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México El Saltillo, el alto en el camino para los migrantes en busca de Estados Unidos

La Casa del Migrante Saltillo, un albergue para personas migrantes en el norte de México, se prepara para reabrir sus puertas tras el cierre durante la emergencia por covid-19.

En sus 20 años de existencia, por la casa del Saltilllo han pasado más de 100.000 migrantes en tránsito hacia Estados Unidos, mayoritariamente centroamericanos . José Luis Manzo (Archivo CDMS)
En sus 20 años de existencia, por la casa del Saltilllo han pasado más de 100.000 migrantes en tránsito hacia Estados Unidos, mayoritariamente centroamericanos. José Luis Manzo (Archivo CDMS)

Era la primera vez que José Guzmán (nombre ficticio) emprendía el camino hacia Estados Unidos. Con una mochila cargada de sueños, este joven salvadoreño de 22 años decidió hacer el viaje en compañía de un amigo. Pero ese sueño se desvanecía a medida que avanzaban hacia una de las fronteras más peligrosas del mundo. Cuando solo quedaban 400 kilómetros para llegar a Texas -de los más de 3.000 que ya habían hecho-, su amigo lo dejó en el albergue Casa del Migrante de El Saltillo, ciudad al norte de México. Su familia había pagado a un coyote, la persona que trata de pasar la frontera a los migrantes a cambio de entre cinco y diez mil dólares. No podía llevarle.

"¿Por qué salí? Por tratar de buscar una vida mejor". El joven viajó en autobuses, en coches y a pie. Pasó hambre y frío. Lo asaltaron, le robaron y hasta fue golpeado por policías.

El salvadoreño hizo su viaje durante la emergencia sanitaria. Llegó en septiembre y fue atendido cuando el albergue apenas resguardaba a 20 de las 120 personas que tiene de capacidad. De hecho, tras siete meses cerrados y bajo mínimos, "la reapertura del albergue se hace cada día más necesaria, las temperaturas comienzan a ser bajas", afirma José Luis Manzo, coordinador del área de atención humanitaria del albergue. Así, el centro se prepara para volver a reabrir sus puertas en las próximas semanas, aunque solo al cincuenta por ciento de su capacidad y con estrictas medidas de seguridad e higiene. La pandemia les obligó a echar el cierre en marzo, lo que afectó de lleno a sus formas de trabajo. Tuvieron que dejar de ofrecer el servicio de albergue, pero siguieron atendiendo a la población migrante como pudieron, porque "la gente seguía llegando".

"Desde el 1 de marzo hemos atendido en puerta a más de 3.000 personas, menos de las que solíamos. Antes de la pandemia, solo en febrero, fueron cerca de 1.800. Tuvimos que reestructurar todo, desde cómo se sirve la comida a la atención en puerta y hasta la forma de movernos. Sin embargo, el equipo de atención humanitaria si continuó recibiendo personas que presentaban una mayor vulnerabilidad", destaca el coordinador.

Cuando se decretó la cuarentena en México y cerraron el albergue, ochenta personas permanecieron allí. "De estas, sesenta se fueron; algunas regresaron a Honduras porque no vieron mayor oportunidad de cruzar. Las veinte que quedaron siguen con la ansiedad y la incertidumbre de si podrán continuar el viaje. No saben si sus familiares en Estados Unidos les van a apoyar, pues perdieron sus trabajos". La pandemia trastocó los planes de miles de personas migrantes.

Un refugio seguro

La Casa del Migrante Saltillo es un centro de acogida por donde pasan las personas migrantes para comer, dormir o recibir asistencia jurídica y psicológica. Es uno de los cien espacios de atención que existen en todo el país, asumido por la sociedad civil. Fue fundada en 2001 a raíz del asesinato de dos chicos, viéndose la necesidad de tener un lugar en el que las personas migrantes estuvieran seguras. En estos casi veinte años, han pasado más de cien mil personas, mayoritariamente centroamericanas en tránsito hacia Estados Unidos, solicitantes de refugio o sujetas a protección internacional.
"Atendemos a personas extranjeras con estancia irregular y, esporádicamente, a mexicanas que migran internamente o que han sido deportadas de EEUU". Nadie conoce mejor que ellos la dimensión del drama de la migración.

Durante la travesía, los migrantes se enfrentan a robos, agresiones físicas, sexuales y psicológicas, trata de personas, extorsión y secuestro

Un drama donde miles y miles de personas son detenidas sin documentos, donde las cifras de niños, niñas y adolescentes no acompañadas ha ido en aumento. Durante la travesía, los migrantes se enfrentan a robos, agresiones físicas, sexuales y psicológicas, trata de personas, extorsión y secuestro. Historias que cuesta imaginar. Y cuando llegan a El Saltillo, las dudas sobre si continuar su viaje o volver se hacen más evidentes.

"Hay quienes llegan con el entusiasmo de estar a punto de alcanzar su destino. Pero hay otras que están cansadas mentalmente, sin ganas de continuar, y ven el albergue como un lugar para pensar si es el momento de regresar o seguir", relata Marisol Esparza, coordinadora del área psicosocial del refugio. Como es el caso de Lineth Morales (nombre ficticio) que, junto a su marido y su hijo, emprendieron hace unos días el camino de vuelta a su Guatemala natal, después de llegar a El Saltillo el diciembre pasado y haber permanecido durante toda la emergencia sanitaria en el albergue.

O como el caso de Guzmán que, tras reflexionar sobre si pedir refugio o no en México, el pasado lunes decidió emprender el camino de vuelta a El Salvador.

¿Las razones del viaje? Como apuntaba el joven salvadoreño, una vida mejor que garantice la seguridad propia y económica. ¿Nacionalidades? Especialmente personas de Honduras y El Salvador que huyen de las maras o por defender los derechos humanos. Pero también personas que por razones de identidad sexual y de género se ven obligadas a abandonar sus países por miedo a ser asesinadas. Manzo destaca que la mayoría de las personas del colectivo LGBTI+ que migran son mujeres trans hondureñas.

Jlo Córdova: "Por muy complicada que siga la situación, yo no volveré a pasar por aquello"

Huyendo del odio, la violencia y el machismo, muchas mujeres trans emprenden así el camino hacia el Norte. Jlou Córdova fue una de ellas. No pudo más. Había visto morir a muchas compañeras. Dice que, en Honduras, una mujer trans no pasa de los 34 años. Su viaje como migrante hacia a Estados Unidos fue una experiencia que asegura no repetirá. "Fui golpeada, quisieron abusar de mí entre 13 personas, me dieron una buena paliza. Nunca me habían golpeado de esa manera". Córdova iba con una amiga, a la que había conocido por el camino y que cayó del tren durante una noche. Al verla caer, la hondureña saltó también del tren para ayudarla, sin pensar que podría haber perdido sus piernas en el intento. La llevó cargada hasta Piedras Blancas, una localidad en México, donde pidió ayuda. La curaron y la deportaron de nuevo a su país. "Por muy complicada que siga la situación, yo no volveré a pasar por aquello".

Elecciones en Estados Unidos, ¿un punto de inflexión?

Quedan menos de dos semanas para las elecciones en Estados Unidos. Podría ser el final de cuatro años del mandato del presidente republicano Donald Trump, caracterizado por implementar políticas migratorias inhumanas. Aunque, para Manzo, que ganen o no los demócratas el próximo 3 de noviembre no garantiza nada. "El ejecutivo de Obama hizo una deportación masiva de más de dos millones de personas. La diferencia con Trump es que lo hizo de manera discreta. Lo ideal sería que la política migratoria cambie, no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo". Y afirma que también depende de la incidencia que el país norteamericano tiene sobre el Sur, como, por ejemplo, la retención del flujo migratorio para no subir aranceles. "Es una dinámica de presión de EE. UU. donde Latinoamérica cede. A México le tocaría tener una gestión de flujos migratorios y no la persecución que ejerce".

Además, el coordinador alude a la gran cantidad de niños, niñas y adolescentes que viajan solos y a las políticas de actuación de ambos países. "México empezó a deportar a adolescentes sin hacer una detección de si eran personas refugiadas, ni establecieron el interés del menor. Sabemos de casos de niños y niñas deportadas a El Salvador que perdieron la vida en sus países de origen. Huían de las maras". De hecho, en la frontera entre EEUU y México, las autoridades migratorias hablan de cerca de 2.000 menores no acompañados (registrados) en 2019. La mayoría de ellos, procedentes de Honduras y El Salvador.

"Antes, en lenguaje coloquial decíamos que México era el patio de atrás, pero de aquí a 10 años se habla de la frontera extendida de Estados Unidos. Realmente, sí estamos pagando un muro, pero no físico sino con elementos policiales". Manzo añade que, ante esta política de persecución son pocas las que llegan a cruzar la frontera. "Hay quienes hacen el intento hasta ocho veces. Después, empiezan a ver México como un destino y buscan regularización aquí. Aun con todo, este país tiene mejores condiciones que Honduras, El Salvador y Guatemala".

José Luis Manzo: "Sabemos de casos de niños y niñas deportadas a El Salvador que perdieron la vida en sus países de origen"

Y continuarán intentándolo. No habrá un antes ni un después de la pandemia para la migración. Tampoco se espera una nueva normalidad. Las condiciones del empobrecimiento de los países de Centroamérica, el cambio climático, la instalación de megaproyectos y la violencia continuarán impulsando que miles de personas sigan transitando por territorio mexicano en busca de una mejor calidad de vida, con Estados Unidos en el horizonte. La migración seguirá siendo criminalizada y víctima de una política migratoria sin perspectiva de derechos humanos, concebida desde una lógica de seguridad nacional y no de seguridad humana. La migración continuará así abriéndose camino sin mecanismos institucionales que garanticen su protección frente a las agresiones sistemáticas de los agentes del Estado y del crimen organizado. La vulnerabilidad de migrar en situación irregular no desaparecerá, y la situación de derechos humanos de los migrantes en tránsito por territorio mexicano continuará siendo un drama de dimensiones gigantescas.

*Las personas migrantes con nombre ficticio han pedido expresamente no desvelar sus nombres por motivos de seguridad.

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