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Respirando fuego, en las entrañas de la lucha kurda por la supervivencia "El Estado Islámico jamás hubiera existido sin la ayuda de los turcos"

Los periodistas David Meseguer y Karlos Zurutuza publican en Península un libro a cuatro manos sobre la lucha de liberación del pueblo kurdo.

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Milicianos kurdos. KARLOS ZURUTUZA

“El califato del Estado Islámico jamás hubiera existido sin la ayuda de los turcos”,”, asegura el periodista Karlos Zurutuza. “Y no se trata de una conjetura. En su día, aparecieron docenas de vídeos de gente del Estado Islámico siendo entrenada en suelo turco o atendida en sus hospitales que pueden verse en el Youtube. Y el apoyo fue todavía más allá, porque difícilmente se hubiera sostenido el califato si Erdogan no les hubiera comprado su petróleo”.

Zurutuza sabe de lo que habla porque él mismo acreditó en un reportaje los vínculos entre Ankara y el Daesh. Nunca escribe al dictado. Desde hace más de quince años, este reportero donostiarra ha viajado en ocasiones hasta dos veces anuales a los distintos 'kurdistanes' que se solapan sobre Irak, Irán, Siria y Turquía con el fin de pulsar la situación de los conflictos en los que se inscribe la lucha de liberación de las distintas facciones kurdas.

"Sois, por así decirlo, dos de los 'kurdólogos' más acreditados de la Prensa española", bromeamos con Zurutuza y con su colega valenciano David Meseguer (Benicarló, 1983) en el transcurso de la cita que hemos concertado para charlar del libro que han escrito a cuatro manos sobre las vicisitudes más recientes del perseguido pueblo kurdo: Respirando fuego, en las entrañas de la lucha kurda por la supervivencia (Península, 2019).

Al igual que su colega vasco, David Meseguer es un periodista reincidente en cuanto atañe al mundo kurdo. Ambos han partido de su experiencia humana en aquel entorno geopolítico para componer un puzzle impresionista que termina por contar la historia de un pueblo que encarna como un guante el paradigma de minoría oprimida.

David Meseguer, reportero

La obra se compone de personas y de historias relevantes que ponen voz y cara a cada uno de los escenarios geopolíticos donde se dirimen los conflictos que afligen a los kurdos. No es la clase de historia que alguien podría escribir en un despacho refritando teletipos o refagocitando las crónicas ajenas. Como tampoco es ese el modo de contar este mundo de ninguno de los periodistas que lo firman.

Desde hace algunos años, Meseguer compagina su trabajo de reportero especializado en conflictos internacionales con el de profesor de Comunicación. Zurutuza sigue consagrado por entero a un viejo género de la profesión hoy en franca decadencia como consecuencia de las servidumbres que impone el cambio de modelo del negocio. Es, por así decirlo, un reportero de conflictos y de minorías; de insurgencias y de compromisos personales. El vasco es redactor de Jot Down y colaborador habitual de miembros como Gara, Al Jazeera, The Guardian, Hareetz o Deutsche Welle, entre otros muchos.

David Meseguer se ha manchado las botas cubriendo conflictos en Oriente Medio y el norte de África. Ha colaborado con los periódicos Ara o El Mundo, y con medios internacionales como The New York Times o France 24. Fue editor de Vice News.

Ambos, en realidad, son dos periodistas con una irrenunciable vocación social y con la determinación que se precisa en estos tiempos para contar las cosas desde dentro y sobre el lodo de los rotos y los descosidos de este mundo. Ambos suelen rechazar, por indecoroso, lo de “corresponsal de guerra”, porque las guerras, los conflictos, sólo son una parte de la ecuación a la que prestan atención. Y aun así, inevitablemente, en su libro la hay.

No coincidieron sobre el terreno

Karlos Zurutuza, periodista.

Nunca coincidieron juntos sobre el tablero kurdo desde que, en 2014, comenzaron a esbozar el índice del libro, pero se repartieron por la zona para ser testigos de cuanto sucedía de un confín al otro del Kurdistán. Y así han logrado tener ojos para entender cuanto pasaba desde Kobane a Raqqa; desde Qandil a Diyarbakir. “David había estado en Afrin y yo en la Yazira. Se trataba de zonas que otros periodistas no habían visitado ni cubierto, así que se nos ocurrió crear un índice que desembocó en el libro”, nos dice Zurutuza.

"La mayor parte de los periodistas que accedieron en su momento a Siria desde Turquía partieron a cubrir la batalla de Alepo, mientras yo me fui a Afrin"

“La mayor parte de los periodistas que accedieron en su momento a Siria desde Turquía partieron a cubrir la batalla de Alepo, mientras yo me fui a Afrin, al que dedicamos un capítulo, en primera persona, como el resto del libro, al final de la obra. De hecho, esa era la clase de historias que queríamos contar para ayudar a comprender lo que sucede en ese entorno”, añade Meseguer.

Sale inevitablemente a colación, mientras charlamos de la obra el nombre de su prologuista, Manuel Martorell, a quienes ambos rinden el respeto que merece el primero de los periodistas españoles que sacó al pueblo de las tinieblas en sus años de El Mundo. Los dos primeros libros del navarro fueron la lectura obligada de todos los reporteros que con los años, decidieron implicarse con las minorías de Mesopotamia. “Es uno de los periodistas por quienes más respeto tengo. Y al igual que él, el hecho de que nosotros regresáramos una y otra vez, es lo que a la postre nos ha permitido contar una historia en el tiempo. Queríamos poner el acento en esos testimonios que la Prensa suele ignorar y que, sin embargo, te ayudan a entender lo que sucede más allá de las simples efemérides”, dice el periodista donostiarra.

“Zurutuza es uno de los reporteros que más viaja y que menos países visita”, llegó a decir de él con socarronería uno de sus colegas, a propósito de su arraigada costumbre de peregrinar a las viejas tierras de Mesopotamia al menos una vez al año. Pero era una boutade, se sobreentiende. En realidad, ha visitado más de cincuenta países. Dentro de un par de días regresará a algún lugar del norte de África.

“Y es precisamente nuestra condición de 'reincidentes' la que nos ha ayudado a explicar cómo evolucionan los distintos personajes”, apostilla el valenciano. Los relatos que contiene la obra son más actuales que nunca, claro que todas las historias kurdas y del resto de los pueblos que se disputan el Creciente Fértil y sus aledaños son, como regla general, siempre actuales. Es la maldición del petróleo y de aquellos estados-nación endiabladamente mal paridos por las potencias occidentales que descolonizaron el Magreb y Oriente Medio.

Sin noticias de la revolución

Necesariamente, nos sentimos en la obligación de preguntar si el interés entre la gente por un pueblo como el kurdo justificaba su trabajo. “Definitivamente, sí”, responden ambos. “Vivimos en unos tiempos en los que cada vez es más complicado dar con periodismo de calidad, pero esto es como todo, si a la gente no le ofreces propuestas aceptables, tampoco puedes reprocharle después su indiferencia. Y aún a pesar de ello, el interés es mayor del que se piensa”, afirma el donostiarra, a lo que añade Meseguer: “Es cierto, sin embargo, que más allá de los combates, la atención por estos asuntos suele restringirse a cierto tipo de medios. Hay diarios que jamás van a dedicar una palabra a la revolución social que allá se está gestando o a sus avances educativos, por citar algún ejemplo”.

La historia de los kurdos es también la historia de los Estados y gobiernos que les disputan sus derechos. No hay, en realidad, una cuestión kurda, sino múltiples conflictos y múltiples actores. “En Turquía, por ejemplo, deben a hacer frente a Erdogan, un egomaníaco que dirige el país como si le perteneciera y que tiene subyugado no sólo a los kurdos, sino a todo el pueblo turco”, explica Zurutuza. “Turquía es el mayor problema para la estabilidad de Oriente Medio”.

“En Irak -prosigue Meseguer, hay un nuevo presidente, que es el sobrino del anterior, y miembro del clan de los Barzani. En este escenario, lo que hay son dos grandes familiar kurdas y otros tantos partidos repartiéndose el pastel, no sólo del poder político, sino de los ingresos económicos del conjunto del pueblo. El mejor ejemplo de la corrupción y la absoluta ausencia de libertad que caracteriza a ese escenario es el modo en que los Barzani instrumentalizaron el referendum de independencia de hace dos años para perpetuarse en el poder”.

Y en medio de estos bucles infinitos de corrupción y violencia, emergió el nuevo paradigma ideológico que inspira tanto a los kurdos de Siria como a los de Turquía. También de ello habla el libro. “Abdula Ocalan trazó una nueva hoja de ruta y decidió apostar por una mayor autonomía cuando entendió que los Estados en los que los kurdos combaten son bloques casi monolíticos y muy difíciles de desintegrar”, dice el valenciano.

El Daesh sigue vivo

El llamado “confederalismo libertario” ha sido implementado en Siria en medio de una guerra contra Turquía y el Daesh. Hace ahora algunos meses, se anunciaba la derrota del Estado Islámico contra los que estos combatían junto a los árabes y los siriacos, bajo la bandera de la coalición liderada por Estados Unidos. “En realidad -nos cuenta Zurutuza-, perdieron el territorio pero conservan todavía algunas zonas diminutas y aunque la Prensa no se haga eco de ello, los kurdos siguen sufriendo atentados suicidas o secuestros. Era obvio que el Estado Islámico estaba en un proceso de transformación a algo semejante a Al Nusra: una organización que ya no domina un territorio pero que sigue siendo capaz de sembrar la muerte mediante células durmientes”.

Ni a Meseguer ni a Zurutuza les parece comparables los choques entre identidades que alientan algunos, que no todos, los conflictos que han desangrado Irak o Siria, con las tensiones políticas de España. “En todo caso, si hay algo en común es que tanto en Irán, como en Irak, Siria o Turquía hay una cuestión pendiente de resolver con los kurdos, del mismo modo que en España hay un conflicto vasco sin resolver, o un conflicto catalán, en el que ahora percibimos a dos partes enrocadas”, asegura el valenciano.

A juicio de Zurutuza, la creación de pequeñas zonas autónomas esencialmente configuradas de acuerdo a identidades étnicas o confesionales como las que en su día reclamaban los cristianos o los sunníes iraquíes sólo sería una solución a corto plazo para evitar baños de sangre. “A largo plazo -precisa Meseguer- los estados étnicos no pueden ser nunca la respuesta a los conflictos y a la complejidad de las relaciones humanas. Y esa es la grandeza del modelo del municipalismo libertario que han articulado los kurdos de Rojava, el único espacio de Oriente Medio donde se ha creado una democracia multinacional y multiétnica plenamente operativa”.