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Nick Clegg pone la democracia británica en la mesa de operaciones

El viceprimer ministro propone un ambicioso programa de reformas para controlar al Estado omnipotente

IÑIGO SÁENZ DE UGARTE

Los políticos matan por poner un pie en la historia. Nick Clegg no ha tardado ni una semana desde que llegó al poder en hacer el primer intento. El viceprimer ministro presentó el programa de reformas políticas con el que Reino Unido pretende dejar atrás una década marcada por el aumento del poder del Estado y su constante intromisión en las libertades individuales.

'Este será un Gobierno que estará orgulloso cuando los ciudadanos se alcen contra los avances ilegítimos del Estado', anunció el miércoles pasado. ¿Un Gobierno llamando a la insurrección? Clegg dice que existe un precedente.

Es el fin de la idea de imponer un DNI a un país que nunca lo ha tenido

De creer al líder de los liberaldemócratas, hay que remontarse casi dos siglos para ver un salto tan grande. 'Será el mayor cambio en la historia de nuestra democracia desde 1832, cuando la Ley de la Gran Reforma amplió los límites de la democracia y extendió por primera vez el derecho al voto más allá de las clases terratenientes'.

Mal asunto cuando los políticos se aficionan a reescribir la historia. Es cierto que la ley de 1832 amplió el voto, pero sólo hasta el 16% de la población (masculina). La revuelta de los Días de Mayo provocó disturbios por todo el país porque los conservadores de Wellington se negaban a que la aristocracia perdiera el poder. Al final, cedieron pero no mucho.

Los británicos se aislaron de las revoluciones del continente. La alternativa violenta del derrocamiento de la monarquía no existió. Ya habían tenido bastante con ver la cabeza de Carlos I rodar en el cadalso en 1649 por cortesía de los puritanos de Oliver Cromwell.

El precio de ese pragmatismo fue una evolución de una lentitud exasperante. Se tardaron 35 años en aprobar otra reforma política de calado. Y las mujeres no pudieron votar hasta 1918, siempre que tuvieran al menos 30 años.

Clegg quiere ir más rápido. De entrada, ha arrancado a los tories la convocatoria de un referéndum sobre el voto alternativo para sustituir el actual sistema electoral, aunque el partido de David Cameron se reserva el derecho a hacer campaña por el no. Ese sistema no alteraría de forma sustancial el reparto de escaños.

Casi cinco millones de personas tienen su ADN fichado por la policía

Los conservadores perderían algo más de 20 escaños, que esperan recuperar con la actualización de las dimensiones de las circunscripciones para que todas tengan un número similar de votantes. Además, se iniciará el proceso para que la Cámara de los Lores sea elegida por sufragio universal total o parcialmente, y que sus miembros no sean designados por el Gobierno más o menos en función de los resultados electorales.

Más ambiciosos son los proyectos destinados a controlar a un Estado omnipotente. Se abandonarán los planes para imponer un carné de identidad a los británicos, así como los pasaportes biométricos.

El ControlPoint tiene los días contados. Con este aséptico nombre, se conoce al registro en el que aparecen los datos de todos los menores de edad de Inglaterra (unos 11 millones). Supuestamente creado con la intención de proteger a los niños, incluye múltiples datos sobre su intimidad y la de sus padres, por ejemplo si sufren enfermedades mentales o si han tenido problemas por consumir droga. Otro registro creado por estos años de penosos efectos para la privacidad es el de ADN. El Gobierno sostiene que revisará su crecimiento. 4.899.678 personas tenían fichado su ADN en 2009. El porcentaje, en torno al 8%, es el mayor del planeta.

Clegg dice que se pondrá coto a la proliferación de cámaras de seguridad, omnipresentes en todas las ciudades británicas hasta extremos inconcebibles en otros países.

Lo que Clegg ha llamado la 'cultura del espionaje' tiene fecha de caducidad con este ambicioso programa. Pero antes tendrá que sobrevivir a la delicada convivencia de las dos almas del Gobierno. La ministra de Interior, la conservadora Theresa May, ya ha dicho que los agentes de policía deberían poder presentar cargos contra una persona sin necesidad de consultar antes con la fiscalía.

El partido de la ley y el orden sabe que muchos ciudadanos sólo quieren seguridad y no se sienten tan concernidos por el derecho a la privacidad. Los británicos, azuzados por la prensa sensacionalista, han terminado enamorados de los avances tecnológicos en vigilancia.

'En mi ayuntamiento, los vecinos pidieron el año pasado más cámaras para vigilar a los jóvenes que tiran la basura en la calle', recordaba hace unos días el columnista de The Times David Aaronovitch.

Orgulloso de su programa, Clegg dice que hay que dar 'más poder a la gente'. ¿Cuántos de ellos están dispuestos a aceptar que la seguridad total es imposible?

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