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Relaciones internacionales Jair Bolsonaro y Alberto Fernández, antagónicos pero obligados a entenderse, se reúnen por primera vez

La cumbre Brasil-Argentina se ha enmarcado en el Día de la Amistad Argentino-Brasileña, treinta y cinco años después del diálogo que mantuvieron Raúl Alfonsín y José Sarney, considerado embrión del Mercosur.

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, escuchando a Alberto Fernández en la videoconferencia de este lunes.
El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, escuchando a Alberto Fernández en la videoconferencia de este lunes. Alan Santos / Presidencia República Brasil

"Diferencias del pasado" es el eufemismo que encontró este lunes el presidente de Argentina, Alberto Fernández, para romper el hielo diplomático entre dos enemigos que muy a su pesar necesitan entenderse. Jair Bolsonaro y él entablaron contacto directo por primera vez. Son antagónicos, opinan diferente sobre casi todo –Venezuela, Bolivia, Cuba, el mundo– pero no pueden evitar depender el uno del otro, en mayor o menor medida.

Jair Bolsonaro se ha dado cuenta de que debe reaccionar ante la nueva situación que le rodea, tanto a nivel internacional como en cuestiones domésticas. Donald Trump –su principal ídolo– ha sido derrotado en Estados Unidos, la presión de las grandes potencias europeas en pro de la preservación de la Amazonia va en aumento  y, por si fuera poco, las elecciones municipales brasileñas han demostrado que la extrema derecha pierde fuelle. 

Los desafíos del presidente argentino, por su parte, no son menos contundentes. La crisis socioeconómica derivada de la pandemia ha colocado a Argentina en una comprometida situación que durará años. Por mucho que el jefe del Ejecutivo del mayor país de América Latina le haya provocado y atacado sistemáticamente durante los últimos tiempos, Fernández no está en condiciones de dejar de intentar mantener una relación cordial con su principal socio comercial.

La reunión se ha enmarcado en el Día de la Amistad Argentino-Brasileña, treinta y cinco años después del diálogo que, el 30 de noviembre de 1985, mantuvieron los primeros presidentes democráticos tras sendas dictaduras militares: Raúl Alfonsín y José Sarney. Aquella jornada en las fronterizas Cataratas de Iguazú fue el embrión de lo que luego sería el Mercosur. La idea original era que Bolsonaro y Fernández se estrecharan la mano precisamente allí, pero al final se acabó optando por las nuevas tecnologías. Rememorando la conversación de mediados de los ochenta, el expresidente brasileño José Sarney, a sus noventa años de edad, también se ha conectado a la videoconferencia desde su domicilio. Raúl Alfonsín falleció en abril de 2009.

Fernández es amigo del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, Bolsonaro es adulador de todos los regímenes militares que han instaurado dictaduras en Suramérica; no es sencillo sentarles en la misma mesa. El intercambio de mensajes cara a cara, aunque con pantallas de por medio, ha sido fruto de un esfuerzo bilateral coral incentivado sobre todo por el desempeño de Daniel Scioli. El que fuera candidato presidencial –derrotado en las urnas por Mauricio Macri en 2015– cumple desde el pasado mes de agosto las funciones de embajador en Brasil.

Desde que llegó a Brasilia Scioli había marcado esta reunión como uno de sus objetivos primordiales. Él era uno de los escuderos en esta cita histórica. Los otros protagonistas fueron Felipe Solá (canciller argentino), Ernesto Araújo (canciller brasileño), el secretario especial de asuntos estratégicos de Brasil, Flavio Viana Rocha, y el embajador Pedro Miguel da Costa e Silva, secretario de negociaciones bilaterales y regionales en las Américas.

Potenciar los puntos de acuerdo entre los dos países

Ambos líderes utilizaron como base para el encuentro remoto sus respectivas residencias oficiales: Alberto Fernández y su equipo se conectaron desde la Quinta de Olivos, en Buenos Aires, mientras que Jair Bolsonaro y su delegación lo hicieron desde el Palacio de la Alvorada, en Brasilia. El ejercicio de aproximación se extendió durante casi una hora, tiempo en el cual fueron tratados asuntos como seguridad pública, fuerzas armadas, lucha contra el narcotráfico, medioambiente, fronteras y aranceles del Mercosur. Fernández ensalzó este acercamiento, "para darle al Mercosur el impulso que está necesitando". Es "imperioso", recalcó, "que Brasil y Argentina lo hagan juntos". Busca el mandatario argentino las "herramientas que funcionen bien" entre los dos vecinos, y así "potenciar todos los puntos de acuerdo".

De todos es sabido que el presidente brasileño aceptó con mayor agrado que su homólogo el acuerdo Mercosur-Unión Europea. En la reunión de este lunes Bolsonaro solicitó, como ya ha hecho en alguna otra ocasión, “mecanismos más agiles y menos burocráticos” para el bloque suramericano, formado actualmente por Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia (proceso de adhesión) y Venezuela (suspendida por tiempo indefinido). El gobernante brasileño incidió también en su interés por potenciar el ámbito del turismo entre ambos países.

Lo siguiente que hizo Alberto Fernández, una vez acabada la agenda amistosa con Brasil, fue telefonear al presidente electo de los Estados Unidos de América. Coincidencia o no, se puede considerar una muestra más de la distancia que le separa de Bolsonaro a día de hoy. El presidente brasileño continúa, un mes después de la victoria de Joe Biden, difundiendo la teoría del fraude contra Trump. "Tengo mis fuentes de información", declaró el domingo tras votar en las elecciones municipales: "Realmente hubo muchos fraudes por allí, eso nadie lo discute. Si fueron suficientes para definir a uno u a otro eso ya no lo sé. Estoy esperando un poco más".

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