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La Justicia Electoral brasileña trata de evitar que las 'fake news' contaminen unas nuevas elecciones

Se perseguirá a "milicias digitales, terroristas verbales", así como "su financiación", para que no se siga enfangando el proceso democrático en los comicios municipales que llegan dentro de seis semanas.

07/12/2018 - Colas en un centro electoral del barrio de Flamengo, en Río de Janeiro, durante la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2018. FERNANDO FRAZÃO/ AGÊNCIA BRASIL
Colas en un centro electoral del barrio de Flamengo, en Río de Janeiro, durante la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2018. FERNANDO FRAZÃO/ AGÊNCIA BRASIL

Ni el Partido de los Trabajadores enseñaba pedofilia en las escuelas primarias; ni Fernando Haddad –su candidato presidencial– incitaba al incesto en un libro sobre comunismo. No, las urnas electrónicas no beneficiaban al partido de Lula da Silva solo con pulsar una tecla. Tampoco el candidato presidencial Circo Gomes (Partido Democrático Laborista, PDT) había agredido a su exmujer. Todo era pura contaminación para orientar el voto de la población en las últimas elecciones presidenciales.

El 15 de noviembre llega la primera vuelta de los comicios municipales en Brasil y el Tribunal Superior Electoral (TSE) lleva dos años tratando de elaborar un plan para que las noticias falsas, las imparables fake news, no vuelvan a enfangar el proceso democrático. Sin embargo, consumido todo este tiempo desde octubre de 2018 hasta hoy, pocos avances efectivos se detectan en un país cuyo tráfico en la red está dominado por el denominado "Gabinete del odio", relacionado con la familia Bolsonaro y actualmente investigado tanto en el Tribunal Supremo como en una comisión parlamentaria en el Congreso Nacional.

El juez Luís Roberto Barroso, que encabeza la Justicia Electoral desde la presidencia del TSE, ha declarado esta semana en entrevista a GloboNews que, lejos de querer ser censores del debate público, "reprimirán los casos de fake news que puedan ser reprimidos judicialmente", pero advirtió que lo que están trabajando es la actuación preventiva, "para minimizar la aparición de fake news y para neutralizar esta aparición".

Más allá de judicializar determinados casos que afecten a un candidato en particular –eso será la excepción–, la Justicia Electoral brasileña se dedicará al "control de los comportamientos fraudulentos y coordinados". Se han reunido con las principales redes sociales para detectar "perfiles falsos, uso indebido de robots, envíos en masa ilegales realizados por milicias digitales, terroristas verbales, con jerarquía, con financiación privada". Barroso recalcó que van "detrás del dinero", y no por determinadas opiniones, "sino por la difusión de mentiras, odio, y ataques a la Justicia Electoral".

No se puede negar que durante los últimos días está contando con bastante espacio televisivo la campaña publicitaria del Tribunal Superior Electoral en la que aparece el biólogo y divulgador científico Átila Iamarino: "Si es fake news, no lo transmitas". Iamarino ha estado ayudando precisamente a combatir las noticias falsas durante todos estos meses de pandemia en Brasil.

Se perseguirá a "milicias digitales, terroristas verbales", así como su financiación

Pero lo cierto es que cuando el TSE tuvo que actuar con firmeza, no lo hizo. En octubre de 2018 lo sufrió en sus carnes el día de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, y con la propia familia Bolsonaro como protagonista. Un video ficticio propagado por Flavio Bolsonaro, hijo mayor del entonces candidato presidencial, denunciaba un imaginario fallo en las urnas electrónicas, como parte de un complot a favor del Partido de los Trabajadores. Solo con pulsar una tecla, el voto se encaminaba hacia Fernando Haddad. La mentira circuló de teléfono en teléfono durante más de tres horas. El TSE tuvo que salir a desmentirlo, en el calor de una jornada electoral tensa, y nadie pidió disculpas después ni dio ninguna explicación. El daño estaba hecho. Ni ante una irregularidad tan evidente fue capaz de actuar la Justicia Electoral.

La contienda en las grandes capitales brasileñas

A dos años vista de las próximas elecciones presidenciales, esta vez la política brasileña baja al barro de las grandes capitales del país, allí donde apuntarán todos los focos en las próximas semanas, sobre todo São Paulo, Río de Janeiro, Belo Horizonte, Porto Alegre o Salvador de Bahía, por ejemplo.

Bruno Covas (Partido de la Social Democracia Brasileña, PSDB), actual alcalde de São Paulo –llegó al cargo desde la vicealcaldía cuando su antecesor, João Doria, presentó su candidatura a gobernador del estado en 2018–, tendrá su primera experiencia como candidato en este océano de redes sociales y mensajería instantánea. Su partido se esfuerza en contrarrestar a través de Whatsapp la maquinaria que precisamente se nutre de Whatsapp para esparcir las noticias falsas. Covas se enfrenta, además, al candidato preferido de la Iglesia Universal del Reino de Dios, el motor neopentecostal más poderoso de Brasil. Su candidato es Celso Russomanno –del partido Republicanos, ligado a dicha congregación–.

El equipo de campaña de otro de los candidatos a la alcaldía de São Paulo, Guilherme Boulos (Partido Socialismo y Libertad, PSOL), detectó hace unas semanas un aumento de actividad en la red relacionando el nombre Boulos con la palabra "invasor". Ocurrió tras publicarse las encuestas que le colocaban en tercer lugar de las intenciones de voto, empatado con Márcio França (Partido Socialista Brasileño, PSB), ambos con opciones de evitar una segunda vuelta entre Covas y Russomanno. Boulos es el líder del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST). La locomotora para desacreditarle en las redes sociales ya se ha puesto en marcha.

Para no quedarse de brazos cruzados, Boulos y la oficina que le dará soporte durante el próximo mes y medio de campaña han decidido abrir una cuenta de Instagram que plante cara a esta rama del "Gabinete del odio". Lo han llamado el "Gabinete del amor", lo definen como "un espacio voluntario de resistencia", con el cual buscan propagar, con las mismas herramientas que los difamadores, las bondades de su candidatura, a la vez que desmienten las mentiras con las que se van encontrando por el camino.

Se detectó hace unas semanas un aumento de actividad en la red relacionando el nombre Boulos con la palabra "invasor"

Sucede que el término fake news comienza a perder el significado, de tanto usarlo. El alcalde de Río de Janeiro, Marcelo Crivella (Republicanos), obispo de la mencionada Iglesia Universal, lo emplea en sentido inverso y a la defensiva. Denunció que era fake news la trama destapada por Globo en televisión que involucraba a funcionarios del ayuntamiento que entorpecían las labores de los medios de comunicación a las puertas de los hospitales municipales cuando hacían conexiones en directo para informar durante esta pandemia de covid-19. Respondía divulgando información falsa cuando se le sorprendió ocultando información real.

Una de las víctimas más recurrentes de las noticias falsas en las últimas elecciones presidenciales, Manuela D´Ávila (Partido Comunista de Brasil, PCdoB), que fuera candidata a vicepresidenta en la candidatura de Haddad (PT), lidera las encuestas de intención de voto para la alcaldía de Porto Alegre. D´Ávila ha optado por la vía de la judicialización frente a las calumnias. Uno de sus rivales políticos, Roberto Jefferson –presidente del Partido Laborista Brasileño, PTB– acaba de ser condenado por el Tribunal de Justicia de Rio Grande do Sul por daños morales al difundir un fotomontaje en el cual la candidata portoalegrense aparecía vistiendo una camiseta con el adulterado eslogan "Jesús es travesti". En realidad, el lema que mostraba D´Ávila decía: "Rebélate".

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