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Washington Washington quiere ser el Estado 51

El Congreso aprobó el viernes la resolución para convertir a la capital en un nuevo Estado de la Unión, el Washington, Douglass Commonwealth. El último en incorporarse al país fue Hawái en 1959. La estatalidad del Distrito de Columbia pasará ahora al Senado, cámara de mayoría republicana que se opone a su estatalidad por motivos políticos.

Un arcoíris sobre el monumento a Lincoln, en Washington, EEUU.- REUTERS
Un arcoíris sobre el monumento a Lincoln, en Washington, EEUU.- REUTERS

La incorporación de Hawái a la Unión en agosto de 1959 conformó la actual configuración territorial de Estados Unidos. 61 años después, la capital, Washington, o técnicamente el Distrito de Columbia (DC), quiere convertirse el Estado 51º del país. De lograrlo, lo haría con otro nombre: la Washington, Douglass Commonwealth.

La Cámara de los Diputados del Congreso aprobó el viernes por abrumadora mayoría (232 frente a 180 votos) una resolución en favor del nuevo Estado. La propuesta deberá ser aprobada por al Senado para que se haga realidad. La cámara alta, de mayoría republicana, tendrá la última palabra. Tanto ella como Donald Trump se oponen a hacerla realidad.

La resolución aprobada el viernes llegó de la mano de la congresista washingtoniana Eleanor Holmes Norton. "Lleva 30 años trabajando en esta propuesta. El voto del viernes fue histórico", asegura a Público una portavoz de Norton.

El Distrito de Columbia vota en las elecciones generales cada cuatro años, sin embargo, no elige a ningún senador y sólo a un congresista, que tiene voz pero no voto en la Cámara de los Diputados. Esa congresista es, desde 1991, la demócrata Eleanor Holmes Norton, que es la responsable de la propuesta para el Distrito pero quien no pudo, por ello, votarla al viernes.

En 1993 hubo un intento similar para dotar de estatalidad a la capital, pero la resolución llevada al Congreso fue tumbada ampliamente en la Cámara de los Diputados y no prosperó, lo que dejó el asunto sepultado… hasta el viernes.

Sin derecho real a representación

De modo que los 705.000 habitantes de la capital nunca han tenido derecho real de representación en la misma medida que el resto de sus 326,3 millones de sus compatriotas, un hecho extravagante además de incoherente con uno de los lemas fundacionales del país, cuando los ingleses de América lanzaron su guerra contra Londres al grito de: No a los impuestos sin representación (No taxation without representation).

"La gente del DC paga impuestos, lucha en nuestras guerras, arriesgan sus vidas por nuestra democracia, pero… no pueden votar ni en la Cámara de los Diputados ni en el Senado sobre si Estados Unidos va o no a una guerra o cuántos impuestos pagar", aseguró ayer en el debate antes de la votación la presidenta de la Cámara de los Diputados, la demócrata Nancy Pelosi.

Antes de ser votada el viernes, la resolución había pasado el filtro decisivo de la Comisión de Supervisión y Reforma el 11 de febrero. Luego llegó la pandemia y el tema quedó enterrado bajo otras prioridades más acuciantes. Sin embargo, la muerte de George Floyd el 25 de mayo y la desaforada respuesta de Donald Trump a las protestas masivas surgidas en todo el país y especialmente en Washington, resucitaron de manera inaplazable la necesidad de la estatalidad para el Distrito de Columbia entre sus habitantes. La pugna durante esos días entre la alcaldesa, la demócrata Muriel Bowser, y Donald Trump en torno a la militarización de Washington y la gestión de las protestas en las calles de la capital fue un punto decisivo.

El 8 de junio, en plena vorágine de manifestaciones, Bowser tuiteó: "Vemos fuerzas federales usadas como artimaña política y el ejército estadounidense desplazado [a Washington] como si fueron soldados de juguete para intimidar a los ciudadanos de Estados Unidos. El mejor ejército del mundo nunca debería ser usado para dar miedo a sus compatriotas. Ésa es otra de las razones por las que demandamos la estatalidad del DC".

El 14 de junio, Día de la Bandera, añadió en otro tuit: "Recordamos a la nación que los 705.000 residentes de Washington, que son los que pagan más impuestos per cápita, todavía carecen de representación de voto [en las dos cámaras del Congreso]. ¡Merecemos la estatalidad ya!". "Nuestra lucha por la estatalidad para el Distrito de Columbia nunca ha sido más urgente", volvió a recalcar Bowser el 16 de junio, de nuevo en su cuenta de Twitter.

La propuesta de Norton llegó el viernes al pleno de la cámara baja con un amplio apoyo social y político. Más de cien organizaciones y 227 diputados y senadores la apoyan, si bien todos ellos eran demócratas. El escollo principal será convencer al Partido Republicano, que controla el Senado.

Trump: "DC nunca será un Estado. ¿Para qué? ¿para que los demócratas tengas más representantes?"

Esta cámara será quien decidirá en un voto final si Estados Unidos suma a Washington como el Estado 51º del país, salvo, como advierte la portavoz de Norton, que "alguien desafíe este voto y lleve el caso ante el Tribunal Supremo del país. Esta corte sólo jugaría un papel en esto si se produce un recurso de ese tipo", apunta, en alusión, aunque sin nombrarlo, a una posible futura acción de la administración Trump, si es que el Senado de su partido da luz verde a la estatalidad del Distrito de Columbia, lo que en estos momentos parece improbable.

Ya en mayo, en una entrevista con el medio conservador The New Post, el presidente afirmó rotundo: "DC nunca será un Estado. ¿Para qué? ¿Para que los demócratas puedan tener otros dos senadores y cinco congresistas más? No, gracias. Eso jamás ocurrirá". Como tantas otras declaraciones de Trump, esta contiene un elemento incierto. En Estados Unidos, el número de senadores es de dos por cada Estado, de manera que a Washington, de ser el 51º, sí que le corresponderían dos escaños; sin embargo, los diputados del Congreso se reparten proporcionalmente a la población.

Washington tiene 705.000 habitantes y los cinco Estados con menos de un millón tienen todos ellos un solo diputado en la cámara baja por lo que difícilmente se le asignarían cinco escaños. El Distrito de Columbia, por cierto, tiene más habitantes que Wyoming y que Vermont; después vendría el DC y tras él, Alaska, Dakota del Sur y Delaware.

Todos los alcaldes de Washington desde 1974,han sido negros y miembros del Partido Demócrata

La reacción de Trump contra las protestas del caso Floyd fueron un detonante no sólo porque dicha reacción fuera especialmente dura en Washington, donde una protesta pacífica fue atacada con balas de goma y gases lacrimógenos, sino porque el Distrito de Columbia es, históricamente, un territorio negro.

Hasta los años 60 y 70, la comunidad negra era tres cuartas partes de la ciudad; en la actualidad es casi la mitad de la población. De ser un Estado, será el que, por proporción, tenga más población negra. El siguiente sería Mississippi, con el 36% de población negra.

De hecho, todos los alcaldes de Washington, desde las primeras elecciones municipales celebradas en 1974, han sido todos negros y todos miembros del Partido Demócrata. Antes de esa fecha hubo varias maneras de nombrar al regidor local del Distrito de Columbia, pero todas ellas consistieron en diferentes métodos de designación directa usados por el gobierno federal, nunca mediante elecciones.

El primer alcalde electo en unos comicios fue Walter Washington, quien cuando tomó posesión en enero de 1975 se convirtió en el primer alcalde negro de la historia de Estados Unidos. Le sucedió desde 1979 a 1991, Marion Barry. En enero de 1991 tomó posesión Sharon Pratt, la primera alcaldesa negra de una gran ciudad en la historia del país; después repitió Barry y tras tres regidores más le tocó el turno, en enero de 2015, a la actual Muriel Bowser.

El primer regidor de Washington fue David Stuart, familiar de George Washington, primer presidente el país y quien lo designó para el cargo en enero de 1791, dos años después de iniciar aquél su primer mandato en la Casa Blanca.

De convertirse en Estado, Washington también sería en el que más fácilmente ganarían los demócratas. El 90% de los habitantes de la capital vota a ese partido. Y éste es el motivo principal por el que el Partido Republicano se opone a otorgarle la condición de Estado. El DC lograría casi por sistema dos escaños en el Senado, la cámara con más competencias en el sistema estadounidense, que pasaría de los cien escaños actuales a 102. En estos momentos, hay 53 republicanos, 45 demócratas y dos independientes, que suelen votar con los demócratas.

Refugio de esclavos 

En declaraciones a las cadenas públicas de radio NPR, la congresista del DC, Eleanor Norton, señaló ayer: "Mi bisabuelo, que huyó de la esclavitud en Virginia, llegó al DC y consiguió su libertad, pero no la igualdad [al poder votar pero no tener el Distrito escaños en el Congreso]. Por eso, pienso en esta resolución y pienso en mi familia y se la dedico a él, a Richard Holmes, mi bisabuelo".

Esta historia no es inusual. La capital es conocida por haber sido el refugio durante décadas de miles de negros que huían de sus cadenas en Estados esclavistas y se refugiaban en el Distrito de Columbia, ya como ciudadanos libres. Uno de los más conocidos personajes históricos que lo consiguió fue, precisamente, Frederick Douglass (1818-1895), que llegó ayer el orador más famoso del país y cuyos debates públicos con Abraham Lincoln han llenado muchas páginas de los libros de historia. En honor a Douglass se renombraría el Estado 51º.

En parte, la falta de estatalidad de la capital la provocó la propia Constitución de Estados Unidos, que en su artículo 1, sección 8, cláusula 17, dice que “el Congreso tendrá el poder de ejercer la legislación exclusiva en todos los casos sobre el Distrito (que no exceda las diez millas cuadradas) que, por cesión de estados particulares, y la aceptación del Congreso, se convierta en la Sede del Gobierno de los Estados Unidos”. En ningún momento habla de que la capital sea un Estado independiente sino de un territorio, el Distrito, gestionado por el Congreso y el gobierno federal.

Uno de los padres fundadores del país y cuarto presidente de Estados Unidos, James Madison, ya mencionó en los Papeles Federalistas, una especie de preconstitución americana, la "indispensable necesidad de una completa autoridad en la sede del gobierno [es decir, en Washington, puesto que] sin ella, no sólo la autoridad pública podría ser insultada y sus procedimientos interrumpidos con impunidad, sino que una dependencia de los miembros del gobierno federal hacia el Estado que comprendiera la sede del gobierno podría traer sobre los órganos federales una imputación de temor o influencia".

Sin embargo, es poco probable que los padres fundadores que escribieran jamás pensarían que Washington dejaría de ser aquellas millas cuadradas de campo y de tierras pantanosas junto al río Potomac para convertirse en la actual ciudad hecha y derecha de 705.000 habitantes; la ciudad hecha y derecha que quiere ser, al fin, mayor de edad y pide convertirse en el 51º Estado de la Unión.

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