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División en la 'Nuit debout' por el uso de la violencia ante la dureza policial

Se cumple un mes del nacimiento del movimiento desde la gran manifestación que sacó a más de un millón de personas a las calles en toda Francia contra la reforma laboral del Gobierno socialista. Las protestas se han visto salpicadas de episodios violentos.

Agentes antidisturbios y participantes del movimiento 'Nuit debout' en la Plaza de la República. - AFP

ANDREA OLEA / LUNA GÁMEZ

PARÍS.- Quienes cada tarde acuden a la plaza coinciden: Nuit debout les ha descubierto nuevas formas de participación ciudadana, interacción, debate y construcción política. En estas semanas, se han creado numerosas comisiones de trabajo con el objetivo de caminar hacia una convergencia de luchas, una ensalada en la que el respeto por la diversidad ha sido el principal aderezo. Pero de forma paralela, la violencia ha tenido una presencia constante e innegable en las movilizaciones, dentro y fuera de République.

Mientras el 15-M destacó por su carácter pacífico, la movilización en torno a Nuit debout se ha visto salpicada de episodios violentos, que han creado enconados debates entre sus participantes sobre la legitimidad del uso de la violencia.  “Desde el principio, ha habido mucha división dentro del movimiento”, opina Loubna, integrante de la Comisión Acción. “La realidad es que entre los participantes de Nuit debout, hay quienes consideran la violencia legítima. Así que el consenso es: no la alentamos, pero tampoco la condenamos. Y eso es un problema”.

'Nuit debout' se ha visto salpicada de episodios violentos, que han creado enconados debates sobre
la legitimidad del uso
de la violencia

En el curso de la movilización contra la reforma laboral, se han generalizando las llamadas “manif sauvages” (literalmente, manifestaciones salvajes), protestas espontáneas y sin autorización previa, traducidas por ejemplo en ‘excursiones’ a comisaría para exigir la liberación de manifestantes detenidos o en una ‘visita’ a la residencia del primer ministro, Manuel Valls. La mayoría de estas acciones han terminados en incidentes con la Policía, aunque muchas de las personas que participan en los altercados no tienen ninguna relación con el movimiento.

El pasado viernes, un coche de la Policía secreta ardió en plena plaza. Los gases lacrimógenos envolvieron République en una espesa humareda asfixiante, se blindaron los accesos y acabó desatándose una batalla campal en la que los manifestantes lanzaron botellas y otros objetos. La intervención de los antidisturbios fue contundente.

Estas acciones, que no gustan a muchos de los participantes de Nuit debout, son justificados por quienes las ven como respuesta lógica a la represión ejercida por parte del Estado. Para profundizar en el debate, el domingo pasado, el movimiento dedicó su asamblea temática semanal a reflexionar sobre la cuestión de “¿Dónde está la violencia?”.

De arriba hacia abajo: violencia institucional

“La violencia institucional es la que ejerce, por ejemplo, el sistema económico a través, de la precariedad, el paro o la miseria, pero también la violencia racial del Estado, contra la que no luchamos porque está institucionalizada y esto la vuelve de cierta forma invisible”, afirma Julien Talpin, sociólogo especializado en movimientos sociales que ahora sigue de cerca lo que ocurre en République.

Desde el inicio de las movilizaciones en marzo, en París ha habido cerca de medio centenar de detenciones. Muchos de los detenidos eran estudiantes, punta de lanza de las protestas contra la ley El Khomri (como se conoce la reforma laboral, por el nombre de la ministra de Trabajo). “El Estado ha mostrado su verdadera cara: porras, gases lacrimógenos, arrestos domiciliarios y clausura de universidades. Utilizan el estado de Emergencia para golpearnos aún más fuerte. En las últimas semanas, los CRS (cuerpos especiales de seguridad) han entrado en las facultades e institutos, alumnos de 15 años han sufrido las palizas”, se indigna Sarah, estudiante de doctorado de París 8 y una de las cabecillas del movimiento universitario.

La actuación de las fuerzas de seguridad ha crecido en dureza y muchas jornadas de protesta han acabado con detenciones violentas y manifestantes heridos

Según el diario Le Monde, la inspección general de la policía nacional (IGPN) ha sido interpelada en 12 ocasiones desde marzo, cuatro por acusaciones de violencia policial contra chavales del Instituto Bergson de París. Sólo en la ciudad de Rennes, ha habido doce denuncias contra las fuerzas del orden tras las manifestaciones del 31 de marzo y 9 de abril.

“No tenemos que aceptar que las aceras de nuestras calles pertenezcan a la Policía cuando nos manifestamos. Parece que cuando la Policía ocupa un espacio público su presencia tiene más legitimidad que la nuestra”, alegaba Jean François, uno de los intervinientes en la charla del pasado domingo.

La actuación de las fuerzas de seguridad ha crecido en dureza y muchas jornadas de protesta han acabado con detenciones violentas y manifestantes heridos. La imagen de un agente antidisturbios pegando una patada en la tripa a una chica desarmada se hizo viral en la redes sociales como ilustración de la “brutalidad policial”.

En las últimas semanas, los detenidos en las movilizaciones han sido mayoritariamente jóvenes blancos de clase media, pero las voces contra la violencia policial llevan años alzándose desde las clases más desfavorecidas. “En la zona de la periferia estamos expuestos a ser controlados de forma abusiva por nuestro físico y esta discriminación es una violencia moral”, cuenta Amal Bentounsi, que fundó la asociación “Emergencia: nuestra policía asesina” después de que un agente matara a su hermano de un disparo en la espalda en 2012.

“No se trata solo de luchar contra la Ley del trabajo, tenemos que luchar contra el Estado de emergencia, la banalización del Estado policial y las prácticas de criminalización”

Para algunos, la violencia policial en el Estado francés ya es un problema estructural, especialmente en el contexto securitario actual: el estado de excepción lleva implantado en Francia desde los atentados islamistas de noviembre y el gobierno socialista ha decidido prolongarlo al menos hasta finales de junio.

“No se trata solo de luchar contra la Ley del trabajo, tenemos que luchar contra el Estado de emergencia, la banalización del Estado policial y las prácticas de criminalización”, advertía el domingo la antropóloga Nacira Guénif. “Los primeros manifestantes que fueron catalogados como “vándalos” (casseurs en francés) fueron los habitantes de barrios populares en las movilizaciones de 2005 ─gravísimos disturbios iniciados en la desfavorecida banlieue parisina y que se propagaron por todo el país─. Hoy cualquiera que esté en una manifestación puede ser designado así y esto no es más que la extensión de los tentáculos de la represión hacia toda la población que se moviliza”, aseveró.

Aunque algunos de los integrantes de la Nuit debout defienden que la única forma de hacer frente a la violencia ejercida por el Estado es una respuesta al mismo nivel, hay voces discrepantes que cuestionan la utilidad y la necesidad de emplear métodos violentos.

¿Es estratégica la violencia?

“Yo viví los disturbios de 2005 en la banlieue, y te puedo decir que de ahí no sacamos nada: sólo se marginalizó aún más a la población”, afirma Loubna, que creció en Clichy Sous Bois, el barrio periférico en el que se desencadenaron los altercados hace una década. “La diferencia es que allí la gente no tenía otra forma de expresar su frustración, pero en Nuit debout sí tenemos los medios. Creo que es inútil desde el punto de vista estratégico, pero también moral: ¿qué le vamos a enseñar a nuestros hijos, la violencia por la violencia?”.

Desde la Comisión de Acción, donde también ha habido y sigue habiendo desacuerdo, Loubna y otros participantes tratan de fomentar la vía pacífica a través de varias iniciativas, desde pancartas llamando a la calma en la plaza, a formaciones para que la Comisión de Serenidad y Seguridad pueda actuar como mediadora y evite la intervención de la policía, o talleres para concienciar sobre las agresiones sexuales que, denuncia, aumentan en la plaza.

Asociaciones implicadas en Nuit Debout como la ONG ecologista Amigos de la Tierra tratan de aportar su experiencia en desobediencia civil pacífica y aseguran que cada vez más gente acude a sus talleres. “Llegan con escepticismo y salen convencidos de que existen otros métodos”, afirma Gabriel, responsable de las acciones sociales de Jóvenes Amigos de la Tierra.

"Lo que debemos preguntarnos es si la violencia es útil para que crezca y se desarrolle
el movimiento”

Julien Talpin cree que otras iniciativas llevadas a cabo desde el movimiento Nuit debout, que no son obligatoriamente violentas ni implican enfrentamientos con la policía, como el bloqueos de estaciones, la ocupación de ciertos lugares o la ‘intervención artística’ con pintura de colores en entidades bancarias, pueden ser “simbólicamente importantes”.

“No puedo afirmar que la violencia del Estado justifique que los manifestantes también hagan uso de alguna forma de violencia, pero creo que en parte sí la explica. Independientemente de eso, para mi es una cuestión de estrategia política, lo que debemos preguntarnos es si la violencia es útil para que crezca y se desarrolle el movimiento”, apunta Talpin y añade “yo me decanto por la hipótesis de que, en este caso concreto (en Nuit debout), la violencia expulsa a la gente en lugar de hacer crecer el movimiento”.

La antropóloga Nacira Guénif considera que “más allá de nuestra presencia física en las manifestaciones y en la Nuit debout, la resistencia sólo es posible si todas las dimensiones de la lucha social son consideradas, no hay posibilidad hoy de separarse de algunos segmentos de la población ni de escoger unas luchas frente a otras, todas están íntimamente liadas. Si no denunciamos el racismo del Estado, ni las violencias estructurales entre las que evolucionamos sin darnos cuenta, nunca podremos llegar a parar la ley del trabajo ni todo ese sistema que hace posible que ella exista”.