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El 'sanderismo' después de Sanders

Con Hillary Clinton como candidata 'in pectore' del Partido Demócrata a las elecciones presidenciales, la gran duda que surge ahora es qué va a pasar con el movimiento político surgido en torno a la candidatura del senador a corto, a medio y a largo plazo.

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Bernie Sanders saluda a un votante en Philadelphia. - REUTERS

Los resultados de las primarias del pasado martes en los Estados del corredor Acela (Rhode Island, Connecticut, Pennsylvania, Delaware y Maryland) han dejado claro que Hillary Clinton será la candidata del Partido Demócrata a las elecciones presidenciales del próximo noviembre. Aunque matemáticamente aún sea posible la remontada, políticamente no lo es. Habiendo perdido por goleada en el Sur, en Nueva York y en los estados más poblados del Noreste, resulta evidente que el mensaje de Sanders no ha llegado a los sectores del electorado que podrían permitir esa remontada.

Aunque desde el equipo del Sanders se siga vendiendo que la batalla no está perdida y que el objetivo, si no se consigue vencer en el número de delegados electos, es llegar hasta la Convención de Philadelphia para convencer a los superdelegados de que el senador es la mejor opción para noviembre, lo cierto es que nadie, salvo los muy acérrimos, está dispuesto a creérselo. Esa estrategia chocaría, además de contra la lógica más elemental, contra la postura mantenida inicialmente por la propia campaña de Sanders y por organizaciones cívicas que le han apoyado, como MoveOn.org y Democracy for America, que vienen clamando desde hace años contra el excesivo poder de los superdelegados dentro del Partido Demócrata.

Sanders ha demostrado que términos como “revolución” o “socialismo democrático” pueden salir de la marginalidad y llegar a ser 'mainstream' en EEUU

¿Qué puede y que debe hacer Sanders ahora? A corto plazo, si estuviéramos ante una competición “normal”, a un candidato que estuviese en la situación de Bernie Sanders no le quedaría otra salida honrosa que plegar velas y cerrar filas con Hillary Clinton. Muchas voces en el Partido Demócrata empiezan a señalar que el empecinamiento del Senador por Vermont no hace sino profundizar la división en el seno del partido y del electorado progresista, además de suponer un enorme gasto de dinero que sería conveniente reservar para la batalla final contra los republicanos. La continuidad en la carrera, según esta postura, para lo único que sirve es para debilitar al partido y a la candidata Clinton de cara a noviembre.

Pero no estamos ante una competición “normal”. Desde que se lanzó a la arena de la campaña presidencial, Sanders dejó muy claro que su objetivo no era sólo competir por la nominación, sino que se trataba de poner en marcha una auténtica “revolución política”. Aunque ha fracasado en su objetivo inmediato, lo cierto es que la campaña de Sanders ha demostrado que hay una nueva forma de hacer política y que puede ser viable en capas cada vez más amplias de la población. En otras palabras, ha demostrado que términos como “revolución” o “socialismo democrático” pueden salir de la marginalidad y llegar a ser mainstream en EEUU.

En términos más concretos, la campaña de Sanders ha conseguido también ciertos logros inmediatos nada despreciables. No sólo ha dado visibilidad a temas como la desigualdad económica o el acceso a la educación superior, sino que ha forzado a Hillary Clinton a adoptar posiciones más comprometidas (por ejemplo en relación con el acuerdo comercial Trans-Pacífico), inclinando en general las posiciones del Partido Demócrata hacia la izquierda.

El senador de Vermont no es un candidato al uso y, por eso mismo, no es probable que se retire de la carrera 

Sanders no es un candidato al uso y, por eso mismo, no es probable que se retire de la carrera. Desde que lanzó su candidatura, ya manifestó que su intención era llegar hasta la Convención de Philadelphia a finales de julio. Es muy probable que cumpla con su palabra, aunque sólo sea para permitir que los ciudadanos de todos los Estados tengan la oportunidad de votar por él. Pero hay diferentes formas de permanecer en la carrera: se puede seguir luchando a cara de perro hasta el último voto o se puede permanecer en la competición, pero sin competir realmente, solo para dar la batalla de las ideas, una vez perdida la de las personas.

Así pues, lo que parece más probable es que, a partir de ahora, Sanders rebaje el tono agresivo y personal de su campaña de las últimas semanas y vuelva, de alguna manera, a sus orígenes, es decir, a ser un candidato centrado en el mensaje, centrado en los temas sobre los que giraba inicialmente su candidatura: desigualdad, salario mínimo, acceso a la sanidad y a la educación, debilitamiento del poder de Wall Street, reforma de la financiación política, etc. Pero lo interesante no es saber qué va a hacer Sanders en los próximos meses, lo verdaderamente relevante es saber si el movimiento político que ha puesto en marcha va a tener continuidad a medio y largo plazo.

Sanders se dirige a trabajadores de su campaña en la ciudad de Salem. - REUTERS

Sanders ha creado en torno a su candidatura una coalición muy heterogénea de organizaciones de base y de personas de muy diversos orígenes. Más en particular, Sanders ha creado una formidable maquinaria de recaudación. En los últimos tres meses, ha superado la capacidad recaudatoria de Clinton y lo ha hecho, básicamente, a través de pequeñas donaciones de personas físicas (la donación media que ha recibido es de tan sólo 27 dólares). Sería un grave error que todo ese dinero se malgastase en una guerra que simplemente ya no se puede ganar. Desde luego, no parece que esa sea la estrategia correcta para Sanders si quiere que las ideas por la que ha luchado penetren más en el Partido Demócrata.

La jugada más inteligente para el senador sería poner su maquinaria de movilización y recaudación al servicio de una idea que siempre ha estado en el centro de su “revolución política”: movilizar a las capas más jóvenes de la población descontentas con el sistema y hacer que ese descontento se transforme en votos a favor de los candidatos progresistas no sólo en las elecciones presidenciales, sino también ─y de manera especialmente relevante─ en las elecciones legislativas.

La campaña de Sanders ha empezado a colaborar económicamente con algunos candidatos “rebeldes” que se han enfrentado al aparato del Partido Demócrata en algunos Estados

Si en lugar de emplear sus recursos en anuncios de televisión, Sanders decidiese fortalecer y dotar de estabilidad a su plataforma de movilización política, ello podría ayudar de forma decisiva a que los candidatos más progresistas del Partido Demócrata tuvieran un protagonismo mayor en el Congreso en los próximos años.

Durante los últimos ocho años ─los que Obama ha estado en la presidencia─, el electorado progresista, especialmente el más joven (los millennials), se ha caracterizado precisamente por su apatía a la hora de participar en las elecciones legislativas, en particular en las que se celebran a mitad del mandato (las midterms). Ello les ha puesto en bandeja el control de las dos cámaras del Congreso a los Republicanos.

De momento, la campaña de Sanders ha empezado a colaborar económicamente con algunos candidatos “rebeldes” que se han enfrentado al aparato del Partido Demócrata en algunos Estados, pero este tipo de colaboración ha estado sobre todo ligada al apoyo que esos candidatos daban al propio Sanders. Ahora ha llegado el momento de que esta colaboración se haga más amplia y empiece a llegar a otros candidatos progresistas que están compitiendo por conservar o por reconquistar sus escaños en circunscripciones difíciles ante candidatos republicanos extremadamente bien financiados por Super PACs empresariales.

Aunque Sanders no consiga su “revolución” puede hacer algo quizás más importante y con más calado. La política norteamericana no se presta a cambios revolucionarios, sino más bien a avances graduales que se van consolidando con el tiempo. En este sentido, después del Sanders candidato puede haber cabida para el “sanderismo” entendido como un movimiento de renovación política de más largo alcance. El viento sopla de cola para un movimiento de estas características, pues la evolución demográfica del país va en ese mismo sentido.

En este orden de ideas, algunas de las organizaciones que han estado dentro de la campaña de Sanders o próximas a ella están ya planificando realizar un encuentro en Chicago una vez termine la temporada de primarias, a partir de mediados de junio. Se trata de dar vida a una plataforma estable en la que grupos muy heterogéneos puedan trabajar de cara al futuro sobre una serie de objetivos comunes.

Algunas de las organizaciones que han estado dentro de la campaña de Sanders están planificando un encuentro para dar vida a una plataforma estable

El liderazgo de este movimiento de acercamiento (podríamos llamarlo “confluencia”) lo está ejerciendo, de momento, la organización People for Bernie, la cual está directamente vinculada con el movimiento Occupy Wall Street, y el Sindicato Nacional de Enfermeros/as, el cual ha apoyado a Sanders desde el principio y ha recaudado alrededor de tres millones de dólares para su campaña en 2016. También se espera la participación del grupo ecologista 350.org y de otros grupos de activistas políticos como Progressive Democrats of America y Democratic Socialists of América. Junto a estas organizaciones de carácter nacional, dentro del movimiento de apoyo a Sanders también hay que contar a cientos de grupos de voluntarios que han surgido con carácter local en todos los Estados, aunque muchos de ellos carecen totalmente de estabilidad.

Por supuesto, Sanders no ha inventado la pólvora. El movimiento progresista que ha apoyado su candidatura ya existía antes de que él llegara, pero el mérito de su campaña es que ese movimiento se ha expandido y ha llegado a capas de la población que nunca antes habían estado expuestas a este tipo de ideas. Además, la campaña de Sanders le ha dotado a este movimiento de una cierta cohesión y unidad de acción, lo cual puede ser fundamental de cara al futuro.

Quién sabe si este movimiento no podría ser el germen de una nueva corriente política en la que tendrían cabida gente proveniente del ala más progresista del Partido Demócrata, independientes (como lo era el propio Sanders antes de embarcarse en su candidatura), líderes de organizaciones de base centrados en distintos temas (discriminación racial, movimiento LGTB), activistas medioambientales, sindicalistas, líderes del movimiento estudiantil, etc. Muchas de las personas que han apostado por Bernie Sanders no conciben que todo acabe cuando se apaguen las luces de la feria electoral.

*El autor es profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Valladolid. Ha sido investigador visitante en el Washington College of Law (American University) y en la Universidad de Toronto.