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Una rebelión popular derriba al presidente de Kirguistán

Bakíyev huye de la capital kirguís tras la muerte de decenas de manifestantes.

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La anarquía se apoderó ayer de las calles de Bishkek tras los violentos enfrentamientos entre opositores y fuerzas de seguridad que causaron entre 40 y 100 muertos y forzaron la huida del presidente de Kirguistán, Kurmambek Bakíyev.

El jefe de Gabinete intentó calmar a la población afirmando que “la situación es complicada, pero está bajo control”. Sin embargo, la oposición se apresuró a celebrar la caída del Gobierno y anunció la creación de su propio Ejecutivo.

Galina Skripina, parlamentaria del opositor Partido Democrático, aseguró que Bakíyev ya no estaba al frente del país: “Hemos alcanzado un acuerdo, el Gobierno se ha comprometido a dimitir, pero aún no lo ha puesto por escrito”. Skripina dijo que el presidente “había cogido un avión en Bishkek y se encontraba en la ciudad meridional de Osh”. Otras fuentes situaban a Bakíyev fuera del país.

'La situación es difícil, pero está bajo control', según la versión oficial

El ex presidente Omurbek Tekebáyev, uno de los líderes opositores, anunció que cuatro de las siete regiones de la república están ya bajo control popular.Estado de emergenciaHoras antes de la huida de Bakíyev, la policía abrió fuego contra los manifestantes antigubernamentales que intentaban romper el cerco policial frente a la sede de la Presidencia, según declararon varios testigos a Reuters.

Fuentes hospitalarias confirmaron que muchos de los cadáveres presentaban heridas de bala, contradiciendo la versión oficial, que aseguraba que los agentes emplearon sólo gases lacrimógenos y pelotas de goma.

“Según nuestros datos, han muerto cerca de 100 personas”, dijo Tekebáyev. El Ministerio de Interior rebajó la cifra de víctimas mortales a 40. El Gobierno decretó el estado de emergencia, pero no logró frenar a los manifestantes, que asaltaron el Parlamento y la Fiscalía, causando graves destrozos en ambos edificios.

Tampoco detuvo las protestas la decisión de liberar a varios diputados opositores, detenidos por orden del presidente al inicio de la revuelta popular, a mitad de marzo. La crisis actual está hundiendo aún más al país más pobre de Asia Central. Las causas, según varios expertos, poco tiene que ver con los asuntos políticos.

'Hay acuerdo para que el Gobierno dimita', afirma una parlamentaria

“El presidente Bakíyev pertenece a uno de los clanes dominantes del país, lo que hace que tenga un control muy extendido en diferentes áreas, además de mantener buenas relaciones con la Administración de Obama”, explicó a Público Sergey Luyanin, experto en Relaciones Exteriores.

El apoyo estadounidense está motivado en gran parte por su dependencia actual de la base aérea de Manás, que es el centro logístico de abastecimiento para la OTAN en Irak y Afganistán.

Sin embargo, el apoyo de EEUU no parece haber sido suficiente para mantener a Bakíyev en el poder, donde llegó en 2005 gracias a la Revolución de los Tulipanes. Esa revuelta derrocó al entonces gobernante, Askar Akáyev, quien fue acusado de corrupto y autoritario.

La caída de Bakíyev es un reflejo de lo que ha venido sucediéndose a lo largo de los años en la ex república soviética. Así lo argumenta Aleksey Makarkin, del Centro de Política y Tecnología: “Como en realidad no hay democracia en Kirguistán y no hay un líder autoritario fuerte, existe un conflicto político constante, los resultados electorales están siendo siempre cuestionados por la oposición, pero las autoridades no son lo suficientemente fuertes como para suprimir a la oposición”.

Por su parte, Kiril Koktysh, otro analista político, opina que “si el conflicto termina con un cambio de poder”, el próximo régimen tomará una
dirección política diferente a la ejercida por Bakíyev: “Eso significa que si el régimen anterior pretendía ser más secular, el próximo pretenderá ser más musulmán”.