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Primarias para millonarios

Gracias a una sentencia del Supremo, los potentados pueden financiar sin límite a sus candidatos predilectos

ISABEL PIQUER

Mientras pasean a los turistas por los canales artificiales de uno de los hoteles más surrealistas de Las Vegas, los gondoleros del Venitian no saben que contribuyen indirectamente a financiar las primarias republicanas. Sheldon Adelson, dueño de esta miniciudad y el hombre más rico de Nevada, fue quien rescató a Newt Gingrichde su mala salida y le hizo ganar en Carolina del Sur, resucitando una candidatura que parecía condenada al fracaso.

Ahora, el expresidente de la Cámara de Representantes es el gran rival del favorito, Mitt Romney, y promete luchar hasta la convención. El dinero de Adelson sirvió para describir a Romney como un capitalista sin escrúpulos. Cambió el tono la campaña y permitió a Gingrich montarse en una ola de populismo que ha entusiasmado a los ultraconservadores.

El Venitian será el cuartel general de las primarias de Nevada que se celebran hoy. Es poco probable que Gingrich gane, sobre todo por una cuestión de logística. Como no pensaba llegar tan lejos, no tiene casi infraestructura. Romney encabeza de momento el último sondeo del diario Las Vegas Review-Journal (45% de intención de voto) seguido de Gingrich (25%), del favorito del Tea Party Rick Santorum (11%) y del congresista de Texas Ron Paul (9%).

Gingrich remontó su desventaja inicial gracias al dinero del dueño de Las Vegas

Gingrich empezó mal la carrera con sendas derrotas en Iowa y New Hampshire. En una semana, cuando todo parecía perdido, Adelson y su mujer, Miriam, donaron 10 millones de dólares a la plataforma Winning Our Future, un "supercomité de acción política" (superPAC), figura legal que permite canalizar indirectamente una cantidad ilimitada de fondos a cualquier candidato.

Adelson, de 78 años, es la octava fortuna de EEEUU. Según la revista Forbes, el potentado posee unos 21.000 millones de dólares, procedentes de sus casinos de Las Vegas, y últimamente de sus lucrativas aventuras en otro paraíso ludópata, Macao. Hijo de un emigrante lituano judío, es el prototipo de hombre hecho a sí mismo. Empezó a trabajar con 12 años en su Boston natal vendiendo periódicos y golosinas.

Este empresario llegó a Las Vegas en 1979 y con otros socios montó Comdex, la cita anual más importante de la industria informática. En 1988 compró el mítico hotel Sands, que derribó ocho años más tarde para gastarse 1.500 millones de dólares en construir una minirréplica de Venecia. Adelson fue un visionario del ascenso de China. Sus negocios en Macao, donde tiene un Sands y está siendo investigado por posibles sobornos a las autoridades locales, le han amparado de la recesión en EEUU.

Contando sus contribuciones más recientes, se calcula que Adelson se ha gastado 17 millones en respaldar a su amigo Gingrich. Pero no son sólo él y su mujer; toda la familia ha contribuido a Winning Our Future: sus dos hijas, Sivan Ochshorny Yasmin Lukatz, y el marido de esta última, Oren, han donado un millón de dólares.

Adelson y Gingrich se conocen desde hace tiempo. Un amplio retrato publicado en The New York Times contaba cómo Adelson, que financia el Partido Republicano desde hace tiempo, también se ha convertido en uno de los más fervientes partidarios del Gobierno de Netan-yahu y de la ultraderecha israelí. Así conoció a Gingrich en 1995, cuando el entonces presidente de la Cámara Baja pidió reconocer a Jerusalén como la capital de Israel, uno de los puntos que el candidato ha vuelto a incluir en su programa electoral.

Socios de fondos de riesgo financian el super-PAC' que apoya a Romney

La amistad en política suele ser una vía de doble sentido. Gingrich ha surcado Estados Unidos en el avión privado de Adelson, al que en 1998 echó una mano en el Congreso cuando la industria de los casinos hizo lobby para conservar sus ventajas fiscales.

El magnate de Las Vegas es el ejemplo más sobresaliente del papel que han tomado los super-PAC en las primarias republicanas y que tendrán en las presidenciales. No existían en las elecciones de 2008. Son el resultado de una decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos (Citizens United v. Federal Election Commission) de enero de 2010 que otorgó a las empresas los mismos derechos que las personas y autorizó a corporaciones y sindicatos a contribuir de forma independiente a las campañas.

Según las leyes electorales, las donaciones directas a los candidatos no deben exceder los 2.500 dólares, pero los superPAC pueden canalizar cantidades ilimitadas de dinero, de forma casi anónima, siempre y cuando actúen de forma "independiente" y no se coordinen con las campañas oficiales.

En este mes de primarias, los PAC republicanos se han gastado más dinero (23 millones de dólares) que los candidatos (20 millones) en anuncios de televisión, la gran mayoría negativos, denunciando (y exagerando) las inconsistencias del contrincante. Además de los Adelson, Winning Our Future se ha beneficiado de la generosidad de W. S. Propst, un promotor inmobiliario de Alabama (500.000 dólares) y de Harold Simmons, un multimillonario de Dallas que también apostó por Rick Perry.

Adelson, la octava fortuna de EEUU, es investigado por sobornos en Macao

El PAC de Mitt Romney, Restore Our Future, es muy revelador. Su principal contribuyente (un millón de dólares) es Edward Conrad, exsocio del candidato en Bain Capital, el fondo de inversiones que dirigió en los noventa, y los demás son fundadores de otros fondos de riesgo, como John Paulson (que se hizo famoso apostando contra las hipotecas basura) Julian Robertson, Paul Singer y Francis Rooney.

Un detalle divertido: el principal contribuyente de la malograda campaña de Jon Hunstman, el exembajador de China que abandonó la carrera en New Hampshire, era, como se sospechaba, su padre, Jon Hunstman senior, que donó casi dos millones de dólares a Our Destiny, el PAC que respaldaba a su hijo.

Si Gingrich quiere realmente competir en los 46 estados hasta la convención de Tampa este verano, como anunció tras su reciente derrota en Florida, necesitará mucho más dinero. Según las cuentas oficiales, su campaña sólo tiene un millón de dólares en reserva, comparados con los 19 millones de Romney. Adelson no ha dicho si piensa seguir sufragando la carrera política de su protegido. Si es así, los gondoleros tendrán que seguir remando a marchas forzadas.

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