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China El 'mercado del matrimonio' en China: la mujer al servicio del sistema patriarcal

Cada fin de semana, decenas de padres se dan cita en diferentes espacios públicos en busca de la "media naranja" para sus hijos, movidos por el rechazo a que éstos elijan la soltería como forma de vida.

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Parque del Pueblo (Shanghái) donde se celebra uno de los mercados de matrimonios más populares de China | EFE

En un país donde la tecnología está al servicio de lo social, las nuevas generaciones se abren paso ante un sistema de bienestar casi inédito. Pero en China las tradiciones pesan. Más aún el matrimonio. Las mujeres solteras son vistas como un producto, una moneda de cambio que tiende a devaluarse una vez cumplidos los 27 años.

Algunos padres se resisten a que sus hijas elijan la soltería como forma de vida, razón por la cual acuden desesperados al llamado Parque del Pueblo de Shanghái en busca de su "media naranja". Un asfixiante clima social que explota los miedos de una generación de mujeres a las que han hecho partícipes de un sistema de "mercado de matrimonios", en el que padres y abuelos actúan como pregoneros de los perfiles de sus hijos y nietos en edad y/o necesidades de casarse con la esperanza de encontrar una “buena” esposa para sus vástagos.

Allí, un anuncio con los datos básicos —fecha de nacimiento, altura, peso...— y la información más destacable —profesión, lugar de nacimiento...— es suficiente para estudiar la oferta. Una situación que incluso se han traspasado a la pequeña pantalla. Fei Cheng Wu Rao es en China el equivalente a nuestro Mujeres y Hombres y Viceversa, aunque con un matiz importante. Aquí, los protagonistas acuden a la televisión en busca de una pareja. Allí, los jóvenes acuden en busca de una mujer.

Porque en el gigante asiático, la etiqueta 'estado civil: casada’ es el mayor pasaporte hacía el éxito o, por lo menos, hacía la dirección contraria al rechazo. Ser mujer, ser joven y estar soltera tiene un nombre, las denominan sheng nu (mujeres dejadas de lado). Quizá, la descripción más gráfica —y paradójica— de un país donde la mayoría de solteros son hombres, y no mujeres.

La estela de unas tradiciones caducas

María -nombre ficticio para preservar su identidad- nació en Zhejiang, una provincia cercana a Shanghái. Se crió en el seno de una familia de tradiciones arraigadas en la que, sin embargo, el matrimonio nunca fue un motivo de presión. Ella nunca la ha sufrido, pero si la conoce. Ha escuchado hablar de la importancia del matrimonio en la televisión, en la radio, incluso en la calle.

“No se puede generalizar —asevera—, porque no todas las mujeres en China viven bajo la misma presión. Quizá aquellas que viven en la zona norte puedan estar más presionadas que las del sur, del mismo modo que las que provienen de zonas rurales pueden tener una mayor coacción que las nacidas en las grandes ciudades”.

Su novio, sin embargo, es del norte. Él mismo le ha relatado cómo en la mesa, las mujeres no tenían lugar. Por lo menos, no si había hombres. “Comían apartadas, en una pequeña silla”, cuenta.

Teresa, al igual que María, también nació en China. La diferencia entre ellas es que Teresa lo ha vivido más de cerca. Reconoce que su país de origen sigue manteniendo la estela de unas tradiciones caducas en las que la sociedad y la familia ejercen una presión inconcebible en un contexto como el actual.

"Cada vez son más las chicas que no quieren casarse porque saben que tienen capacidad para valerse por sí mismas"

“Creen que las chicas jóvenes debemos casarnos una vez hemos finalizado nuestros estudios universitarios o hemos iniciado nuestro viaje al mercado laboral”, asegura. Una situación contra la que —matiza— cada vez más mujeres están alzando la voz: “cada vez son más las chicas que no quieren casarse porque, a diferencia de lo que se plantea, saben que tienen capacidad para valerse por sí mismas sin la unión con ningún hombre”.

Aunque allí, dice Teresa, no lo ponen fácil. Incluso las mujeres casadas se enfrentan a la difícil situación de atender solas a sus familias y desempeñar su trabajo. Un ejemplo, expone, es el de la cantante y actriz Elle Chen Jiahua. Chen dio a luz a su primer hijo el 12 de abril de 2017, fruto de su matrimonio con empresario malayo Alvin Lai.

Apenas habían pasado unas semanas cuando se reincorporó a su puesto de trabajo, aún en proceso de recuperación de los esfuerzos del parto. Fue ella misma la que declaró ante la prensa local que una mujer, y en su caso también madre, debía trabajar mientras se ocupaba de la crianza de sus pequeños.

La paridad de sexos se atraganta a nivel global

Pero la igualdad de género es todavía una asignatura pendiente en China. Una brecha que se evidencia no solo en el matrimonio, sino también en el mercado laboral, en los poderes políticos y en las oportunidades económicas. Según el último informe del Foro Económico Mundial, la paridad de sexos se atraganta a nivel global. Aseguran que si se mantiene el ritmo actual, serían necesarios otros 200 años para alcanzar una igualdad real.

Si se mantiene el ritmo actual, serían necesarios otros 200 años para alcanzar una igualdad real

Una situación que en China se atraganta aún más. “La mejora de la igualdad de género no es una prioridad, a pesar de la famosa cita de 'las mujeres sostienen la mitad del cielo' de Mao”, aseguró Chenni Cu, experta en desigualdad de género en China y responsable de la red de mujeres de Pekín Brunswick, en conversación con la Agencia EFE.

“Tener que apaciguar a una extensa población rural profundamente patriarcal fue siempre un acto de equilibrio en el que habitualmente ganaba lo patriarcal”, afirmaba Cara Wallis, profesora del departamento de Comunicación de la Universidad de Texas. 

Ambas analistas coincidían en un mismo aspecto: la esfera laboral y social es aún abiertamente discriminatoria en muchos de los procesos de selección de personal, en los que es habitual que las mujeres sean preguntadas por su situación sentimental o por su deseo de formar una familia.