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¿Quieres ser escritor? El Instituto Cervantes te enseña

El lector compulsivo que no haya soñado alguna vez con convertirse en escritor que levante la mano. Las palabras, la sintaxis, la fantasía, la experiencia de la vida propia o ajena, es decir, la materia prima, está ahí mismo, al alcance de cualquiera que sepa aprovecharlo y esté dispuesto a un esfuerzo titánico de recompensa dudosa. No debe ser tan difícil. A fin de cuentas solo hay que poner una palabra detrás de otra. Falsa conclusión: el que no es escritor es porque no quiere.

Puede que a ese escritor en ciernes no le importe tanto el éxito, la fama o el dinero, como la satisfacción personal, ese subidón de adrenalina y euforia que proporciona la obra bien hecha en cualquier actividad humana, no necesariamente intelectual. Quizá sabe que nunca podrá ser un García Márquez, porque eso tiene que ver con la magia, la inspiración y el talento en grado superlativo, y por tanto queda fuera de su alcance. Se conformaría con ser un Landero, un Marías, un Martínez de Pisón, uno de esos autores que, sin retorcer el estilo, son capaces de crear un clima y contar una historia con sencillez y claridad, con naturalidad y sin artificio.

¿Por qué no puede ser él uno de ellos? ¿Qué es lo que, ahora que tiene 20 años, o 40, o 60 le impide (o le ha impedido) hacer realidad su sueño? ¿La pura y simple incapacidad o la falta de tiempo, de paciencia, de admitir que hay que fracasar muchas veces antes de dar con la tecla adecuada, el temor a la frustración, el complejo de inferioridad ante la obra ajena? ¿O quizá la ausencia de aprendizaje, de estudio de las técnicas de los autores que admira, la dura disciplina de dedicar al empeño varias horas al día sin que se vea claro que ese camino conduce a buen puerto?
En otros países, como Estados Unidos, la escritura, y singularmente la creativa, puede estudiarse en la universidad, como asignatura e incluso como una carrera en sí, y numerosos autores de éxito se han forjado en ese crisol, pero todos ellos contaban con un poderoso impulso previo, algo que se tiene o no se tiene, pero que es imprescindible. Y hay que estar convencido de que se tiene antes de tirarse a la piscina y arriesgarse a un buen tortazo. Un ejemplo reciente: la canadiense-neozelandesa Eleanor Catton, que ganó a los 27 años el último premio Man Booker con su espléndida y monumental segunda novela, Las luminarias (editada en España por Siruela), escribió la primera (El ensayo general) como tesis de graduación del máster en escritura creativa que cursó en 2007.

En España no hay tantas oportunidades, pero quien esté realmente interesado puede hallarlas. Una de ellas es la que ofrece el Instituto Cervantes a través de sus talleres de escritura en los que Mateo Coronado ha volcado una serie de técnicas que, ilustradas con textos de grandes autores, pretenden hacer vadeable el Amazonas que, en la orilla opuesta, ofrece a quien tenga la capacidad y aliento necesarios la posibilidad de abrirse camino en el mundo literario. Esos talleres son el germen y origen inmediatos del libro, casi un manual, que el Cervantes y Espasa acaban de editar en colaboración: Escribir creer contar. Las claves para convertirse en escritor.

Hay algo difícil de entender: ¿Por qué si tiene tan claras las claves de la creación literaria no es el propio autor del texto un novelista de éxito? Puede ser porque aún es joven, o porque ya está componiendo su obra maestra que pronto nos deslumbrará, o porque una cosa es la enseñanza de la creación y otra la creación en sí, de la misma manera que hay profesores y hasta catedráticos de periodismo que apenas han pisado una redacción en su vida o que salieron rebotados de la profesión. Sea por lo que sea, eso no quita validez al libro, que revela unas dotes didácticas y una calidad de escritura tan cercana al talento que con frecuencia se funde con él.

Ver cómo los grandes escritores resolvieron problemas creativos, con aparente sencillez puede suponer un incentivo para superar las inseguridades de los escritores en ciernes.

Coronado, haciendo honor al título de su obra, ofrece todas las claves y proporciona muchos de los instrumentos que pueden servir de guía “para quien quiere contar una historia y no sabe cómo hacerlo”, para aquellos que quizá llevan algo dentro que les hace sentir el impulso vital de escribir que, tal vez, bien encarrilado, podría cristalizar.

Se trata en el libro de la estructura de la narración, de conceptos y símbolos, de lo abstracto y lo concreto, de planteamiento-nudo-desenlace, de la primera persona y el narrador omnisciente, de la voz, el tiempo y la acción, de trama y argumento, de estilo, voz propia, diseño de los personajes, táctica y estrategia, de fórmulas para suscitar y mantener el interés, de diálogos, escenarios, contexto y simultaneidad, de viajes en el tiempo, creación de atmósferas, dosificación de realidad y fantasía, de géneros literarios (ficción sobre todo, pero también biografía, viajes, ensayos…), de trampas y errores frecuentes, de método, perseverancia, temática, inspiración, mensaje, impulsos y objetivos, de precisión… Y hasta de adjetivos, adverbios, verbos y figuras retóricas.

Estos contenidos de Escribir crecer contar, que en buena medida son reflejo de su índice, se ilustran con pasajes de grandes escritores, desde Kafka a Oscar Wilde, Poe, Proust, Joyce, Capote o Melville. Ver cómo esos gigantes resolvieron problemas creativos, con aparente sencillez puede suponer un incentivo para superar las inseguridades de los escritores en ciernes.

Más de un lector de este manual pensará que también a él se le podría ocurrir un comienzo como el de La metamorfosis: “Una mañana, al despertar de sueños intranquilos, Gregor Samsa se encontró en su cama convertido en un monstruoso bicho”. Pero que no se engañen: sólo Kafka, o alguien de su talento, podía hacerlo y, a partir de ese hilo, tejer una obra maestra que enseña a cada lector algo que no sabía sobre la esencia de la naturaleza humana.

Consciente de lo que se podría denominar responsabilidad institucional, el Cervantes ha tenido buen cuidado en reconocer los créditos de todas las obras citadas en el libro y de mencionar sus traductores, tan frecuente e injustamente ignorados. El de Kafka, por cierto, es Miguel Salmerón.

Dos notas para terminar: 1) Escribir crear contar está especialmente recomendado para jóvenes. Quien pase ya de los 40, incluso de los 30, y aún quiera ser escritor ya se habrá estrellado lo suficiente contra las piedras en camino como para buscar su propia fórmula de saltar sobre ellas o arrojar la toalla.

Y 2) Éste es el tercer volumen editado conjuntamente por el Cervantes y Espasa, tras El libro del español correcto (2012) y Las 500 dudas más frecuentes del español (2013), ya reseñado en esta misma web y que ha vendido más de 30.000 ejemplares (https://blogs.publico.es/luis-matias-lopez/2013/12/24/guerras-sucias-y-otros-9-libros-para-leer-y-regalar-estas-fiestas/).