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La presencia turca en Siria no traerá seguridad a ninguno de los dos países

Mediante una intensa actividad militar y diplomática, Erdogan trata de asentar una presencia militar en el norte de Siria. Sin embargo, la seguridad y la estabilidad no vendrán de la mano de una expansión en la “zona de seguridad” que el presidente turco trata de establecer en contra de la opinión de sus amigos y enemigos.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan.- REUTERS/Murad Sezer

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

La presencia militar de Turquía en el norte de Siria no traerá seguridad ni estabilidad a ninguno de los dos países. Al contrario, representa un foco de inestabilidad permanente, se constituya o no una “zona de seguridad” de 30 o 35 kilómetros de profundidad en la frontera común.

En los últimos días, Ankara ha sacado a colación un acuerdo que firmó con Damasco en 1998, llamado el acuerdo de Adana, que lo firmó el anterior presidente Hafez al Asad. El llamado acuerdo de Adana, en su anejo número 4, estipula que el ejército turco podrá entrar en Siria en una profundidad de 5 kilómetros para salvaguardar su seguridad.

Hay que notar que el acuerdo, por el que Damasco renunció a la provincia árabe de Iskanderún, que en 1939 se anexionó Turquia, fue redactado mientras el ejército turco amasaba una enorme cantidad de tropas en su lado de la frontera y por lo tanto existía un grave peligro de invasión, lo que llevó a Hafez al Asad a firmarlo.

Una presencia militar turca en el norte de Siria tan solo le va traer más problemas a Ankara

En aquella época Damasco daba cobijo a los milicianos del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), grupo que llevaba a cabo la lucha armada dentro de Turquía. Incluso el líder del PKK, Abdullah Oçalan, que entonces residía en Siria, fue expulsado de este país y tras un recorrido corto acabó en Kenia, donde fue capturado por los servicios de inteligencia turcos en 1999.

Con las referencias al acuerdo de Adana que el presidente Recep Tayyip Erdogan y otros altos cargos turcos han hecho estos últimos días, se pretende justificar su presencia militar en el norte de Siria y también justificar la creación de una “zona de seguridad” propuesta inicialmente por el presidente Donald Trump.

De hecho, con las alusiones de Erdogan y sus funcionarios a ese acuerdo no ha quedado claro si Ankara lo está proponiendo como una alternativa a la idea de Trump. Por si acaso, Erdogan también ha señalado que está “cerrado a todas las propuestas alternativas a ese marco”, es decir a las que no contemplen la creación de una “zona de seguridad” en el norte de Siria. Es más, Erdogan ha dicho que Turquía puede aceptar una presencia militar de Rusia, Estados Unidos “o cualquier otro país” que lo solicite en esa zona de seguridad.

Sin embargo, Ankara rechaza trabajar con una fuerza específica de cascos azules, una idea que se ha sugerido últimamente, puesto que la ONU es incapaz de establecer una zona segura en la zona, “como se ve en otras partes” del mundo donde hay cascos azules, en palabras del presidente turco.

El acuerdo de Adana fue confirmado en 2010, es decir un año antes del estallido del conflicto sirio, cuando las relaciones entre Turquía y Siria eran idílicas, aunque en la nueva versión se excluía la posibilidad de que las tropas turcas entraran en territorio sirio, como recogía la versión inicial de 1998.

Los rusos no son partidarios de la creación de una zona de seguridad en el norte de Siria.

Erdogan ha dicho que la retirada de las tropas estadounidenses del norte de Siria anunciada en diciembre por Trump todavía se podrá demorar “varios meses”, pero ha advertido que no hay alternativa a la creación de la zona de seguridad. “Nuestra paciencia tiene límites y no vamos a esperar eternamente”, ha recalcado.

Tras su visita de esta semana a Moscú para discutir estos asuntos con el presidente Vladimir Putin, ha quedado claro que los rusos no son partidarios de la creación de una zona de seguridad en el norte de Siria. Aunque tanto Rusia como Turquía como Irán se declaran en contra de una “partición” de Siria más o menos similar a la partición de facto que existe en Irak, todos son conscientes de que ese es un peligro que está ahí y que solo puede traer más quebraderos de cabeza a todos, empezando por Turquía.

Lo que está claro es que la zona de seguridad que Erdogan busca con tanto ahínco no le va a dar seguridad a Turquía. Una presencia militar turca en el norte de Siria tan solo le va traer más problemas a Ankara, de modo que no se entiende muy bien la tozudez de Erdogan en ese sentido.

En el momento actual hay una gran actividad diplomática en distintos frentes. Y también hay una intensa actividad militar. Estados Unidos y sus aliados bombardean las posiciones de los yihadistas del Estado Islámico sin descanso. Si en septiembre hubo 200 bombardeos, en diciembre, cuando Trump anunció la retirada, el número de bombardeos alcanzó los 900, y en lo que va de mes de enero se han incrementado hasta los 1.200. Naturalmente, esos bombardeos están causando la muerte de centenares de civiles.

Estados Unidos y sus aliados bombardean las posiciones de los yihadistas del Estado Islámico sin descanso

Se ha de tener en cuenta que una victoria de Estados Unidos y sus aliados no representará de ninguna manera la desaparición del Estado Islámico. Al contrario, la organización se metamorfoseará como ya se está metamorfoseando y a la postre, en su nueva encarnación, quien tendrá que lidiar con ella principalmente serán los sirios, y en particular el gobierno de Damasco.

Lo más positivo para todos, incluida Turquía, sería que el gobierno de Damasco desplegara a sus tropas por todo el país. Esta semana, una reunión de jefes de las tribus árabes del nordeste de Siria han pedido eso al gobierno de Damasco, insistiendo en que el ejército sirio debe defenderlas del ejército turco.

Pero Erdogan insiste en crear la zona de seguridad con el apoyo de las potencias mundiales. “De lo contrario crearemos una zona segura por nuestros propios medios”, ha dicho el líder turco sin detenerse a considerar todo el peligro que acarrearía ese paso.

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