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Los líderes británicos evitan contar toda la verdad

Brown, Cameron y Clegg ocultan el alcance del recorte de gasto en el tercer y último debate.

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Cameron, Clegg y Brown, durante el debate en Birmingham. AFP

El cliente siempre tiene la razón y no es bueno enfurecerle. Los tres principales líderes británicos se aplicaron a cumplir esta lección en el tercer y último debate televisado de la campaña británica.

Ninguno de ellos concretó de verdad cómo se llevará a la práctica el temido recorte del gasto público, excepto con cifras que ni de lejos servirían para afrontar el problema.

Las tres encuestas hechas públicas poco después del debate dieron como ganador a David Cameron. YouGov facilitó las cifras más claras. El tory fue el mejor para el 41%. El 32% apostó por Nick Clegg y el 25% por Gordon Brown.

Otros sondeos le dieron a Cameron ventajas sobre Clegg de cinco y dos puntos, respectivamente.

Brown y Cameron se interpelaron directamente y se lanzaron fuertes acusaciones

Cameron sólo tardó dos frases en decir “necesitamos el cambio para que la economía mejore”. Clegg pidió una “economía más justa” para congraciarse con los votantes. Brown insistió en que sólo él puede evitar que la economía “vuelva a la recesión”.

El laborista hizo una referencia rápida a su desgraciado incidente del día anterior con una pensionista: “Como se vio ayer, a veces no me salen bien las cosas, pero sé cómo dirigir la economía en los tiempos buenos y en los malos”.

Esta vez hubo pocos momentos para la ironía o para que alguno de ellos dijera estar de acuerdo en algo con el rival. Antes al contrario, sobre todo Brown y Cameron se interpelaron directamente y se lanzaron fuertes acusaciones.

El laborista le dijo que era “inmoral” reducir el impuesto que se paga por las herencias porque beneficiará a los millonarios. El conservador le recordó que había mentido cuando prometió al Ejército los fondos necesarios para las guerras de Irak y Afganistán.

Clegg propone que los tres líderes se reúnan después de las elecciones para pactar la respuesta económica a la crisis

A la cuestión del déficit presupuestario, casi tan alto como el de Grecia, todos garantizaron respuestas indoloras. “Tiene que haber recortes. Pero nuestro compromiso es proteger los servicios esenciales”, explicó Cameron. Y los pasó a detallar: policía, educación y sanidad.

Brown vino a dar una respuesta similar, pero consumió más tiempo en denunciar que la intención conservadora de comenzar el recorte este año pondrá en peligro la recuperación de la economía.

Cómo se puede recortar un déficit desbocado sin tocar las partidas más caras del presupuesto es casi un misterio, pero ninguno de ellos se atrevió a ir más lejos para no asustar al electorado.

El liberal demócrata no dio números pero remitió a su programa electoral, donde sí hay recortes profundos presupuestados. Y planteó que todos los responsables de economía de los tres partidos se reunieran tras las elecciones “para trabajar juntos y buscar salidas”.

Es la típica idea que gusta a los votantes y que funciona bien en los sondeos. La televisión ofreció sendos planos de Brown y Cameron con mirada perpleja. No respondieron a la oferta de Clegg.

Brown y Cameron atacaron a Clegg en equipo, que acusó a ambos de haberse desentendido de la situación 

Clegg se movió con habilidad entre los dos –ocupaba el centro de la pantalla– y hasta utilizó la frase (“aquí van de nuevo”) que tan bien le funcionó a Reagan en una debate de las elecciones norteamericanas.

Cuando se habló de inmigración, le tocó a él recibir el ataque combinado de sus rivales. Su propuesta de dar papeles a los inmigrantes sin ellos fue rechazada. “Nick se equivoca con la idea de una amnistía para los inmigrantes ilegales”, dijo Brown, porque supone enviar un mensaje equivocado”, en referencia al efecto llamada, utilizado a veces en el debate político español.

Cameron dijo que la inmigración ha sido “demasiado alta durante demasiado tiempo” al alcanzar en los últimos años una cifra similar a la de la población de Birmingham (un millón de personas). Planteó que debe haber un límite para los países que están fuera de la UE.

Clegg le recordó que la mayor parte de esos inmigrantes procede de países de Europa del Este, en especial Polonia, a los que no se puede cerrar las fronteras. Cameron prefirió no contestar.

Hubo algo en lo que los tres coincidieron: en mostrarse indignados con la conducta de algunos banqueros o de todos ellos. Las propuestas más duras fueron de Clegg (prohibir los bonus en efectivo de más de 2.500 libras). Otro ejemplo de algo que los votantes querían escuchar.