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"No hay una alternativa a la Unión Europea"

La copresidenta del Partido Verde Europeo defiende el ecologismo como una oportunidad real para relanzar la economía de los países en crisis.

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Se ha despertado en Rimini, ha visitado la Cumbre Social que se ha celebrado este fin de semana en Florencia y, a primera hora de la noche, ha cogido un vuelo desde Roma hasta Atenas para participar en el Consejo del Partido Verde Europeo que la ha refrendado como su copresidenta. Monica Frassoni (Veracruz, México, 1963) no para, y demuestra que no le gusta parar. Vive en Bruselas desde hace 25 años y lleva el europeísmo en las venas. En 1990 comenzó a colaborar con los verdes del Europarlamento, nueve años después fue nombrada diputada por Bélgica y cinco más tarde resultó elegida para el mismo cargo pero esta vez por la región del norte de su país, Italia. Durante la entrevista con Público, que se desarrolla el jueves en el avión que le lleva de la capital italiana a la ciudad griega, Frassoni se esfuerza por explicar su apuesta por la Unión Europea, aunque reconoce que el proyecto común necesita ser reformado de inmediato.

¿Es posible recuperar la cohesión del proyecto europeo?

Tenemos una crisis social y de modelo económico que ya existía antes de 2008. Cuando se tiene un mal Gobierno no se piensa en acabar con el Gobierno nacional, sino que se piensa que hay que cambiarlo. Y nosotros es eso exactamente lo que tenemos que hacer con Europa. Los que la han gobernado, que han sido más que nada los estados miembros y sus mayorías políticas, han sido principalmente las derechas. Por tanto, más que ante una crisis de la Unión Europea creemos que estamos ante una crisis de políticas que no funcionan y que han machacado al proyecto europeo en la conciencia ciudadana. La gente lo único que ve que viene de Europa es una dirección política ideológicamente marcada, totalmente equivocada y que sitúa a los sistemas políticos nacionales en la obligación de hacer lo que Europa dice, al insistir en que no hay alternativa.

¿De quién es la culpa?

Las políticas están marcadas por las mayorías de los estados miembros que son de derechas y, al mismo tiempo, los mensajes políticos positivos que se pudieran dar desde la Unión Europea -como todo el dinero que se ha dado para paliar la crisis- es como si no existieran. Aquí hay parte de interés de los países, que consideran que cuando ocurre algo negativo la culpa es de Europa, y cuando es positivo es un logro propio.

Lo cierto es que existen dos polos en la UE. Está el norte, que se resiste a ayudar a salir de la crisis al sur, que a su vez acusa al norte de no dejarle levantar cabeza.

El norte de Europa no está en crisis como estamos nosotros. Las cosas les van bien, pero les ha costado llegar hasta allí. Finlandia en los años noventa sufrió una crisis horrorosa, y nadie le echó una mano. Y en Alemania, la Agenda 2010 del [excanciller aleman, Gherard] Schröder, junto al poder que ostentaron los partidos verdes, permitió que desde 1998 se haya ido abandonando el modelo de la energía nuclear y haya tenido un inmenso empuje la economía ecológica. En todo caso, lo que no se puede hacer ante una situación de crisis es escudarse en la propaganda nacional.

¿Es Europa, por tanto, la solución?

Un elemento importatísimo es cambiar de enfoque y dejar claro que no hay una alternativa a la Unión Europea, porque el hecho de que cada uno vaya por su lado no funciona. Una vez que hemos decidido ir juntos tenemos que poner en marcha las buenas políticas. Y estas no son las del corto, corto, corto y corto, y nada más. El caso de Grecia lo demuestra de una forma muy clara. Se debe buscar una combinación entre el ajuste presupuestario y los métodos de solidaridad europeos que puedan ayudar a tener un poquito de esperanza. Lo que hoy se piensa es que hay un exceso de déficit público y que por eso es necesario recortar. Pero no sólo tenemos una crisis de presupuesto público, sino también de opciones de gasto y del sistema bancario. No obstante, tanto los mercados como todos los ciudadanos tenemos algo en común: Queremos más estabilidad, y eso sólo se va a conseguir con más Europa. Lo que tenemos que discutir es qué tipo de integración queremos y en este sistema más integrado qué se decide y quién decide.

¿Cuál es la propuesta de los verdes?

Lo que no es posible es un sistema como el que actual en el que deciden muy pocos. Tiene que haber un cambio en la manera de funcionar de la UE que permita un reequilibio de los poderes. Apostamos por la disminución de los poderes de los estados y por la eliminación del poder de veto, reequilibrando el papel del Consejo Europeo y el del Parlamento. No es posible que todo lo decidan 27 señores y entre ellos sólo cuatro tomen las decisiones importantes.

El planteamiento político de la corriente a la que representa se ha tachado en ocasiones de utópico. ¿Es realmente posible poner en marcha un sistema basado en la ecología?

Se ha puesto en marcha en Bélgica o Alemania y ha funcionado. Allí se ha apostado por las energías renovables, en las que la intensidad del trabajo es mucho mayor que en el caso de la energía nuclear. O impulsando la agricultura orgánica, que distribuye tanto el trabajo como la alimentación. Incluso gestionando el cambio climático o instalando redes de internet sin cables. Cuando me cambié de casa en Bruselas vino un señor que no era especialmente joven y que, por tanto, habría tenido otro trabajo anterior, que ahora se encargaba de valorar cómo ahorrar energía en las viviendas. Por poner otro ejemplo, Italia está sufriendo desastres naturales y la planificación y prevención de los mismos supone la creación de puestos de trabajo que, además, no pueden ser deslocalizados a Asia.