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Siria reprime a tiros la rebelión popular en numerosas ciudades

La Policía dispara contra los manifestantes y da muerte a una veintena de personas

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

La rebelión popular en el sur de Siria se extendió a casi todo el país, donde estallaron protestas de miles de personas en varias ciudades, incluida Damasco, en las que los manifestantes que exigían reformas democráticas fueron reprimidos a tiros por las Fuerzas de Seguridad.

La cadena de televisión qatarí Al Yazira afirmó que la Policía siria mató a tiros a una veintena de manifestantes en la localidad de Sanamein, muy cerca de la ciudad sureña de Derá, que ha sido el epicentro de la revuelta que comenzó el viernes de la semana pasada.

Las protestas más multitudinarias volvieron a tener lugar en Derá, donde varios millares de manifestantes quemaron una estatua de bronce de Hafez al Asad, el padre del actual presidente Bashar al Asad, y gritaron consignas contra el régimen y contra varios familiares del presidente en particular. En Derá, donde en la última semana han sido abatidas casi medio centenar de personas (al menos 37 manifestantes), las Fuerzas de Seguridad acabaron disolviendo la principal manifestación con fuego real. Las autoridades alegaron que la Policía únicamente disparó al final de la marcha, cuando se atacó a los agentes con armas de fuego.

Las concentraciones se produjeron después de la plegaria del mediodía en las mezquitas y llegaron a algunas de las ciudades más populosas del país, como Homs, Hama, Lataquia, Zabadani o Raqqa, contando con centenares e incluso millares de participantes. Al mismo tiempo, prácticamente en todas las localidades, incluidas Derá y Damasco, hubo manifestaciones de adhesión al régimen, a veces de grandes proporciones. En algunos casos se registraron enfrentamientos violentos entre ambos grupos.

El hecho de que la participación en las protestas fuera limitada en el conjunto de Siria puede revelar dos cosas. En primer lugar, es posible que mucha gente tenga miedo y prefiera quedarse en su casa. Pero también puede reflejar que muchos sirios temen que una caída del régimen conduzca a una guerra civil o a una situación similar a la que se vive en Irak desde la intervención aliada en 2003. Precisamente, cientos de miles de iraquíes se han refugiado en Siria en los últimos años.

El Gobierno de Asad prometió el jueves llevar a cabo reformas políticas de gran calado y luchar contra la corrupción, y todo indica que si el régimen no cumple ahora su palabra, las protestas populares se extenderán por todo el país y se creará una situación imposible de gestionar, como ocurrió en Túnez y Egipto en enero y febrero.

Para contener la rebelión, Damasco tendría que derogar de inmediato la ley marcial que está en vigor desde que el partido Baaz tomó el poder en 1963 y que permite la detención de sospechosos sin la autorización del juez. Sería también imprescidible agilizar la legalización de los partidos políticos y proceder a la liberación de millares de presos de conciencia, lo que significaría que el régimen está dispuesto a cambiar y a abrir el debate político.

En la mente de todos los sirios están los trágicos sucesos de 1982 en Hama, cuando el Ejército aplastó una rebelión islamista de los Hermanos Musulmanes que amenazaba con extenderse a otras ciudades, causando la muerte a millares de personas. Desde entonces, los islamistas han estado muy controlados por las Fuerzas de Seguridad y sus líderes han tenido que exiliarse o permanecen en prisión.

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