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Lenguas en Bruselas: sí, pero no todas

La UE habla 23 idiomas, pero las lenguas cooficiales en España no tienen su sitio propio en las sesiones de los eurodiputados ¿Qué opinas? &

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Sin ellos, la Unión Europea se paralizaría. Son los traductores e intérpretes, una profesión que se cotiza al alza. Sólo en el Parlamento Europeo son 1.500 los profesionales que traducen los textos y debates a las 23 lenguas oficiales de la UE, el español entre ellos.

En la Comisión Europea, la institución que redacta las leyes, el multilingüismo tiene su propio comisario, que defiende la diversidad lingüística como una 'fuente de bienestar y un puente hacia el entendimiento mutuo', asegura Leonard Orban. Para él, el uso y la potenciación de las 23 lenguas oficiales alimenta la unidad de Europa, 'tras un pasado donde ciertas lenguas fueron dominantes, discriminadas o hasta excluidas'.

La libre circulación de ciudadanos entre países y programas de movilidad educativa y profesional persiguen elevar el porcentaje de europeos que aseguran poder hablar en otra lengua, actualmente un 56%, según el último Eurobarómetro.

Sin embargo, no todas las lenguas oficiales para los ciudadanos son lenguas oficiales para la UE. El gallego, el catalán o el vasco, con estatus de cooficialidad en varias comunidades autónomas, no pueden ser usadas en la UE más que para correspondencia entre el ciudadano y algunas instituciones, a excepción del Comité de las Regiones y el Consejo, donde además se ofrece la posibilidad durante los debates.

Acuerdos alcanzados en esta legislatura con instituciones como el Tribunal de Justicia o el Parlamento Europeo permiten que un ciudadano pueda usar el gallego, catalán o vasco en comunicaciones, aunque los costes de las traducciones corren a cargo del Gobierno español y no del presupuesto comunitario, que dedica un 1% de sus partidas (2,30 euros por ciudadano al año) a la traducción e interpretación de las 23 lenguas oficiales.

Sin embargo, los eurodiputados o funcionarios que reclaman un uso oficial de las identificadas por la Comisión Europea como 'lenguas regionales o minoritarias', se topan con argumentos como el de Hans-Gert Pöttering, el presidente de la Eurocámara, que pide empezar las reivindicaciones en casa.

'Mi consejo es que defendáis vuestra lengua en vuestro propio país', aseguró Pöttering, este año en Barcelona, en referencia a la ausencia en el Congreso o el Senado de lenguas sí oficiales en algunas comunidades autónomas.

Durante la visita, parlamentarios como María Badía (PSC), denunciaron la 'anomalía' que supone que una lengua con casi 10 millones de hablantes (más que los que hablan varias de las lenguas oficiales) no pueda ser usada en el pleno de la cámara.

El multilingüismo fue, además, motivo de un agrio debate en la Eurocámara, que finalmente tumbó las aspiraciones del conservador Luis Herrero de criticar, en un informe parlamentario, el modelo de inmersión lingüístico en Catalunya, varias veces elogiado por las instituciones europeas.

Herrero consideraba 'esencial' la posibilidad de que los padres eligiesen 'la lengua oficial en la que han de educarse sus hijos', abriendo la posibilidad a la omisión en el período educativo de las demás.