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Argentina El huracán Mauricio

Ningún indicador económico y social relevante ha mejorado durante la gestión de Macri.

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Un agente de Policía da indicaciones a un hombre en el distrito financiero de Buenos Aires junto a un cartel contra Mauricio Macri, el presidente de Argentina. - REUTERS

Días después de su estrecha victoria legislativa de mitad de término, uno de los analistas políticos más influyentes definió al presidente Macri como “un líder de otra galaxia”. En los tiempos del crecimiento invisible, Macri se encaminaba a transformarse en un fuerte referente nacional como lo fueron Yrigoyen, Perón, Alfonsín, Menem y los Kirchner, afirmaba. Pero pasaron cosas, diría algún iletrado. Temporada de tormentas, huracanes, tifones y ciclones.

En el hemisferio norte denominan a las tormentas tropicales y huracanes con nombres propios de un listado cerrado que se repite cada 6 años. Acompañando el análisis de nuestro presidente podemos afirmar que son ciertas las turbulencias generadas por el clima, pero con una clara diferenciación. El frente no es externo, las tormentas se originaron por malas decisiones de su propia administración.

El ciclón “Juan José” fue el inicio de estos fenómenos atmosféricos. Su irracional política tarifaria de los servicios públicos golpeó a la ciudadanía y a las pymes. Esa tormenta se transformó en tifón por la recurrencia de su impacto, traducido en incrementos superiores al mil por ciento. La tempestad tuvo una segunda etapa y fueron por los combustibles, maximizando las ganancias propias y las de sus colegas, desregulando precios y convirtiéndolos en un insumo suntuario. Quién puede olvidar la reflexión digna de un millonario como Juanjo: “Si el consumidor considera que el precio del combustible es alto, deja de cargar”. ¿La bronca permite la combustión de los motores de los automóviles?

No sólo se contentaron con hacer prohibitiva la nafta, también fueron por el transporte público. Allí irrumpió el tornado “Guille” barriendo a los sectores populares y medios con repetitivos aumentos de boletos de colectivos y ferrocarriles. Estos frentes permitieron que emerja una violenta tormenta primero denominada “Adolfo” y luego renombrada “Nicolás”, con una inflación que devastó los salarios. Mentirosas proyecciones inflacionarias condicionaron las paritarias logrando el objetivo de desmoronar la capacidad de compra de los sueldos.

Surgió otra tormenta tropical ya conocida por el público argentino, la famosa “Federico”, que había golpeado a nuestro territorio en los albores del nuevo milenio de la mano de la extinta Alianza. Su desastrosa política en el Banco Central desreguló el mercado cambiario posibilitando el restablecimiento de la timba financiara, el ingreso del capital especulativo y un proceso de fuga sin precedentes. Al mismo tiempo una tormenta se transformó en el tifón “Luis”, que le imprimió a la Argentina un proceso de endeudamiento voraz para sostener la especulación y la rentabilidad de sus “antiguos” jefes y socios. Más de 150 mil millones de dólares de deuda externa sólo del Estado Nacional. Se proyecta que el peso de la deuda sobre el PBI supere el 100% hacia fin de año. Criminal. Así alimentaron una brutal devaluación que revitalizó la inflación y acribilló a todos los indicadores sociales.

Todos los caminos nos conducen al Fondo en la lógica CEOcrática. Apareció el viento huracanado denominado “Christine”, previamente conocido como “Anoop”. Siempre de consecuencias aniquiladoras. Las recetas de ajuste del FMI profundizarán una cruel recesión y la sumersión de millones en la indigencia y la pobreza. No hace falta agregar mucho más, esa historia está presente en la memoria colectiva de todo ciudadano latinoamericano.

Dos tormentas estrafalarias acechan a nuestro país y serán las que seguramente impliquen el acabose de un desgastado gobierno. Los tifones “Patricia” y “Elisa”. La primera, conocida por su exigua y antiderecho gestión con De la Rúa, incentiva una policía brava para reprimir el creciente descontento social. Mientras que “Elisa” espera paciente, tomando fuerza, su aparición implicará un quiebre político con el frente Cambiemos que terminará por abortar cualquier chance electoral de quien llegó a definir como contrabandista.

La escala Saffir-Simpson es la utilizada para medir la categoría de los huracanes. La 1ra es la menos intensa y la 5ta está reservada para aquellos que producen un daño devastador. El huracán “Mauricio”, que atraviesa nuestro país, cuanto más destruye más voracidad adquiere. Hoy podríamos definir que es un nivel 4 y en los próximos meses definirá su suerte. Si se encierra en sí mismo la suerte estará echada. Como la Hidra de Lerna su poder de destrucción se encuentra en las diversas cabezas de su gobierno. Ningún indicador económico y social relevante ha mejorado durante la gestión de Macri. La descomposición asombra a numerosos comunicadores que hace escasos meses aseguraban una holgada reelección presidencial. Creciente pobreza y desocupación, cierre de pymes, desindustrialización de nuestra economía, conflictos sociales que se multiplican, aceleración del proceso inflacionario, marcada precarización laboral y endeudamiento fascineroso son los resultados más evidentes.

El futuro es oscuro. La crisis social y el endeudamiento comprometerán a un futuro gobierno de otro signo político e ideológico. Por ello es fundamental lograr forzar que el gobierno dialogue con la oposición, con las fuerzas productivas, con los sindicatos y movimientos sociales para hacer menguar el impacto de este gobierno fracasado y sus políticas de saqueo. Nada se pierde con intentarlo. Está en riesgo una generación de argentinas y argentinos. Repito, nada se pierde con intentarlo. Cada día está más claro a qué vinieron. Esa claridad también debe permitir construir una oposición amplia, no sólo para triunfar en el 2019, sino también para tener la capacidad de revertir el devastador impacto del huracán “Mauricio”.

Artículo publicado originalmente en Página 12.