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Reino Unido pondrá fin a la preferencia de los hombres para heredar títulos, escaños y haciendas

En Reino Unido los hijos varones y los hermanos varones tienen preferencia sobre las hijas para heredar títulos, escaños en la Cámara de los Lores y haciendas. Un resquicio medieval y discriminatorio con el que quieren acabar, aunque el litigio no resulta fácil ni rápido.

Miembros de la Cámara de los Lores, durante un discurso de la reina en diciembre de 2019.
Miembros de la Cámara de los Lores, en diciembre de 2019. Aaron Chown / AFP

Tal como va el mundo, la reclamación por discriminación de un grupo de mujeres inglesas para heredar títulos, escaños en la Cámara de los Lores y haciendas se presenta irrelevante o como una banalidad de las que se alimentan las revistas del corazón. Para las afectadas, en la organización Daughters Rights (Derechos de las Hijas), no lo es, ni para la diputada Truly Harrison, ni para Allegra Stratton, jefa de comunicación del primer ministro Boris Johnson, que han decidido poner punto final a la ley de primogenitura masculina hereditaria.

El Ejecutivo británico incluirá la nueva ley igualitaria en el discurso de la reina el próximo mes de mayo -si la covid lo permite con restricciones- en el que anunciará los cambios legislativos para el año. Teniendo en cuenta que la ley vigente data de tiempos ancestrales y que Derechos de las Hijas lleva más de dos años a la espera de una sentencia del Tribunal Europeo (independiente del brexit), no viene de varios meses el tiempo que puede tardar.

Para ilustrarlo con un caso: en la familia Spencer, la de la difunta lady Diana, nacieron tres mujeres; el cuarto fue un varón, noveno conde Spencer. A la muerte del padre, el benjamín heredó los títulos y las propiedades. De no haber habido hijo varón hubiesen tenido preferencia los hermanos o tíos de Diana antes que la primogénita. En su tradición, las mujeres se casan para encaminarse en la vida. Así mantienen la unidad de la tierra en lugar de fragmentarla entre hermanos y generaciones. A Diana le hubiese llegado un prado de haber dividido el intacto latifundio que posee su hermano.

Al timón de Derechos de las Hijas anda Charlotte Carew Pole, que pone su punto de mira en la vertiente política del anacronismo. Tras la criba de lores hereditarios que hizo el Gobierno de Tony Blair, quedaron 92 escaños hereditarios que se renuevan por elección entre ellos, sólo ellos. "En los lores es donde encontramos mayor resistencia; la legislación acaba distorsionada si la hacen únicamente o, mayoritariamente, hombres porque las mujeres no tienen acceso", explica Charlotte a Público. Esta resistencia acabará cediendo porque la Cámara de los Comunes está por encima.

Charlotte Carew Pole.

De igualarse los géneros, la hija de cinco años de Charlotte será la 15 baronita de Pole, puesto que su padre es el 14 baronet (rango inferior al de barón), título concedido a la familia por Carlos I en 1628. "A mí, el título me da igual, pero considero una discriminación intolerable a estas alturas de la historia que mi hija, por ser mujer, no pueda heredar lo que heredaría si fuese hombre", comenta Charlotte, quien añade que "la discriminación está en el corazón del sistema de gobierno, es una discriminación institucionalizada, hasta en España llevan más de una década sin la primogenitura masculina".

La ley de sucesión en Reino Unido fue reformada en un visto y no visto en 2013 para igualar a hombres y mujeres a raíz del primer embarazo de Kate Middleton. Este precedente es uno de los argumentos que aduce Derechos de las Hijas para que no les den más largas. La ex primera ministra Theresa May manifestó su deseo de reformar las antiguas leyes, pero el brexit la forzó a retirarse antes de acabar sus propósitos. "Tenemos apoyo de diputados de todos los partidos, un equipo legal altruista y un grupo de defensores a los que no se opone nadie para modernizar y actualizar lo que chirría en el siglo XXI", cuenta Charlotte, quien después de tener una hija, tuvo un hijo. No cambió su determinación.

Ricos y pobres habitan en todos lares, no obstante, el sentido de clase social jerarquizada late más fuerte en Inglaterra que en otros países. La jerarquía coronada por la familia real va bajando con la escalonada aristocracia. "Hay un registro de 2.200 aristócratas, pero no sé a cuántos de ellos afecta este tema, la verdad es que no me importa el número, sino la discriminación", comenta Charlotte, con quien hacen piña un grupo de afectadas cuya vida cotidiana tiene poco que ver con la de la aristocracia de novelas y películas.

Otra de las partidarias de abolir las leyes de primogenitura masculina es Tanya Field, trabajadora social, de 48 años, madre de tres hijos varones, primogénita del noveno conde de Macclesfield, un título otorgado en 1679. "Mi vida no puede ser más diferente a la que retratan en Downton Abbey; ¿qué haría con un título trabajando en una zona geográfica marginada como es a la que acudo a diario?", explica Tanya. Ella creció en el condado de Oxfordshire, cerca del castillo Shirbur, que perteneció a su familia.

"Mi padre me apoya en el cambio de la ley porque ambos creemos que lo que podía ser conveniente hace 300 años no lo es ahora, puesto que la vida y los tiempos han cambiado", añade Tanya al Daily Mail. Y, junto a ella y Charlotte, hay otras como la presentadora de la BBC Sarah Montague; Hatta Byng, directora de la revista House & Garden; o lady Willa Franks, que lleva una guardería en Hampshire después de que su tío heredase el castillo y el latifundio de su padre, el duque de Norfolk. Muchas o pocas, les ha llegado la hora de la igualdad.

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