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Relación UE-Turquía Bruselas, condenada a entenderse con Turquía pese a las amenazas de Erdogan

Turquía aún es oficialmente candidata a entrar en la Unión Europea, pero sus relaciones con Bruselas son cada vez más tensas. Sin ir más lejos, Erdogan ha amenazado que abriría las fronteras para que pasen los refugiados que los gobiernos comunitarios quieren evitar.

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El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, junto al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, en una imagen de 2018.-EFE

Si un ermitaño sale de su cueva y escucha las declaraciones que se han cruzado en las últimas semanas los líderes europeos con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, podría pensar que estamos a las puertas de un conflicto aún más serio de lo que es. Quizá volvería a su refugio por lo que pudiera pasar.

Las provocaciones de Erdogan en los últimos meses han sido múltiples. Además de lanzar una invasión de una franja del norte de Siria para crear una “zona de seguridad”, recientemente ha comprado a Rusia un sistema de misiles por 3.000 millones de dólares. Estas acciones han puesto en riesgo sus relaciones no solo con la UE sino también con la OTAN, la mayor alianza militar del mundo, en la que están también la propia Turquía y Estados Unidos.

Y, sin embargo, a pesar de las palabras duras y los tonos amenazantes, aunque la relación se ha enfriado en los últimos años, Ankara y Bruselas se necesitan tanto el uno al otro que, al final, están condenados a entenderse.

El bloque comunitario es el primer socio comercial de Turquía, mientras que la protección de la frontera oriental de ese país es clave para mantener las consecuencias de la guerra de Siria lejos de Europa.

Amenazas cruzadas

Hagamos una rápida recopilación de las últimas salidas de tono. Los ministros de Asuntos Exteriores europeos acordaron el pasado lunes abrir un “marco de Si verific. La razón: Ankara ha enviado barcos perforadores a aguas chipriotas para buscar gas natural. Con ese marco de sanciones, los gobiernos europeos podrán acordar si congelan activos de las personas implicadas en esas perforaciones.

La reacción de Erdogan no se hizo esperar. No solo seguirá perforando sino que pocas horas después amenazó que mandaría a Europa a los terroristas con pasaporte comunitario que custodia Turquía, para que sean juzgados en sus países de origen.

“Puede que os lo toméis a la ligera, pero estas puertas [a Europa] se abrirán y os mandaremos miembros del Daesh [Estado Islámico]. No intentéis amenazar a Turquía por los acontecimientos de Chipre”, aseveró en Ankara según declaraciones recogidas por la agencia Reuters.

No es la primera amenaza de Erdogan. El presidente turco ha avisado que abriría las fronteras a los 3,6 millones de refugiados, sobre todo sirios, que custodia desde 2016 tras el pago de 6.000 millones de euros del bloque comunitario si la UE no sigue enviando ayuda.

Tusk: "Nunca aceptaremos que utilice a los refugiados como arma para chantajearnos"

El paquete de apoyo de la UE se ejecuta en forma de proyectos en Turquía; el último de ellos acabará en 2025, pero la mayor parte terminará antes de ese año. 5.800 millones ya están comprometidos en proyectos en marcha, así que apenas queda dinero para otros nuevos. Es muy posible que en poco tiempo volvamos a oír hablar de negociaciones para que la UE ponga más dinero.

A la amenaza de Erdogan de abrir las puertas de la frontera con Grecia, Donald Tusk respondió igualmente tajante: “Nunca aceptaremos que utilice a los refugiados como arma para chantajearnos”, fueron las palabras del presidente del Consejo Europeo, que terminará su mandato al finalizar el mes.

Turquía, el eterno candidato

Pero la relación entre Turquía y la Unión Europea no ha sido siempre tan tirante. Erdogan accedió al cargo de primer ministro en 2003 con un discurso proeuropeo: dos años más tarde la UE aceptaba a Turquía como candidato oficial para convertirse en Estado miembro. Sin embargo, las negociaciones para llegar a ser miembro de pleno derecho del club apenas han avanzado en 14 años y la sensación de que Turquía nunca entrará en la UE es cada vez más evidente.

"La UE quiere tener a Turquía de su lado, pero no en su interior”

Al principio, Erdogan y su partido llevaron a cabo las reformas que les pedían desde Bruselas para cumplir los criterios de entrada, pero el proceso se bloqueó y las cosas comenzaron a deteriorarse, explica Amanda Paul, analista sénior especializada en las relaciones entre la UE y Turquía y miembro del European Policy Centre, un think tank de Bruselas. “Creo que nunca hubo un compromiso real de todos los Estados miembros. La UE quiere tener a Turquía de su lado, pero no necesariamente en su interior”, asegura Paul.

Mientras tanto, los países de los Balcanes sí han ido superando etapas en su proceso de adhesión al bloque, aunque también están lejos de entrar.

Como resultado, la reputación de la UE como “socio poco fiable” ha ido creciendo entre los turcos, que consideran que el bloque ha aplicado un doble rasero para medir los avances de unos y otros. “La UE les dijo que podían unirse, pero era básicamente una mentira”, resume Paul. Y eso lo ha utilizado Erdogan “para crear un sentimiento anti-UE en parte de la sociedad, lo que es una pena”.

A la vez que firmaban el acuerdo para mantener a los refugiados sirios en Turquía en 2016, los líderes europeos se comprometieron a facilitar la entrega de visados a ciudadanos del país, a ampliar la unión aduanera de la que ya forman parte y a “revigorizar” el proceso de adhesión. Ninguna de esas promesas se ha cumplido.

Sin embargo, Turquía sigue figurando en las webs oficiales de las instituciones europeas como candidata a entrar en el bloque. Es el eterno candidato a las puertas.

En marzo de este año, el Parlamento Europeo pidió que se suspenda el proceso de adhesión de manera oficial. Los europarlamentarios sí demandaron en cambio que se avance con el tema de los visados y la unión aduanera, a condición de que Turquía realice “mejoras concretas en los terrenos de la democracia, derechos humanos, libertades fundamentales y Estado de Derecho”.

Aunque todo el mundo en Bruselas da por algo casi seguro que Turquía nunca entrará en la UE, no puede decirse que Ankara haya tirado la toalla completamente. Su ministro de Exteriores, Mevlüt Çavuşoğlu, publicaba en mayo un artículo de opinión en el que pedía retomar el proceso de adhesión. “Bruselas necesita a Ankara tanto como Ankara necesita a Bruselas”, resumía en un texto en el que defendía todo lo que, según él, su país ha hecho para adaptarse a las normas y estándares europeos.

Condenados a entenderse

A pesar de las amenazas cruzadas, la UE y Ankara, efectivamente se necesitan el uno al otro. Sin ir más lejos, en la lucha antiterrorista. “Los terroristas amenazan tanto a Turquía como a la UE. Es un campo muy complicado, porque requiere de diálogo cercano y confidencial para seguir a los yihadistas, incluidos los que tienen pasaporte europeo”, escribe Marc Pierini, investigador del think tank Carnegie.

Se estima que hay 1.300 terroristas detenidos en Turquía, muchos de ellos, europeos

Según Deutsche Welle, habría 1.300 terroristas detenidos en Turquía, muchos de ellos, europeos.

También la cuestión de los descubrimientos de gas en el Mediterráneo oriental, que de momento ha abierto la posibilidad de sanciones contra Turquía, podría acabar siendo un punto de colaboración si se enfrían las tensiones.

“Todavía pueden servir de incentivo para reactivar las negociaciones de paz en Chipre e impulsar un nuevo acercamiento entre la UE y Turquía. Si bien no será fácil que Ankara recupere una actitud constructiva, los mimbres existen, como demuestran ciertos acontecimientos recientes —y no tan recientes— en la política turca”, escribía en agosto en El País Javier Solana, quien fue jefe de la diplomacia europea y antes ministro de Exteriores del Gobierno de Felipe González.

“Turquía no puede permitirse darle la espalda completamente a la UE”, sentencia Amanda Paul. Dos tercios de la inversión extranjera en Turquía viene de países del bloque comunitario, y la UE es el mayor socio comercial de Ankara. “Turquía no tiene alternativas. No va a conseguir ninguna de estas cosas de los rusos ni de ningún otro vecino”.

“Pero la UE también necesita a Turquía. No pueden ignorarse. Tienen que encontrar una manera de solucionarlo. La relación de Turquía con la UE viene de siglos, no es algo que pueda simplemente desecharse”, afirma.

Por mucho que las palabras sean duras, ambas capitales parecen condenadas a entenderse. Aunque Turquía nunca llegue a ser miembro de la Unión Europea.

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