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La radiactividad se extiende en Japón y afecta al agua de Tokio

Estados Unidos restringe sus importaciones de alimentos frescos japoneses

DAVID BRUNAT

La sombra de la contaminación radiactiva en Japón se extiende cada nuevo día, y lo peor es que la gravedad de los casos aumenta.

El Gobierno metropolitano de Tokio admitió este miércoles que los niveles de yodo radiactivo en el agua de la capital superan los límites permitidos para niños menores de 1 año, por lo que recomendó a los padres que no se la administren. Para calmar los ánimos, la autoridad no dudó en incurrir en una contradicción al asegurar que aun superándose los límites, el agua de la capital japonesa, que llega a los grifos de 35 millones de personas, no implica un riesgo inmediato para la salud de los bebés y hasta que los adultos pueden beberla sin problemas.

El coste económico de la catástrofe superará los 217.400 millones de euros

Los datos de radiación fueron recopilados en una de las plantas depuradoras de la capital. Se detectaron 210 becquerel de yodo radiactivo por litro, lo que supone más del doble del límite que se considera seguro para los bebés. Pronto el alcalde de Tokio, Shintaro Ishihara, llamó a la "calma" y la "sensatez". También el portavoz del Gobierno, Yukio Edano, apeló a la gente a "no hacer acopio de agua embotellada" para permitir que esas provisiones lleguen a los refugiados de Iwate y Miyagi, las dos provincias devastadas por el tsunami.

A pesar de las advertencias, muchos tokiotas se echaron a la calle para comprar agua embotellada ante el temor de que se agotaran las existencias y tuvieran que verse abocados a abrir el grifo para beber. "Si esto es algo temporal, no vale la pena preocuparse demasiado; pero si va para largo, entonces sí que tenemos un gran problema", reflexionaba el padre de un bebé de 1 año en un supermercado, al que había acudido para aprovisionarse de agua.

Previamente, el Ministerio de Sanidad también había pedido a la población que no consumiera verduras de hoja verde procedentes de la provincia de Fukushima. Hay 11 especies prohibidas, entre ellas espinacas, brócoli, col y repollo. Su producción y comercialización en la provincia está detenida desde el pasado lunes, y se ha ordenado lo mismo con la leche y el perejil en la vecina Ibaraki.

El dato positivo es que la sala de control del reactor 3 ya tiene electricidad

Según las autoridades, si una persona ingiere 100 gramos del alimento con la mayor concentración de material radiactivo detectada hasta el momento durante diez días, recibiría una radiación equivalente a la mitad de la exposición natural al medio ambiente durante un año. En caso de que esa persona continúe ingiriendo estas verduras, el volumen de radiación recibida excedería los niveles considerados normales y no sería aconsejable para la salud.

La escalada de noticias sobre alimentos contaminados en Japón está extendiendo el recelo internacional. EEUU anunció este miércoles que dejará de importar leche, verduras y fruta de cuatro prefecturas de Fukushima, una medida que también tomó Hong Kong, gran importador de alimentos japoneses. Según la agencia de noticias Jiji, el Departamento de Seguridad Alimentaria de Hong Kong encontró un nivel de radiación diez veces superior al permitido en espinacas y nabos.

Tailandia y Corea del Sur, el vecino más cercano a Japón, están estudiando prohibir ciertos productos, y Francia ya ha pedido a la Comisión Europea que refuerce los controles de radiactividad en las importaciones procedentes de Japón, aunque el organismo descarta por ahora adoptar prohibiciones sobre los alimentos japoneses después de que las últimas pruebas de radiación hayan sido negativas.

Ante la posibilidad de un descalabro económico, Yukio Edano pidió al mundo que no sobredimensione el problema: "Ya hemos tomado medidas para apartar de la circulación los productos que contengan radiación. Eso significa que cualquier cosa que esté en el mercado es segura, pero es algo que no están entendiendo del todo bien los otros países", se quejó el portavoz del Gobierno.

Japón considera que el coste para su economía entre terremoto, tsunami y crisis nuclear superará los 217.400 millones de euros, si bien la contaminación alimentaria, de extenderse, podría incrementar esa cifra y convertir una crisis económica temporal en crónica.

Eso ocurrirá si la central nuclear de Fukushima no deja de expulsar radiación a la atmósfera. El reactor 3 seguía este miércoles emitiendo humo negro sin que los expertos se pusieran de acuerdo sobre el contenido, lo que obligó a detener temporalmente el trabajo de los ingenieros. "Seguimos viendo radiación saliendo del lugar, y la pregunta es: ¿de dónde sale exactamente?", formuló James Lyons, alto cargo de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

El organismo reafirmó su preocupación sobre el estado de la central atómica y denunció que las autoridades japonesas no han facilitado información sobre la temperatura de los reactores 1, 3 y 4 en las últimas fechas. Por su parte, el reactor 2 presentó este miércoles el nivel de radiactividad más elevado desde que constan registros. El dato positivo es que los operarios consiguieron unir un cable eléctrico a los seis reactores y que la sala de control del número 3 ya tiene acceso a suministro eléctrico, lo que facilitará su enfriamiento.

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