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"Santa Claus nunca llevó metralleta para regalar"

El espíritu solidario recorre Puerto Príncipe y se extiende a otras ciudades

DANIEL LOZANO

Radio Signal FM no ha dejado de emitir desde que el terremoto del 12 de enero también hizo temblar la voz de Jean Apolon. Transcurridos diez días, el locutor mantiene sus líneas abiertas para que los haitianos de dentro, y también de fuera, pregunten por sus desaparecidos. Un torrente de dudas y esperanzas que no cesa. Puñetazos de vida o lamentos de muerte.

- Apolon, ¿qué historia humana le ha emocionado más en estos días de tragedia?

"El haitiano tiene mucho orgullo. Viene a pedir por la puerta de atrás"

- La solidaridad de la gente.

Haití rebosa héroes. Los hay en cada esquina, en cada campo de refugiados, en cada hospital. Muchos dieron su vida durante el terremoto. Otros la dan todos los días. Como Wifford Guerrier, El ángel de Canneau, que todos los días recoge a un grupo de niños de las favelas olvidadas para trasladarlos al restaurante Mum Cheez, donde otro ángel, Jean Pierre Bailly regala 1.000 platos de comida diarios. Este gigante haitiano recorre distintos campos de refugiados, colocando una pulserita de plástico, que en principio iba destinada a las fiestas de carnaval, para los elegidos que esa noche comerán caliente en sus tres restaurantes.

"El terremoto respetó a mi familia. Y tenemos buenas condiciones económicas. Un chef francés se ha ofrecido a cocinar todos los días para que tengan un plato caliente, con salchichas, atún, arroz"

Wifford y Jean Pierre regalan miles de platos de comida cada día

Jean Pierre es un convencido del poder de la sociedad haitiana para salir del caos, incluso por encima de la ayuda internacional. "Santa Claus nunca llevó metralleta para regalar", resume sarcástico. "El haitiano tiene mucho orgullo, mucha gente viene a pedir a mi restaurante por la puerta de atrás, no les gusta que les vean", confiesa.

"Unidos somos fuertes". No es el lema de Jean Pierre, aunque lo parezca. Así clama el himno de Haití. Arthus Silvestre también se ha puesto manos a la obra para reivindicar unas palabras que en demasiadas ocasiones son sólo palabras. Es el jefe civil del campamento de refugiados de Parque 10, donde las redes sociales han comenzado a funcionar. Los hombres más fuertes buscan agua y cargan con ella. Los más afortunados, los que tienen dinero, consiguen arroz, plátanos y otras viandas que luego las cocineras preparan en ollas comunes. Y por la noche vigilan, como ahora, con unas linternas en medio de la oscuridad. Hoy le toca a un jovencito de la Escuela Nelson Mandela, otra de las que también fulminó el terremoto (el 50% y las tres principales universidades del país).

Los capitalinos con familiares fuera de la ciudad prefieren el éxodo

Unas cuantas manzanas al norte ha crecido otro campo de refugiados, en el parque del Tribunal Civil. La organización es parecida. Jean Pierre, con la ayuda de haitianos enganchados a Facebook, ha conseguido que el alcalde de West Palm Beach done 3.000 baños portátiles y tres minihospitales. Está claro: los haitianos, unidos, sí son fuertes.

La Televisión Nacional de Haití también lo sabe. Por eso sigue emitiendo varias horas de programación todos los días pese a los daños sufridos por su edificio. La nueva redacción comparte penurias con decenas de refugiados en lo que fue el jardín de la emisora. Nadie se queja.

Las pocas pantallas que en la capital siguen recibiendo sus imágenes también han comprobado cómo el efecto dominó de la solidaridad recorre Puerto Príncipe y llega a las poblaciones cercanas, objetivos del éxodo de los capitalinos. "Allí tenemos comida segura, ya sea con familiares o con amigos", dice convencido Jean Florant antes de subir a la camioneta que le lleva hasta su nueva vida.

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