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Un senado adverso sentencia el futuro del Gobierno de Prodi

El primer ministro obtuvo ayer la confianza del Congreso entre rumores de su dimisión

PUBLICO/AGENCIAS

Romano Prodi ganó ayer un día más en su intento de mantener a flote su Gobierno, un esfuerzo que sus adversarios consideran vano. La coalición variopinta de centro-izquierda está seriamente comprometida por el abandono del partido del ministro de Justicia Clemente Mastella, que dimitió por acusaciones de corrupción.

Prodi despertó ayer los rumores sobre una posible dimisión con una audiencia no anunciada con el presidente Giorgio Napolitano, de la cual no han trascendido detalles.

En una repetición fidelísima de lo que sucedió el mes de febrero, cuando Prodi se sometió también a una moción de confianza del Parlamento tras una crisis de Gobierno, el primer ministro salió ayer bien parado de un primer embite al obtener el apoyo de 326 de los 601 diputados que acudieron a la votación de la Cámara Baja.

Hasta ahí, ninguna sorpresa, los números jugaban a favor de Prodi, que deberá afrontar hoy el auténtico reto; el voto en el Senado italiano, donde la mermada coalición gubernamental está en minoría desde la espantada del democristiano Unión Democrático para Europa (UDER) de Mastella.

Posibilidades mermadas

Prodi esperaba contar con votos suficientes, incluyendo los de varios senadores vitalicios, en la Cámara Alta para aprobar por los pelos, pero a medida que avanzaba el día, las cosas se fueron poniendo más difíciles.

Dos senadores, Franco Turigliatto, díscolo de Refundación Comunista que fue expulsado de este partido de la coalición por haber provocado la anterior crisis de Gobierno, y Domenico Fisichella, radical libre en el Parlamento italiano, anunciaron que votarán en contra de Prodi.

Las escasas posibilidades de superar el escollo del voto en el Senado llevaron a la prensa italiana a conjeturar acerca de una posible dimisión del jefe del Gobierno antes de someterse al voto de confianza en el Senado, con el fin de evitar una más que previsible humillación.

Il Corriere della Sera recogía la hipótesis de que Napolitano podría haberle recomendado la dimisión con la intención de ahorrarle el desgaste político de una moción de confianza no superada.

El diario milanés citó a Giovanni Russo Spena, jefe del grupo parlamentario de Refundación Comunista, que consideró que evitando a la Cámara Alta, Prodi tendría "más posibilidades de ser nombrado al frente de un nuevo Gobierno, que lleve a buen puerto la reforma electoral". Pero, a la salida de la Cámara Baja, las ministras Emma Bonino y Barbara Pollastrini, descartaron esta hipótesis.

Las cábalas sobre el futuro, si el Gobierno italiano cae hoy tras el voto en el Senado, siguen a toda marcha. Van desde el nombramiento de un segundo Gobierno Prodi o de un gabinete de tecnócratas a la convocatoria de elecciones anticipadas. Esta última opción es la que pretende evitar a toda costa el presidente Napolitano, que aspira a reformar antes de los comicios la ley electoral, considerada el molde de gobiernos frágiles y efímeros.

 

Poco antes de las elecciones de 2006, el anterior jefe de Gobierno, Silvio Berlusconi cambió la ley electoral con intención de favorecer a su coalición de centro-derecha. Perdió, pero el nuevo sistema electoral atomizó aun más el Parlamento italiano y dejó al Gobierno Prodi con una mayoría mínima en el Senado y, por ende, sin ningún margen de acción.
El sistema mayoritario, vigente entre 1994 y 2006, permitía elegir mayorías de Gobierno más fuertes, lo que paliaba en parte las componendas de los pequeños partidos políticos que tanto han marcado la política italiana de los últimos 50 años.
La reforma de esta ley es una prioridad para Romano Prodi, que quiere evitar nuevos gobiernos lastrados y sometidos al Senado.
El ex ministro de Justicia Clemente Mastella no sólo dimitió por las acusaciones de corrupción; también pretende impedir la reforma de la ley electoral, que favorece a los partidos pequeños. Gracias a esta ley, su formación, que sólo obtuvo un 1,4% de los votos, ha tenido entres sus manos provocar una crisis de Gobierno.

 

 

 

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