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"No tiene sentido volver a casa, no queda nada en pie"

El agua potable y la atención médica escasean entre el millón de desplazados paquistaníes

MAR CENTENERA

"Los combates en mi aldea [entre soldados paquistaníes e insurgentes] ya han acabado. Pero allí no queda nada en pie. No hay nada por lo que volver", se lamenta Marhaba, viuda y madre de cuatro niños, en el campo de desplazados de Jalozai, en el noroeste de Pakistán.

Como ella, muchas mujeres entrevistadas por las ONG que distribuyen comida, agua potable, tiendas, medicinas y otros bienes básicos entre los más de 106.000 desplazados de este campo no quieren regresar a unos hogares que no reconocerían. Naciones Unidas calcula que más de tres millones de paquistaníes han sido desplazados por la ofensiva del ejército paquistaní contra los talibanes en el último año y 1,3 millones aún no ha vuelto a sus lugares de origen.

"Sin mi marido será muy difícil vivir allí. Puede que mis hijos no estén seguros y tengo mucho miedo de lo que podría ocurrir si resurge la violencia", continúa Marhaba. No es un miedo infundado. Aunque el Gobierno paquistaní asegura que ha recuperado el control sobre el valle de Swat, en los últimos meses ha habido varios ataques suicidas y hay niñas y maestras que son increpadas de camino a las escuelas reabiertas.

"La ONU ha pedido 537 millones de dólares para ayudar a los desplazados"

Pero aunque la inseguridad es uno de los motivos alegados con más frecuencia para permanecer en los campos, no es el único. "Los que vuelven tienen que rehacer sus vidas por completo. Ven que sus casas han quedado destrozadas, igual que sus cosechas. El ganado que tenían ha desaparecido y sus escasas pertenencias han sido robadas", explica por teléfono desde Pakistán Rebecca Barber, asesora de Oxfam Internacional.

Sin dinero y con escasa o nula ayuda gubernamental, muchos no saben por dónde empezar y se quedan atrás. Pero la red de apoyo que encontraron en un primer momento va menguando y escasea el agua potable y la asistencia médica.

"El Gobierno ha cerrado algunos campos y sólo pueden quedarse los que viven de alquiler o con familiares", subraya Barber. En algunas casas llegan a hacinarse más de 60 personas, pero la hospitalaria cultura paquistaní impide negar un techo a los familiares y conocidos que lo necesiten, durante el tiempo que sea necesario.

La dispersión complica la distribución de ayuda humanitaria. Además, el Pakistan Humanitarian Forum (PHF), un paraguas que aglutina a una treintena de ONG, alerta de que la falta de fondos pone en riesgo la continuidad de clínicas móviles, plantas potabilizadoras, programas de nutrición y de higiene.

"La ONU ha pedido 537 millones de dólares para ayudar a los desplazados y a los retornados que empiezan a rehacer sus vidas, pero los donantes han comprometido sólo 170 millones", dice un informe del PHF en el que se hace un llamamiento internacional urgente.

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