Gonzalo de Lecea, el piloto de trial de casi 70 años que se mantiene en forma a la espera de un relevo generacional
Su historia ilustra sobre cómo el trial clásico se sostiene hoy sobre la perseverancia y el compromiso de una generación que se niega a renunciar a aquello que le dio sentido durante décadas.

Madrid--Actualizado a
Gonzalo Victoria de Lecea es un claro ejemplo de perseverancia e ilusión por lo que más le gusta. Este deportista, a punto de cumplir 70 años, sigue compitiendo con la misma motivación e ilusión con la que empezó en 1973 en las motos. Es un ejemplo de veteranía en el deporte que ha marcado su vida. No solo hay mucha actividad a partir de los 70, es que hay capacidad de superación, de esfuerzo y pasión. Y que dure.
Su historia ilustra sobre cómo el trial clásico se sostiene hoy sobre la perseverancia y el compromiso de una generación que se niega a renunciar a aquello que le dio sentido durante décadas. Un fenómeno que, al igual que ocurre en otros ámbitos del deporte y la sociedad, plantea interrogantes sobre el relevo, la adaptación y el valor de la experiencia en disciplinas que envejecen junto a quienes las practican.
Pues para muchos de ellos, como Gonzalo explica a Público, es una forma de vivir, de entender la vida y su propia historia, que siempre irá ligada al recuerdo de una moto.
En muchos casos no es posible morir haciendo lo que uno ama, pero siempre se puede morir siendo lo que uno ha amado. Para Gonzalo, eso significa ser un aficionado nato al mundo de las motos hasta el final de sus días, conservando no solo su primera moto, sino también los recuerdos y amistades que lo han acompañado durante casi 50 años.
Las competiciones de trial de motos clásicas reúnen, cada vez de forma más evidente, a participantes de mayor edad. Según explica el propio Gonzalo, la causa principal es la ausencia de relevo generacional. “No hay jóvenes interesados en el trial de clásicas”, afirma. La continuidad de los campeonatos depende, en gran medida, de pilotos veteranos que, como él, mantienen viva la disciplina y prolongan su práctica, como es el caso de Gonzalo. “Mi retirada va a ser una cuestión de no poder, de no estar físicamente bien”.
A esta falta de renovación se suman factores estructurales que condicionan la supervivencia del trial clásico. Por un lado, las crecientes restricciones medioambientales y las prohibiciones para circular en moto fuera de espacios regulados han convertido a las competiciones oficiales en uno de los pocos ámbitos donde los aficionados pueden seguir practicando este deporte.
Una forma de vida
Además, existe un fuerte componente emocional: el deseo de no dejar morir una actividad que para muchos no es solo un pasatiempo, sino una forma de vida. Sin embargo, el trial exige un esfuerzo físico considerable. Madrugar, soportar frío o calor extremo y asumir el riesgo de lesiones forma parte de la práctica habitual. Gonzalo señala que el sistema de competición, con distintos niveles de dificultad, permite adaptar las exigencias y prolongar la actividad deportiva con el paso de los años si los competidores bajan sus expectativas sobre sus propios resultados. Sin embargo, reconoce que no todos lo consiguen. “La mayoría vamos cumpliendo años y desarrollando patologías que nos impiden seguir practicando nuestro deporte”, explica.
La trayectoria de Gonzalo está estrechamente ligada a esta evolución. Criado en una familia donde las motos eran una pasión compartida entre cinco hermanos, compró su primera moto a los 17 años siendo un adolescente, gracias al dinero que reunió durante un año trabajando de repartidor de regalos. Practicaba en la Casa de Campo en Madrid y allí “le perseguía la Policía municipal a caballo” recuerda. Su hermano mayor le llevaba la “moto grande” y él iba hasta allí en su ciclomotor. Pasaba todo el día montando gasta que su hermano volvía por la tarde de nuevo a recogerle.
En 1975 obtuvo la licencia y compitió de forma ininterrumpida hasta 1988. Tras un largo paréntesis por cuestiones familiares, regresó a la competición el 12 de febrero de 2005. Un día marcado por el incendio del edificio Windsor en Madrid para muchos, pero que para él y su recuerdo tienen otro significado. Fue el día de su regreso, en esta ocasión al trial de motos clásicas, del que, por el momento, no tiene pensado retirarse. No obstante, Gonzalo nunca ha dejado de practicar su hobby, los años en que no participó en la modalidad de trial siguió disfrutando de la moto en su tiempo libre.
Además de competir, Gonzalo colabora activamente con la Federación Madrileña de Motociclismo, donde marca las zonas en los campeonatos. Su experiencia es fundamental para diseñar los recorridos, y se asegura de que las competiciones mantengan la esencia del deporte clásico mientras se adaptan a los distintos niveles de los participantes. De esta manera, su implicación trasciende la práctica individual.
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