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París Camelia, la manifestante española que simboliza la represión contra los chalecos amarillos

Entrevistamos a Camelia, una joven hispano-marroquí detenida el pasado 1 de mayo en París en condiciones arbitrarias y encerrada en un CIE francés mientras estaba embarazada. Ahora amenazan con extraditarla a España.

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Camelia con una pancarta en la que pone “Fin du monde, fin du mois, même combat” (Final del mundo, final de mes, mismo combate”). En una de las manifestaciones de los chalecos amarillos / Max

Seis meses de tensas manifestaciones, pero también seis meses de abusos policiales que no han dejado de agravarse. Los chalecos amarillos se manifiestan cada sábado en Francia desde hace medio año. Tras la irrupción de este movimiento espontáneo el pasado 17 de noviembre, el número de manifestantes ha decaído, aunque su gran éxito ha sido poner la justicia social en el centro del debate político francés. Otra evidencia después de seis meses de protestas: la represión y la violencia policial que ha desembocado en casos de vulneración de derechos civiles. Algunos de ellos rozan lo kafkiano.

Es el caso de Camelia, una mujer hispano-marroquí a la que las autoridades francesas amenazan con extraditar a España tras haber sido detenida el pasado 1 de mayo en París. Manifestante habitual de los chalecos amarillos, esta joven, de 34 años, que entonces estaba embarazada, se dirigía esa mañana a una concentración ecologista. Esta se celebraba en la misma zona en el sur de la capital francesa donde unas horas después empezaría una tensa manifestación, en la que confluirían sindicatos con manifestantes indignados. Pero en uno de los múltiples controles preventivos de las fuerzas de seguridad la detuvieron por llevar un escudo pintado de morado que utilizaba asimismo como pancarta. En él había escrito: "Soy una utopista pacífica, esto solo sirve para protegerme, no os atacaré".

"También encontraron en mi mochila una máscara para protegerme de los gases lacrimógenos y a partir de esto me acusaron de formar parte de un tumulto con el objetivo de cometer actos violentos y degradaciones", explica Camelia, que prefiere no dar su apellido, en declaraciones a Público. Junto con otros manifestantes, la retuvieron en una comisaría. "Como no había hecho nada, pensaba que regresaría a mi casa esa misma noche", recuerda. Tras haber estado detenida durante más de 30 horas, "me dijeron que estaba libre de todos los cargos por los que me habían acusado, pero que era objeto de una demanda de extradición a España". Por este motivo, la encarcelaron en un centro de retención administrativa, el equivalente de un CIE en Francia.

"Era como una intrusa"

Esta joven hispano-marroquí se encontró, de esta forma, encerrada durante tres días en un CIE francés. Pese a no tener antecedentes judiciales y ser detenida en condiciones sospechosas, por no decir arbitrarias, no la liberaron hasta el domingo 5 de mayo por la tarde cuando el juez de libertades ordenó su liberación inmediata, al considerar irregular su detención. "Los funcionarios del centro de retención no entendían que hacía ahí. Era como una intrusa", asegura Camelia, que habla un francés inmaculado y vive en Francia desde 2002. Además, en ese momento se encontraba embarazada, aunque abortaría unos días después.

Camelia en una manifestación en la Plaza de la República de París. / Julien Gidoin

Pese a su liberación, aún pesa sobre ella una demanda de extradición a España. La justicia francesa decidirá en los próximos tres meses si autoriza o deniega la orden policial de reenviarla al territorio español. También la amenazan con prohibirle de pisar el suelo francés durante 24 meses. Unas sanciones policiales que se fundamentan en que "según las autoridades, represento una amenaza para el orden público y una carga social para el Estado", explica Camelia, quien recuerda que vive en Francia desde hace casi diecisiete años, ha hecho sus estudios en este país y tiene un contrato fijo desde 2017 en una asociación de protección de animales. "Todas estas acusaciones no tienen ningún sentido", añade.

Ante esta presunta situación abusiva, el Defensor de Derechos (el equivalente en Francia del Defensor del Pueblo) ya se ha hecho cargo de su caso. Lo que debería favorecer que la justicia administrativa tome una decisión sobre su situación durante el próximo mes. Según la legislación francesa, un ciudadano de la Unión Europea puede ser expulsado de este país en el caso en que "su comportamiento personal constituya una amenaza real para el orden público o la seguridad pública". Las directivas europeas también contemplan la deportación de un habitante comunitario si este representa una carga social excesiva para la administración.

Una demanda "contraria al derecho de la UE"

No obstante, teniendo en cuenta que tenía un contrato fijo y que la detuvieron básicamente por llevar un escudo que utilizaba como pancarta, ninguna de estas dos acusaciones parece tener mucho sentido. Esta demanda de extradición "es totalmente ilegal y contraria al derecho de la UE", aseguró Serge Slama, profesor de derecho público en la universidad Grenoble-Alpes, en declaraciones al diario Libération. Lo más surrealista de su caso es que la amenazan con deportarla a España, aunque prácticamente no haya vivido en este país. Camelia es de nacionalidad española por los orígenes de su madre, pero nació en Marruecos y residió en este país hasta los 17 años cuando emigró a Francia.

De hecho, su caso refleja, según ella, "la represión policial y judicial de un gobierno que tiene miedo". Tras seis meses de movilizaciones, el balance de la violencia policial habla por sí solo. 2.200 manifestantes y 1.400 agentes de las fuerzas de seguridad han resultado heridos, según datos del Ministerio del Interior de mediados de mayo.

Según Camelia, su caso refleja "la represión policial y judicial de un gobierno que tiene miedo"

Según un exhaustivo recopilatorio realizado por el periodista David Dufresne, publicado en el diario digital Mediapart, se han producido casi 800 casos de abusos policiales evidentes, 284 manifestantes han sufrido heridas en la cabeza, 24 han perdido un ojo, 5 se han quedado sin una mano… También hubo una muerte a causa de la violencia de las fuerzas de seguridad: la de la anciana Zineb Redouane, que falleció el 2 de diciembre en Marsella, después de que explotara una granada policial en el balcón de su casa.

El caso de Camelia es solo uno de los ejemplos más kafkianos de la represión contra los chalecos amarillos. Un movimiento singular por su emergencia espontánea y su resiliencia durante seis meses, pero también por la dureza de la respuesta del gobierno francés.