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La radiación frente a la costa de Fukushima se dispara

Japón asegura que se dispersará rápidamente pero el OIEA recomienda ampliar la zona de evacuación

DAVID BRUNAT

Casi tres semanas después del tsunami, siguen apareciendo nuevos récords y alarmas en Fukushima. Los últimos análisis revelaron hoy que el nivel de yodo radiactivo en el mar cercano a la central nuclear supera 3.355 veces el límite de seguridad, lo que supone la concentración más alta hasta el momento, según informó la Agencia de Seguridad Nuclear de Japón (ASNJ).

Las muestras fueron tomadas el martes 330 metros al sur de una salida de agua próxima a los reactores 1 a 4, lo que significa que la tan temida filtración al océano del líquido altamente tóxico que inunda la planta nuclear es una realidad.

La filtración del agua contaminada al océano dispara los niveles de yodo-131

Aún así, el vicepresidente de ASNJ, Hideshiko Nishiyama, insistió un día más en que no hay peligro: "Por supuesto que la medición es más alta, tenemos que estar atentos y prevenir cualquier nuevo escape al mar, pero esa cifra [3.355] sigue siendo de cuatro dígitos [en referencia al anterior récord de 1.850 veces el límite] y, tal como dije en su momento, hay un perímetro de seguridad de 20 kilómetros y no hay pesca en la costa", exclamó. "La gente no bebe agua del mar, y con los niveles actuales el material radiactivo se disipará rápidamente", añadió Nishiyama.

El yodo-131 fue la causa del alto índice de cáncer de tiroides tras el desastre de Chernóbil, ya que las partículas radiactivas se filtraron en el suelo y pasaron a la leche a través del ganado. Miles de jóvenes en Ucrania y países vecinos sufrieron la enfermedad. Por eso, a pesar de la llamada a la calma, Tepco, la empresa propietaria de la planta, seguía hoy empleando todos sus esfuerzos en evitar que el agua contaminada siga fluyendo hacia el mar. El origen preciso del exagerado nivel de radiactividad sigue siendo una incógnita.

Tantos disgustos obligaron hoy a hospitalizar al presidente de Tepco, Masataka Shimizu, quien se ha mantenido fuera de los focos desde que comenzó la crisis. Shimizu, de 66 años, presentaba una presión arterial elevada y fuertes mareos, aunque ya sufría malestar físico desde el día 16. Según la compañía, siguió al frente de la emergencia hasta su ingreso en el hospital.

El presidente de Tepco es ingresado con presión arterial elevada

Tepco y el Gobierno japonés contemplan "todas las alternativas" para estabilizar la central nuclear, después de tres semanas de absoluto descontrol. Para detener la emisión de partículas gaseosas, se estudia la posibilidad de extender una tela especial sobre la planta, una solución que sólo sería temporal. Para el agua estancada en los reactores, podría usarse un carguero estacionado en la costa, aunque luego habría que decidir qué hacer con ese líquido letal. La última alternativa sería utilizar sarcófagos de hormigón y acero como en Chernóbil.

La primera medida se aplicará hoy, y consiste en rociar con una resina soluble el agua que inunda Fukushima para que las partículas radiactivas se queden fijas y no pongan en peligro a los operarios. Japón ordenó hoy con carácter inmediato que sus 55 reactores atómicos incorporen sistemas de refrigeración y suministro eléctrico alternativos para casos de emergencia.

Mientras, ha llegado a Tokio un equipo de expertos franceses encabezado por Anne Lauvergeon, la consejera delegada de Areva, el fabricante estatal de reactores nucleares y uno de los gigantes del sector. El presidente Nicolas Sarkozy acudirá hoy a Tokio en una visita relámpago.

Por su parte, el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) se mostró hoy partidario de que la zona de evacuación en torno a la central se extienda al pueblo de Iitate, de 7.000 habitantes, situado a 40 kilómetros de la planta y donde se ha detectado el doble del nivel de radiactividad permitido por los criterios del OIEA. El organismo urgió a Tokio a prestar la máxima atención a Iitate y recomendó a los habitantes encerrarse en sus casas. El pueblo está situado al doble de distancia de la actual zona de exclusión de 20 kilómetros.


Vestidos más informalmente que de costumbre y en tonos oscuros, los ancianos emperadores de Japón, Akihito y Michiko, visitaron hoy en Tokio a familias desplazadas por el seísmo y el tsunami que asolaron la costa noreste del país el pasado 11 de marzo. El emperador, de 77 años, y la emperatriz, de 76, hablaron con algunos de los 300 evacuados de las provincias de Fukushima, Miyagi e Iwate que han buscado refugio temporal en el centro Tokyo Budokan. Akihito y Michiko ya realizaron visitas similares a los afectados por los terremotos de Kobe en 1995 y Niigata en 2004. Sin embargo, este desastre ha sido el primero por el que Akihito se ha dirigido a la nación en un discurso televisado.

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