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Sarkozy quiere evitar que el atentado de Tolouse entre en la campaña

Cree que seguir solo la pista de los militares neonazis puede favorecer al Frente Nacional de Marine Le Pen. El mandatario ha elevado el estado de alerta en la zona al nivel escarlata, el más elevado

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No solo los tres militares neonazis que fueron retratados en 2008 en la prensa fotografiándose con una esvástica. Nicolas Sarkozy no quiere que se deje de investigar la posibilidad de que el asesinato ayer de cuatro personas -un rabino y tres niños- a las puertas del colegio judío Ozar Hatorah de Tolouse pueda ser obra de un islamista radical o simplemente de un perturbado aislado.

Todo para evitar los posibles efectos que pueda tener el atentado en la campaña por las elecciones generales. Para el diario Le Monde, lo que está intentando el mandatario, que se presenta a la reelección es que no se repita el conocido como síndrome de Carpentras.

En 1990, en esa localidad francesa, fue asaltado un cementerio judío y se acusó al Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen, entonces líder del partido de extrema derecha, de fomentar este tipo de comportamiento antisemita.

Le Pen, recurriendo al victimismo, se negó a que se relacionara a su formación con aquel suceso, dijo que se trataba de un complot para penalizar su participación en las elecciones y pidió disculpas públicas. Solo seis años después se condenó a un ultra por los hechos.

En plena campaña electoral y con los sondeos en contra, esta vez Sarkozy no quiere que nadie -incluido él mismo- utilice el atentado. Le Monde va más allá y pone como ejemplo los atentados del 11-M en Madrid y  el esfuerzo del expresidente José María Aznar para intoxicar a la opinión pública insistiendo en la trama de ETA.

Puede parecer un poco retorcido pero no lo es tanto. Si el responsable es un extremistra de derechas, es obvio que las formaciones de centro y de izquierda se pueden ver favorecidas contra el FN y contra el propio Sarkozy, que en las últimas fechas ha radicalizado su discurso para rascar los votos del electorado ultra. 

Si en cambio se trata de de un islamista radical, la izquierda será acusada de buenista y de proteger la inmigración y entonces tanto el FN como Sarkozy saldrían beneficiados.

Para el presidente, lo mejor es que nadie intente instrumentalizar lo sucedido ayer, sin obviar tampoco que, como dijera a última hora de ayer "está claro de que se trata de un acto racista". Sarkozy se ha tomado el asunto tan en serio que ayer decidió elevar el estado de alerta en la región Midi-Pyrénées por primera vez al nivel escarlata, el más elevado.

Algunos candidatos decidieron suspender por unos días la campaña, aunque Sarkozy ya ha recibido el recado de varios de ellos. El primero fue Jean Luc Mélenchon, del Frente de Izquierda, quien pidió "que algunos moderen sus palabras y sus declaraciones durante la campaña".

François Bayrou, presidente del MoDem centrista y que no quiso parar su campaña, aseguró ayer que "hay un grado de violencia y estigmatización en la sociedad francesa que está a punto de estallar. Es inaceptable".

Esta mañana aseguró que "me parece necesario que cuano al país se le presentan situaciones tan profundas es necesario que hablemos a nuestros ciudadanos". 

El dispositivo del Ministerio de Interior francés que define el nivel de alerta en el que se encuentra el país se llama Vigipirate. Fue creado a mediados de los noventa y tiene cuatro niveles: amarillo, naranja, rojo -a partir de 2005 tras los atentados del 7-J en Londres- y escarlata. Este nivel es el máximo y es el que ayer decretó Sarkozy en la región Midi Pyrénées.

El nivel escarlata está concebido para "prevenir el riesgo de atentados de gran escala, poner en funcionamiento a las fuerzas de seguridad del Estado y organizar una respuesta apropiada ante una emergencia de este tipo, establecer medidas particularmente restrictivas, y para proteger a las instituciones", según reza la web de Interior.  

Sobre las medidas excepcionales permitidas durante el nivel escarlata aparecen controles en la línea de ferrocarril, restricción o prohibición total de circulación en túneles, suspensión del espacio aéreo civil y la limitación o restricción del servicio del suministro de agua así como la puesta en marcha de un sistema de reparto de agua alternativo.

Además, la aplicación del nivel escarlata puede provocar la suspensión del servicio público de transportes y el cierre de los colegios.

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