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Pekín cierra más de 100.000 sótanos antes de los Juegos

En la mayoría de los edificios desalojados viven inmigrantes y trabajadores con pocos recursos

ANDREA RODÉS

“Para cumplir con los requisitos de seguridad de los Juegos Olímpicos, este sótano permanecerá cerrado desde el 31 de mayo hasta el 31 de octubre”. Este es el cartel que aún cuelga en decenas de sótanos de edificios de Pekín, donde residen miles de inmigrantes y trabajadores con pocos recursos, desde que las autoridades ordenaron su desalojo, en el mes de mayo.

Alegando que la precariedad de las condiciones de vida en estos sótanos y su proximidad a los estadios de competiciones deportivas ponen en peligro la seguridad, miles de personas se han visto forzadas a abandonar Pekín o buscar una vivienda nueva en los suburbios.  

Este desalojo silencioso, que ha afectado a más de 100.000 personas, según informa el diario de Hong Kong Phoenix Daily, empezó en abril, cuando empezó a cortarse el suministro de agua y electricidad.

La mayoría de los que alquilan habitaciones en los sótanos de edificios de la capital son trabajadores inmigrantes, desde mujeres de limpieza a camareros y trabajadores de la construcción.

La limpieza de sótanos se ha cebado sobre todo en el moderno distrito de Chaoyang, donde tendrán lugar diversas competiciones deportivas, y donde se levantan los mejores barrios residenciales y de oficinas de Pekín.

Forzados a realojarse 

Muchos de estos vecinos subterráneos se han visto forzados a regresar a sus pueblos natales o a desplazarse a los extrarradios de la capital, obligados realizar largos trayectos para venir cada día a trabajar.

El pasado 15 de junio, los cinco miembros de la familia Yang, inmigrantes de la provincia interior de Chongqing, cargaban todas sus pertenencias en un triciclo prestado para mudarse a una chabola en el quinto cinturón de Pekín, lejos del sótano del tercer cinturón de Chaoyang en el que vivían.

No regresaban a Chongqing, pero temían no poder continuar con el negocio familiar: un carrito ambulante de pinchitos. En los últimos dos meses, una gran cantidad de vendedores ambulantes ha desaparecido de las calles de Pekín, víctimas de la campaña de maquillaje de la ciudad de cara a los Juegos.

Las autoridades también han ordenado detener las obras en la mayoría de edificios en construcción, dejando a un millón de trabajadores inmigrantes sin trabajo. Para convencerles de que regresen a sus pueblos natales, los capataces exigen a los obreros que sacrifiquen sus intereses personales por una causa nacional, los Juegos.

¿Amenaza terrorista?

En Pekín también se han cerrado establecimientos pequeños e insalubres, como tiendas y restaurantes, y en especial, los negocios propiedad de ciudadanos uigur, la minoría étnica musulmana que habita en la región autónoma de Xinjiang.

El Gobierno chino sospecha de la presencia de terrorismo islámico en Xinjiang, aunque varias organizaciones expertas internacionales consideran que la amenaza no es real y sólo sirve para justificar la represión sobre los uigur.

Los dueños de los sótanos, que funcionan como hoteles ilegales, también han visto perjudicado su negocio. “Las autoridades siempre encuentran razones para demostrar que tu negocio no cumple con la normativa y cerrarlo”, dice Zhu, propietario de un sótano próximo al cuarto cinturón, en el distrito de Chaoyang.

“Pero está claro que ahora el objetivo es echar de Pekín a todos los no residentes”, añade Zhu, que llegó a a Pekín de la provincia de Hubei. Su primera intención al llegar aquí era abrir un restaurante, pero no consiguió la licencia y se dio cuenta de que muchos locales pequeños estaban siendo cerrados.

Al final, un guanxi, un contacto personal, le enseñó el sótano,–un antiguo refugio antiaéreo–, y lo alquiló. A diez metros bajo tierra, sus veinte habitaciones son húmedas y oscuras, amuebladas sólo con una cama y una pequeña mesa.

La mayoría de sus huéspedes eran inmigrantes empleados en un restaurante cercano. “Era un alojamiento barato y no necesitaban firmar ningún tipo de contrato anual. Me pagaban por meses o por días”, explica Zhu.

Con el negocio parado, Zhu ha tenido que buscar trabajo en una empresa de telecomunicaciones y ahora vive sólo en una de las 20 habitaciones.
A veces se siente solo y dice que tiene miedo.

Hace dos meses que oye crujir las paredes del sótano, como si fueran a derrumbarse. Están abolladas por el moho y cubiertas de papel de periódico mojado, pero Zhu no va a limpiarlas hasta que todo vuelva a la normalidad. “Los JJOO sólo están trayendo problemas para nosotros, los laobaixing –los cien apellidos viejos–, como se llama en China a la gente corriente” , dice.

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