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El Supremo de Brasil planta cara a Bolsonaro y tipifica la homofobia como un delito penal similar al racismo

El presidente del país, un autoproclamado "homófobo orgulloso", criticó a la Corte cuando el mes pasado los jueces anunciaron la decisión que finalmente han tomado este jueves.

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Una bandera gigante del orgullo LGBT, en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro. - AFP

La Corte Suprema de Brasil decidió este jueves que la homofobia es equivalente al racismo y por tanto debe tratarse en la ley como un delito penal similar. La sentencia fue emitida en la sexta sesión que el Supremo ha dedicado al caso desde finales de 2018 y era esperada por los colectivos LGBTI+, que la consideraron "histórica" para un país en el que al menos una persona es asesinada cada día por los prejuicios que persisten en relación con la orientación sexual.

"La orientación sexual y la identidad de género son esenciales para los seres humanos, para la autodeterminación para decidir su propia vida y buscar la felicidad", señaló el juez Gilmar Mendes, según indicó el Supremo a través de su cuenta en la red social Twitter.

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, criticó a la Corte cuando el mes pasado los jueces dejaron claro que votarían a favor de criminalizar la homofobia. Además, el mandatario, un autoproclamado "homófobo orgulloso", decidió eliminar las responsabilidades LGBT del Ministerio de Derechos Humanos y ha llegado a declarar, entre otras cosas, que Brasil no debe convertirse en un "paraíso para el turismo gay".

La homofobia es común en Brasil, un país profundamente religioso en el que tanto la Iglesia católica como el movimiento popular evangélico cristiano son fuertemente críticos contra los derechos de los homosexuales. Asimismo, la violencia contra las personas LGBT está muy extendida. Al menos 320 personas LGBT fueron asesinadas en Brasil en 2018. En lo que va de año, se han registrado 126 asesinatos, según el Grupo Gay da Bahia. 

La decisión del Supremo llega después de que se iniciara un juicio a petición del Partido Socialista Brasileño (PSB). La formación denunció una "omisión del Parlamento" en un asunto vinculado a los derechos humanos que se mantenía hasta ahora, pese a haber diversos proyectos de ley en ese sentido, bloqueado por las presiones de los sectores más conservadores de la sociedad.

De hecho, el Frente Parlamentario Evangelista, integrado por cientos de diputados y senadores que profesan esa religión, había pedido al Supremo que postergase el juicio y diera más tiempo al Parlamento para pronunciarse sobre el asunto. No obstante, el presidente del tribunal, José Antonio Dias Toffoli, mantuvo el caso en la agenda del Supremo, pues el juicio comenzó a finales del año pasado y también porque, según explicó, el Parlamento "ha tenido más de treinta años, desde la promulgación de la Constitución de 1988, y aún no ha decidido".

Las únicas divergencias entre los once ministros fueron planteadas precisamente por Dias Toffoli y el magistrado Ricardo Lewandowski, quienes coincidieron en que el Supremo no puede, por un mandato constitucional, "legislar" sobre ningún asunto. Sin embargo, más allá de esos "pruritos legales", como definió Lewandowski su reticencia, ambos sí aceptaron que el Parlamento ha "ignorado durante tres décadas" la grave violencia y la discriminación que sufren los homosexuales en Brasil.

La sentencia aclara que permitirá a los practicantes de todas las religiones manifestar su oposición a las relaciones homosexuales, siempre y cuando sea "de acuerdo a sus libros y códigos sagrados" y no se incurra en la discriminación, que podrá ser castigada, como el racismo, con hasta cinco años de cárcel.

Los once miembros de la Corte hicieron alusión al sufrimiento al que son sometidos en Brasil los colectivos homosexuales en cada uno de sus pronunciamientos. La magistrada Carmen Lucia Antunes, en un emocionado discurso, dijo que "todos los seres humanos nacen libres e iguales y deben ser tratados con el mismo espíritu de fraternidad", y agregó que "lo que se busca es dotar de una protección inmediata a aquellos que son discriminados y han sido marginados" hasta por las leyes.

"Todo prejuicio es violencia. Toda discriminación es violencia. Toda discriminación es una forma de sufrimiento. Pero algunos de esos prejuicios causan más sufrimiento, porque castigan desde el hogar y por la sola circunstancia de intentar ser lo que se es", dijo. En ese mismo marco, Antunes planteó que "es siempre apropiado preguntar quién es diferente y quién dijo que es diferente" porque en "esta sociedad la mujer es diferente, el negro es diferente y el homosexual es diferente, pero sólo son diferentes de aquel que trazó el modelo".