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Jürgen Mossack, de los papeles de Panamá: otro hijo de nazi que triunfa en turbios negocios financieros

El padre de Jürgen Mossack, el socio senior del bufete especialista en offshoring fue un nazi de las Waffen SS adscrito a las temibles Totenkopf y en la Alemania de 1960 fichó por la CIA para “espiar comunistas cubanos en Centro América”, llevándose a la familia consigo

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Edhard Mossack. A la derecha con galones de Cabo al frente de su unidad. Archivo de guerra

BERLÍN.- La salida a la luz pública de los llamados “Papeles de Panamá” destapados por una filtración a periodistas alemanes del diario muniqués Süddeutsche Zeitung y escudriñados a fondo por el Consorcio de Internacional de Periodistas de Investigación, pone de manifiesto la existencia de una importante red de corrupción internacional que fabrica fontanería financiera con la que presumiblemente ocultar a las haciendas mundo la fiscalización de las grandes fortunas de narcos, dictadores, jefe de Estado, presidentes de gobiernos, empresarios, premios Nobel, deportistas, traficantes de armas, dueños de prostíbulos, traficantes de personas y criminales del pasado y del presente.

Del presente ya empezamos a conocerlo todo a grandes rasgos, y ya han rodado cabezas entre algún que otro miembro de la élite política que engaña a su pueblo, pendientes de la evolución de los más de 11 millones de documentos que un tal “Juan Nadie-John Doe” decidió sacar de los archivos secretos de un bufete panameño que, durante más de 40 años, ha estado dando cobertura financiera a los más ricos, para que pudieran seguir viviendo a costa de los más pobres.

Las razones del alumbramiento de los documentos de Panamá precisamente en Munich y la selección previa realizada de los materiales difundidos -donde hasta la fecha se detectan sorprendentes ausencias territoriales- terminarán conociéndose, seguramente, más pronto que tarde.

El primero de los socios del actual bufete del que han salido “Los papales de Panamá” en dedicarse al asesoramiento de empresas fue Jürgen Mossack en 1977, cuando contaba con 29 años de edad, recién llegado de Londres. Y no sería hasta 1985 cuando acuerda con su amigo Ramón Fonseca, cuatro años más joven, trabajar conjuntamente, aportando al común sus respectivas carteras de clientes al nuevo despacho “Mossack & Fonseca”.

Muchos de los clientes de este despacho son grandes fortunas acostumbrados a bregar con relevantes profesionales de bufetes suizos, británicos y holandeses para planear y garantizar su anonimato y capitales. Resulta extraño que alguien tan joven como Mossack con 29 años pudiera crecer tanto en tan poco tiempo y contar con una cartera de clientes de tanto postín. Sin lugar a dudas cabe pensar que tanto él como su socio más joven tuvieran en sus inicios buenos padrinos.

Hijo de nazi

Desde luego difícilmente el alemán Jürgen habría montado su negocio financiero en Panamá si su familia no hubiera vivido las experiencias de la postguerra de 1945 en la Alemania derrotada. Jürgen Mossack nació el 20 de marzo de 1948 en Fürth, una localidad situada a 10 kilómetros al norte de Núremberg, casi dos años después de finalizado el macro proceso judicial contra los jerarcas nazis.

Jürgen era hijo de Erhard Mossack, un activo miembros del PNSD, el partido nazi, al que se afilió en Múnich en 1933, según informaciones recogidas por periodistas alemanes. Al desencadenarse la II Guerra Mundial con la invasión alemana de Polonia Erhard entró a formar parte de las Waffen SS como miembro del partido nazi, siendo destinado a las unidades Totenkopf, identificadas por la calavera negra, cuya actividad abarcaba tanto el control de los complejos de los campos de concentración y exterminio. Diversas fuentes apuntan a que Mossack estuvo destinado como “rottenfueher” (cabo primero) en uno de los campos de exterminio de Polonia, sin poder especificar cual, para a continuación pasar a formar parte de las unidades de combate de la Tercera División Waffen SS Panzer Totenkopf.

Una de las compañías de esta División -la 14- protagonizó la matanza de Le Paradis. Los hechos ocurrieron el 27 de mayo de 1940, durante la Batalla de Francia, cuando el cuerpo expedicionario británico estaba tratando de retirarse a través de la región de Pas-de-Calais durante la batalla de Dunkerque.

Un grupo de soldados del 2º Batallón, del Regimiento Real de Norfolk, se había quedado aislado de su regimiento, ocupando y defendiendo una casa de campo contra un ataque de las Waffen SS en el pueblo de Le Paradís. Tras quedarse sin municiones, los soldados británicos se rindieron a las tropas alemanas. Pero los nazis los ametrallaron una vez hubieron salido todos, matando a los supervivientes a bayonetazos.

Finalizada la guerra Erhard se incorporó a las “Werwolf”, las unidades de “lobos solitarios”, que llevaban a cabo ataques y sabotajes contra los nuevos gobernantes de la Alemania de la postguerra y contra quienes los nazis denominaban “fuerzas de ocupación”. Fue la unidad creada in extremis por Himmler, tras el “Discurso Werewolf” que lanzó Hitler el 23 de marzo de 1945, donde se llamaba “a la lucha clandestina contra el invasor peleando hasta la muerte”, cuando los nazis lo tenían todo perdido y a poco más de dos meses del suicidio del Führer.

Erhard fue capturado por tropas norteamericanas en Múnich, su ciudad natal, donde se había refugiado, ya que su nombre figuraba en una lista de miembros activos de este grupo de “lobos solitarios”. Diversas informaciones Erhard Mossack decidió colaborar durante los interrogatorios a los que fue sometido por el ejército de Estados Unidos, lo que le permitió abandonar el campo de prisioneros de guerra poco tiempo después.En ese tiempo decidió escribir un libro contando desde su punto de vista la destrucción de Núremberg en los últimos días de la II Guerra Mundial. Este libro se tituló “Die letzten Tage von Nürnberg” (“Los últimos días de Núremberg”) y salió a la venta en 1951. Aún quedan ejemplares a la venta.

Mientras escribía su libro Edhard Mossack rehacía su vida dedicándose a cubrir eventos deportivos como freelancer para diversos medios, especializándose en la lucha libre, donde se habían puesto de moda los enmascarados.

En un reportaje de Lucha Libre publicado por Der Spiegel el 17 de octubre de 1951 titulado “Un hermoso collar para mi” cuenta la experiencia del propio periodista deportivo Edhard Mossack intentando desenmascarar a un luchador conocido como “IK IK”, organizándole una encerrona en un casino de Núremberg. En el encuentro Mossack, en un descuido del luchador que iba enmascarado, intentó arrebatarle el pasaporte para ver su fotografía. Pero antes de poder abrirla la página IK IK se lo quitó y le cogió por el cuello estrangulándolo, perdiendo el conocimiento.

La remuneración por las crónicas deportivas no daba para mantener a la familia y Mossack se puso en contacto con los servicios de inteligencia norteamericano a los que ya conocía y tratado años atrás, ofreciendo sus servicios en cualquier lugar a cambio, seguramente, de una remuneración.

Pero antes de poder abrirla la página IK IK se lo quitó y le cogió por el cuello estrangulándolo, perdiendo el conocimiento.

Y parece que las gestiones fueron positivas y los norteamericanos decidieron darle una oportunidad. En 1960, cuando su hijo Jürgen ya contaba con 12 años de edad, su padre tomaba rumbo a Panamá, junto a su familia. Su nuevo trabajo iba a consistir en tareas de espionaje para la CIA “desenmascarando comunistas cubanos en Centro América”.

Sudamérica en general y Argentina, Chile, Bolivia, Brasil y Panamá fueron los destinos finales de muchos criminales nazis que huyeron tras la II Guerra Mundial, gracias a la Red Odessa. En estos países se asentaron, montaron sus negocios con las riquezas del saqueo de Europa y rehicieron sus vidas.

Pero la experiencia de Erhard no fue muy fructífera. Apenas duró dos años en su “nuevo empleo” como cazacomunistas. Su actividad como espía no fue precisamente satisfactoria para los intereses norteamericanos y en 1962 terminó la aventura panameña, regresando de nuevo con su familia a Múnich.

Una vez de vuelta en la Alemania occidental Erhard se ofreció a los servicios secretos de su país que al parecer debió mantener algún tipo de vínculo o colaboración con el “Bundesnachrichtendienst” (Servicio Alemán de Inteligencia) BDA, que compaginó con su actividad como periodista deportivo. No hace falta tener mucha imaginación para deducir cuales podrían haber sido los destinos y las misiones encomendadas. Es por esta razón por la que se desconoce gran parte de sus datos de guerra y otros aspectos más precisos vinculados a su presunta actividad de espionaje, ya que como recordaba el Süddeutsche Zeitung su ficha oficial es secreta por su seguridad y su familia, como les informaron desde el gobierno alemán. Erhard Mossack murió a principios de los años 90 del pasado siglo.