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Silvia Federici: "El feminismo debería dejar de perseguir el trabajo sexual y centrarse en decir 'no' a la guerra"

Silvia Federici durante las jornadas 'Trabajo sexual e intersindical feminista' organizadas en el Ateneo La Maliciosa de Madrid.
Silvia Federici, durante las jornadas 'Trabajo sexual e intersindical feminista' organizadas en el Ateneo La Maliciosa de Madrid. - Fotografía: Patricia Aranguren

Silvia Federici (1942) es una de las teóricas y activistas feministas más influyentes a nivel mundial. Nacida en Italia y con una destacada carrera académica en Estados Unidos, Federici ha sido una de las voces más relevantes en el análisis crítico del capitalismo y, en concreto, su impacto en las vidas de las mujeres. 

Su trabajo ha sido fundamental para entender las raíces históricas de la subordinación de género, proporcionando una perspectiva que ha supuesto un antes y un después para el movimiento feminista. Una de sus obras más importantes es, de hecho, Calibán y la bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, en la que ofrece una profunda exploración sobre la estrecha relación entre la acumulación originaria y la opresión y explotación de las mujeres. A lo largo de su carrera, también ha abordado temas como la globalización, la militarización o las luchas por la tierra, siempre con un enfoque que sitúa a los sectores más vulnerables de la sociedad en el centro del debate político.

Además de su trabajo académico, Federici ha sido una incansable activista y ha participado en movimientos sociales de todo el mundo. En los años 70, cofundó la Campaña por el salario para el trabajo doméstico con el objetivo de poner de relieve la importancia del trabajo reproductivo no remunerado en la economía de mercado.

Esta semana, Federici ha viajado a Madrid, donde ha participado, entre otros eventos, en unas jornadas sobre trabajo sexual e intersindical feminista organizadas por Laboratoria, CATS, APROSEX, OTRAS, la Universidad de Sheffield y la Comisión Europea en el Ateneo La Maliciosa. Horas antes de inaugurar el acto, atiende a Público en una entrevista donde 
aborda los principales desafíos y luchas que enfrentan las trabajadoras sexuales, cómo se puede articular una resistencia colectiva, feminista y pacifista, o cuáles son los principales retos que plantea el avance de la derecha y la ultraderecha.

En su libro 'Calibán y la bruja' aborda la caza de brujas y la persecución de mujeres. ¿Ve alguna conexión entre estos eventos históricos y la actual criminalización de la prostitución? ¿Son las putas hoy las nuevas brujas o lo han sido siempre? ¿Y el resto de mujeres?

Es una pregunta muy importante porque, efectivamente, hay una conexión profunda. Lo que se ha pensado históricamente, por resumirlo en un eslogan, sería: "De joven, puta. De mayor, bruja". Muchas de las acusadas como brujas eran mujeres mayores que habían tenido un pasado de sexualidad no normativa: o con muchos amantes, o vendían su sexo o tenían aventuras fuera del matrimonio. Esta conexión entre la persecución de las mujeres y la sexualidad subversiva es una parte muy importante de la actual criminalización de las putas.

"El trabajo sexual, como todos los trabajos de explotación, nace de las dificultades materiales que las mujeres se encuentran"

A ellas las tachan de mujeres dominadas por su pasión, poseídas por el demonio. En mi libro, intento demostrar cómo esto no es sino una nueva forma de disciplinamiento del cuerpo de las mujeres, y en general, de los cuerpos que deben ser preparados para la explotación. El disciplinamiento de la sexualidad sirve a la nueva clase capitalista para que la procreación sea productiva, tal y como ocurre con el matrimonio.

A partir de ese momento, el placer por el placer se considera algo anómalo que se debe combatir. El peligro pasa a ser la mujer que con su arte de seducción puede romper las relaciones de clase. Tal y como demuestra la historia, muchas mujeres acusadas de brujería eran también pobres con amantes de una clase superior.

A su vez, la represión de la sexualidad ha sido una herramienta para dividir a las mujeres entre la buena y la mala, la esposa y la puta. Se trata del intento de criminalizar toda forma de sexualidad no productiva, no orientada a la procreación o a dar placer a los hombres trabajadores y asalariados en el contexto del matrimonio.

La condición de las mujeres en la historia del capitalismo es una condición de gran empobrecimiento. La mujer ha sido también excluida de los trabajos asalariados que pudieran darles más ganancias. Sin hacer este análisis no se puede entender la preponderancia de la prostitución porque es ahí, a partir del primer periodo de la sociedad capitalista, donde se observa una gran masificación del trabajo sexual. Hay una continuidad histórica: el trabajo sexual, como todos los trabajos de explotación, nace de las dificultades materiales que las mujeres se encuentran.

¿Cuál es su opinión acerca del debate sobre la prostitución que está teniendo lugar ahora en el contexto español, reavivado por la propuesta de ley abolicionista del PSOE?

Como puede imaginar, soy contraria a esta ley. Creo que la norma criminaliza prácticas y formas de trabajo, que, como decía antes, son una respuesta de las mujeres a una sociedad que no las dota de los recursos necesarios para vivir. Me parece una nueva forma de violencia contra las mujeres.

Primero, se dice que el trabajo sexual es violento cuando en realidad la violencia llega de las instituciones que lo criminalizan. La penalización es extremadamente hipócrita porque desoye las condiciones materiales. Previamente, privan a las mujeres de la posibilidad de vivir con recursos suficientes y, después, las criminalizan cuando responden con el trabajo sexual.

"La ley abolicionista del PSOE es una nueva forma de violencia contra las mujeres"

En segundo lugar, es necesario decir que el trabajo sexual no es el trabajo más degradante. ¿Por qué no hablamos de lo degradante que es el trabajo de las propietarias o de las mujeres que trabajan en la venta de armas? Vivimos en una sociedad de mercado y cualquier persona que trabaja por un salario comercializa parte de su capacidad: se comercializa la mente, las emociones, la imaginación artística... ¿Es menos degradante vender tu mente? ¿O publicar noticias falsas para que no te despidan? Me parece que las compañeras feministas que se dicen abolicionistas se ciegan ante esta situación. Luchan contra la violencia patriarcal de los hombres, pero no luchan contra la violencia patriarcal de las instituciones, que es mucho peor.

Por otro lado, ahora las mujeres en el trabajo sexual están organizadas. Trabajan en cooperativas, viven junto a otras mujeres, organizándose son capaces de imponer más sus condiciones. No son mujeres completamente indefensas, hay una gran historia de organización.

El miedo a ser consideradas 'puta' ha sido un fuerte elemento de disciplinamiento de las mujeres. Por eso, no pueden ser las feministas las que nos juzguemos entre nosotras mismas sobre si esto sí y esto no, y mucho menos convocar a la Justicia y a la Policía, la violencia institucional, contra otras mujeres.

¿Por qué cree que cuando se legisla sobre prostitución se obvia uno de los elementos fundamentales, las leyes de extranjería y el hecho de que la mayoría de mujeres que ejercen son migrantes?

Son las migrantes las que se enfrentan a la forma de ejercer más complicada, sobre todo en las calles. Allí sufren el racismo de los varones, de las autoridades, de la Policía. Muchas de ellas son mujeres sin papeles que no tienen alternativas y que, como se han podido verificar en varios países, empiezan con el trabajo doméstico. Emigran y trabajan en casas de otros, donde reciben racismo, opresión e, incluso, violencia sexual por un dinero mínimo. Entonces, deciden empezar a ejercer la prostitución para evitar la violencia por la violencia y ganar más.

En Estados Unidos hay casas donde las mujeres no pueden ni siquiera dormir con la puerta cerrada, no les dejan. En estas condiciones, dejar el trabajo doméstico y pasar al trabajo sexual es una forma de liberarse, de reconquistar una parte de su tiempo y de intentar tener acceso a más recursos. La visión abolicionista se olvida lo que es no tener recursos, es una cuestión de clase.

¿Cree que el debate sobre la división del movimiento feminista en determinados momentos fomenta la batalla cultural que da aliento a la ultraderecha?

Si se atiende a la historia del movimiento feminista, se puede observar que al principio de los tiempos el movimiento feminista apoyaba el movimiento de las trabajadoras sexuales. Claro que siempre ha habido mujeres que han visto con malos ojos la prostitución, pero no existía un movimiento abolicionista como tal.

"El feminismo no puede celebrar la criminalización de ninguna mujer, tampoco de las trabajadoras sexuales"

Cuando en junio de 1975 150 mujeres trabajadoras sexuales ocuparon la iglesia de Saint-Nizier Lyón (Francia) para exigir el cese de la violencia policial y resistieron hasta que fueron duramente reprimidas, las feministas las apoyaron masivamente. Entonces ocurría como ahora, las querían condenar a la oscuridad, no les dejaban ejercer en hoteles y eran penalizadas. Fue un evento histórico. En pocas semanas surgió un movimiento de apoyo a las trabajadoras sexuales en varias partes de Europa que puso fin a su invisibilización. Ellas sabían que todas las multas y la criminalización de la prostitución suponía un peligro para su integridad. Parece, sin embargo, que el asunto ha cambiado poco desde entonces.

El abolicionismo feminista se extiende ya en los años 80, sobre todo tras las conferencias mundiales sobre la mujer de las Naciones Unidas. Esta visión del trabajo sexual y las trabajadoras sexuales como algo violento a eliminar es consecuencia de un intento institucional por apropiarse y liderar el feminismo. A partir de entonces, se empieza a identificar el trabajo sexual con la trata, y es importante distinguir ambos fenómenos. Sí, hay trata, pero no todo ejercicio de la prostitución está mediado por la trata. Las trabajadoras sexuales son las más interesadas en que la prostitución no sea violenta. Por eso se organizan para reclamar más derechos. Identificar todo como trata implica un desconocimiento enorme sobre las raíces materiales que llevan a una mujer, buena parte de las ocasiones, a prostituirse; y esa es una perspectiva bastante reaccionaria.

La derecha y la ultraderecha siempre han querido imponer esa lógica de la buena y la mala sexualidad, sin pensar en el bienestar de las mujeres. El fascismo premiaba incluso a aquellas mujeres que eran más productivas familiarmente hablando. La razón de ser del movimiento feminista, ese análisis crítico sobre la explotación de nuestros cuerpos y cómo el capitalismo se aprovecha de dicha explotación, es justamente lo contrario. Esta nueva ola abolicionista entraña una gran contradicción con este tipo de denuncia que ponía el foco en la autonomía y la liberación de las mujeres. El feminismo no puede celebrar la criminalización, el castigo o el encarcelamiento de ninguna mujer, tampoco de las trabajadoras sexuales; no puede comprar ese discurso que nos juzga y nos clasifica según lo que decidimos hacer con nuestros cuerpos.

Usted ha hablado extensamente sobre el trabajo reproductivo y su importancia en la economía. ¿Cómo cree que la valoración y remuneración del trabajo reproductivo podrían transformar la sociedad actual y, por consiguiente, la vida de las trabajadoras sexuales? ¿Veremos algún día ese reconocimiento?

"La peor derrota es la lucha que no se ha hecho"

Es fundamental. Reconocer y remunerar el trabajo reproductivo daría a las mujeres un poder que hasta ahora no tenemos: el poder de decidir y hacerlo con libertad económica, que es lo que lleva a muchas a tener, por ejemplo, que casarse o aceptar un trabajo precario y mal pagado para poder emprender un proyecto vital. En estos momentos, muchas mujeres soportan un montón de situaciones de extrema violencia y sometimiento porque la alternativa es un empobrecimiento brutal. Sería una forma de sacar definitivamente la vida del mercado y construir una sociedad que no estuviera basada en la explotación del trabajo físico, mental o emocional del trabajo humano. 

Es muy importante tener en mente que apoyar la lucha de las trabajadoras sexuales no significa apoyar el trabajo sexual, como apoyar la lucha de los mineros no significa apoyar la minería, ni aplaudir a los oficinistas implica defender el trabajo de oficina. No obstante, solo estas luchas nos permiten reorganizar nuestra vida y tener más poder social en un contexto capitalista. Recuerdo esto porque siento que muchas veces se intentan manipular los argumentos de las personas que defendemos los derechos de las trabajadoras sexuales. La peor derrota es la lucha que no se ha hecho. 

En un contexto de escalada bélica como el que estamos viviendo, ¿cómo afecta esto a las luchas feministas y, en particular, a las mujeres en las zonas de conflicto?

Yo tengo el corazón roto con lo que está ocurriendo en Palestina y en otras tantas partes del mundo, es terrible. Si somos coherentes con lo que se dice cada 8 de marzo, cuando expresamos nuestra solidaridad con las mujeres de todo el mundo, debemos rechazar y oponernos cualquier tipo de guerra, debemos oponernos al incremento de gasto militar y a la ampliación de ejércitos. Cada vez vivimos en ciudades más militarizadas, más securitarias y punitivistas. El movimiento feminista debería dejar de perseguir a las mujeres que ejercen el trabajo sexual y centrarse en generar un movimiento que diga claramente 'no' a la guerra. No hay nada más violento que una guerra.

"El movimiento feminista debería centrarse en generar un movimiento que diga 'no' a la guerra"

Sin embargo, vemos cómo muchas mujeres se unen a los ejércitos argumentando que lo hacen en condiciones de igualdad o que van al frente porque también tienen derecho... Yo me pregunto: ¿derecho o igualdad de qué, de matar? No se trata de que las mujeres empecemos a participar de estas dinámicas violentas, sino precisamente de que el feminismo proponga otro modo de organizar las relaciones internacionales, diplomáticas.

El objetivo del feminismo como movimiento trasversal ha de ser el dejar atrás la lógica imperialista, colonialista y depredadora que genera tanto sufrimiento. Yo digo que lo que tenemos que hacer es luchar contra este circuito de muerte y autodestrucción. Pensar que cada día mueren miles de mujeres y de niños, y que esto no está siendo el foco principal, me provoca un gran dolor.

El aborto ha estado en el centro del debate de cara a las elecciones europeas. Obstaculizar el aborto o la filiación de los hijos de mujeres lesbianas han sido políticas principales para el Gobierno de Giorgia Meloni en Italia, por ejemplo. ¿Le preocupa el retroceso que puede haber en Europa en la cuestión de los derechos reproductivos si alcanza buenos resultados la derecha con la ultraderecha?

Evidentemente, lo hemos visto en Estados Unidos, donde está ocurriendo una nueva "caza de brujas". En estos momentos, hay mujeres que no pueden abortar incluso cuando el feto está muriendo, a pesar de que pudiera haber infecciones mortales. Esto es una barbaridad. En este punto, es importante ver que hay una continuidad entre la política de la derecha y la política de los socialdemócratas. La derecha parece extrema, pero en Estados Unidos vemos cómo Biden y sus políticas (de inmigración, sobre Palestina, en igualdad) son cercanas a las políticas de Trump.

"La diferencia entre izquierda y derecha se está perdiendo, ambas forman parte de la fuerza motriz del capitalismo"

Hay una guerra contra la forma de reproducción de la vida: el aborto y los derechos reproductivos, la salud, la escuela, la comida, etcétera. Esto parte de un proceso en el que la diferencia entre izquierda y derecha se está perdiendo porque ambas son parte de la fuerza motriz del capitalismo. Solo hay que mirar hacia la inversión en la guerra versus la inversión en las escuelas, los hospitales, los barrios.

Es una gran problemática y el movimiento feminista tienen un papel fundamental en ella. Siempre digo que nos hemos visto obligadas al trabajo de reproducción, lo hemos vivido como una forma de confinamiento, pero también entraña una gran posibilidad de educar de una manera diferente. Tenemos que poner fin a la guerra y crear una forma de producción colectiva de la vida.

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