Público
Público
Únete a nosotros

Nelson Mandela Cumple 25 años la votación que hizo presidente a Mandela y enterró el apartheid

El apartheid comenzó en 1948 como un conjunto de políticas opresivas destinadas a mantener el statu quo de la minoría blanca que controlaba el país, herencia de la colonización holandesa y británica.

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Fotografía de archivo de una vigilia en honor a Mandela. EFE/ Kim Ludbrook

En abril de 1994, los sudafricanos fueron a las urnas para sepultar el apartheid y convertirse, bajo el mando de Nelson Mandela, en la "nación arco iris" por su diversidad. Fueron días de optimismo en los que la mayoría negra, por fin, logró el poder político.

Largas colas en los colegios y un ambiente de hermandad casi festivo caracterizaron aquel estreno de la democracia multirracial en Sudáfrica, pese a los años de difícil transición precedentes, en los que se registraron miles de muertos por la violencia política.

"Esto es, para todos los sudafricanos, una ocasión inolvidable. Es la realización de las esperanzas y sueños que hemos abrigado durante décadas. Los sueños de una Sudáfrica que representa a todos los sudafricanos, el comienzo de una nueva era", afirmó Mandela el 27 de abril de aquel año, tras votar por primera vez en su vida.

Vestido con una camisa beige abrochada hasta el cuello y con su icónica sonrisa, el héroe de la lucha contra el apartheid, que había salido de prisión en 1990 tras 27 años entre rejas, depositó su papeleta de voto en Oshlange, cerca de la ciudad de Durban (este), en medio de una enorme expectación dentro y fuera del país.

Los comicios comenzaron el día 26 y se prorrogaron hasta el 29 de abril, con los ojos del mundo puestos en una Sudáfrica que se había convertido en una suerte de paria internacional por la pervivencia de la segregación racial hasta las mismísimas puertas de los años 90, cuando el gobierno de Frederik Willem de Klerk (1989-1994) anunció el comienzo del desmantelamiento del sistema racista.
Uno de sus primeros gestos había sido abrir las puertas de la cárcel a Mandela, el hombre que después le derrotaría en las primeras elecciones libres del país, por casi cuarenta puntos de diferencia.

Ambos habían sido polos opuestos durante los cuatro años de duras negociaciones de la transición (esfuerzo que les valió conjuntamente el Nobel de la Paz en 1993), pero De Klerk acabaría como uno de los dos vicepresidentes de Mandela en el primer gobierno democrático, que apostó por la unidad y reconciliación de todos los sudafricanos.

Votar para entederrar la crueldad del apartheid 

"En mi familia, mi abuelo fue agricultor y él y los suyos fueron expulsados de su granja por un blanco racista afrikáner"

"Fue algo muy bueno, era la primera vez que teníamos la oportunidad de formar parte de un proceso que nunca estuvo abierto a nuestra gente", rememora para Efe Alvin Botes, uno de los jóvenes que colaboraba para llevar a la gente a las urnas aquellos comicios de 1994 y, actualmente, parlamentario por el mismo partido al que votó entonces: el Congreso Nacional Africano (CNA) de Mandela.

"En mi familia, mi abuelo fue agricultor y él y los suyos fueron expulsados de su granja por un blanco racista afrikáner. Así que mi voto era un voto de redención para mi familia, de devolverles la dignidad", continuó Botes.

El apartheid comenzó en 1948 como un conjunto de políticas opresivas destinadas a mantener el statu quo de la minoría blanca que controlaba el país, herencia de la colonización holandesa y británica.

El color de la piel limitaba no sólo las opciones de ascenso social, sino también dónde podía vivir un sudafricano, qué podía estudiar o con quién se podía casar.
Todo esa discriminación terminó aquel abril de 1994 con el ejercicio democrático de ir a las urnas.

"Había orgullo y había alivio porque era la culminación de una larga lucha. Para mí, era un momento histórico porque como estudiante y activista había luchado por la democracia pero nunca imaginé que eso ocurriría durante mi vida", reveló, por su parte, Dali Mpofu, quien en aquella época ejercía de voluntario del CNA.
Hoy, Mpofu forma parte de la cúpula del segundo partido que más votos le resta al CNA, los Luchadores por la Libertad Económica (EFF, de extrema izquierda y fundado en 2013), pero en aquel entonces también dio su voto para que Mandela se alzara con el triunfo.

Alivio e incertidumbre entre la minoría blanca

Votar democráticamente no era un triunfo solo para la población negra, mestiza o para muchas comunidades de descendientes de inmigrantes que también tenían limitados sus derechos básicos, como los indios.

También entre la población blanca, aunque hubiera incertidumbre en muchos sectores e incluso oposición frontal en otros, había alegría por el salto a la democracia.

A Natasha Mazzone, blanca, descendiente de italianos y británicos y parlamentaria de la Alianza Democrática (AD, principal partido de la oposición en Sudáfrica a día de hoy), le faltaban unos tres años para tener edad de votar en 1994, pero recuerda claramente el sentimiento de "camaradería", las largas filas y la gente haciendo barbacoas en las calles a la espera de votar.

"Fue un gran momento para ser sudafricana y todo el mundo estaba muy emocionado por el cambio que iba a ocurrir (...) Pero sí que había gente un poco nerviosa preguntándose si el país iba a estar bien o diciendo que aquello era un momento decisivo para ver si todo acababa o no en guerra civil", señaló Mazzone.

Mazzone también recuerda las lágrimas de alivio de su padre cuando Mandela finalmente juró el cargo, aunque él mismo no le había votado.

"¡Por fin somos libres!"

"Es el pueblo quien ha ganado estas elecciones", respondía cauteloso Mandela a los periodistas que insistentemente le preguntaban si se veía vencedor, la jornada que cerraron las urnas.

Solo unos días después, el recuento confirmaba una victoria tan histórica como aplastante. Obtuvo nada menos que el 62,65 % de los sufragios.

"¡Por fin somos libres!", clamó Mandela el 2 de mayo de 1994 durante su famoso discurso de la victoria en el hotel Carlton de Johannesburgo, dando voz a los sueños de millones de sudafricanos que, a partir de entonces, cambiaban el terror del apartheid por la esperanza de la democracia "arco iris".