la guerra de 1948, incluidos asesinatos, violaciones y expulsiones.

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Un pelotón de soldados israelíes. Foto: Atef Safadi / EFE

Una investigación de la periodista Hagar Shezaf que publica el diario Haaretz revela la existencia de una unidad secreta del ejército israelí que se dedica a recorrer los archivos y bibliotecas públicos y privados de Israel con el objetivo de hacer desaparecer documentos históricos que pueden resultar comprometedores para el estado judío.

Los documentos perseguidos son todos aquellos que prueban que Israel cometió atrocidades contra los palestinos y los palestinos israelíes a partir de la guerra de 1948, cuando se estableció el estado judío. Un periodo histórico muy discutido por los historiadores, tanto sionistas como antisionistas, tanto de Israel como del extranjero.

Uno de los documentos localizado y ocultado por la unidad tiene que ver con la expulsión forzada del 70 por ciento de la población palestina que vivía en Palestina en 1948, unas 720.000 personas, que se vieron obligadas a abandonar sus ciudades, pueblos y aldeas bajo la amenaza de las armas de las fuerzas judías.

Se da la circunstancia de que este documento es una copia de otro documento original que fue citado en un artículo publicado en 1986 por el historiador israelí Benny Morris. Curiosamente, poco después de su publicación, el original desapareció de los archivos y numerosos historiadores sionistas pusieron en duda que hubiera existido. La aparición de la copia confirma que existió.

La copia citada por Hagar Shezaf da cuenta de cómo se produjeron las expulsiones, el secuestro y la muerte de palestinos, y que obedecieron a las intervenciones armadas y las amenazas de las fuerzas judías. El texto desautoriza la versión oficial repetida hasta la saciedad por las autoridades israelíes y los historiadores sionistas, según la cual los palestinos huyeron porque se lo ordenaron los líderes árabes.

La unidad militar para la limpieza de documentos comenzó a funcionar hace más de una década

La unidad militar para la limpieza de documentos comprometedores consta de varios equipos y comenzó a funcionar hace más de una década. Desde entonces, ha sacado de los archivos y bibliotecas cientos de documentos en una operación que podría calificarse de “limpieza histórica”.

Pero esta no es la primera vez que los israelíes se ceban en documentos comprometedores. En los años ochenta, cuando sus tropas ocuparon Beirut, uno de sus primeros objetivos consistió en la destrucción de un edificio que albergaba un gran archivo con decenas de miles de documentos, incluidos títulos de propiedad, fotografías, planos, etcétera, que los refugiados palestinos habían dejado allí creyendo que los ponían a buen recaudo.

A pesar de que existen varias resoluciones de la ONU que han instado a Israel a permitir el retorno de los palestinos expulsados en 1948, las autoridades sionistas nunca lo han consentido. Millones de palestinos descendientes de los expulsados residen actualmente en campos de refugiados o en distintos países de todo el mundo.

Una mujer con la bandera palestina en una protesta contra Israel en la frontera con Gaza. REUTERS/Ibraheem Abu Mustafa

La unidad militar que realiza la limpieza histórica depende de Malmab, un departamento secreto del ejército cuyas operaciones y presupuestos están clasificados. Según el informe de Haaretz, la unidad dependiente de Malmab roba y oculta documentos que incluso con anterioridad fueron desclasificados por el censor militar, lo que da una idea del celo extremo que Malmab pone en esta operación. La amplitud de la misión se corrobora diciendo que también han desaparecido documentos que ya han sido publicados.

Según Haaretz, la investigación “halló que Malmab ha ocultado el testimonio de generales del ejército sobre la matanza de civiles y la demolición de pueblos, así como documentación sobre la expulsión de beduinos durante la primera década del estado” de Israel. La investigación también descubrió que durante conversaciones con “directores de archivos públicos y privados se reveló que el personal del departamento de seguridad (de Malmab) trató los archivos como si fueran de su propiedad, y en algunos casos amenazó a los directores de los archivos”.

Yehiel Horev, que dirigió Malmab durante 21 años hasta el año 2007, reconoció “que él puso en marcha el proyecto y que todavía funciona”. Según Haaretz, Horev “sostiene que tiene sentido ocultar los acontecimientos de 1948, puesto que si se conocieran generarían protestas entre la población árabe del país”.

“El objetivo es socavar la credibilidad de los estudios sobre la historia del problema de los refugiados”

Cuando se le preguntó por qué hacen desaparecer documentos que ya han sido publicados, Horev respondió que “el objetivo es socavar la credibilidad de los estudios sobre la historia del problema de los refugiados”. Horev explicó que “una alegación hecha por un investigador respaldada por un documento original no es lo mismo que una alegación que no se puede probar o que se puede refutar”.

Uno de los documentos citados por Hagar Shezaf se refiere al pueblo de Safsaf, cerca de la ciudad de Safed, en la Galilea, y dice: “Safsaf. Se apresaron a 52 hombres, se les ató los unos a los otros, se cavó un hoyo y se les disparó, 10 siguieron retorciéndose. Las mujeres vinieron, suplicaron clemencia. Hallaron los cuerpos de 6 viejos. Había 61 cuerpos. 3 casos de violación, uno de Safed, muchacha de 14 años, a cuatro hombres se les disparó y se les mató. A uno de ellos se le cortaron los dedos con un cuchillo para quitarle el anillo”.

El general israelí Avraham Tamir, antes de morir en 2010, concedió una entrevista en la que dijo: “Fue necesario que (los palestinos expulsados) no tuvieran ningún lugar al que volver, de manera que movilicé a los batallones de ingeniería del Comando Central, y en 48 horas destruí todos esos pueblos hasta los cimientos. Punto. Ya no tenían ningún lugar al que volver”.