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las cloacas de interior V de verdad, no de Villarejo

El comisario por excelencia de las cloacas ha dado más entrevistas este fin de semana que en toda su vida.

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Villarejo (i), en un momento de su entrevista con Jordi Évole. ATRESMEDIA

Desde que La Sexta anunció que Jordi Évole entrevistaría a José Manuel Villarejo, hemos pasado la semana hablando del comisario por excelencia de las cloacas del Estado, ascendido y condecorado por todos los gobiernos que en España han sido, elogiado por ministros de los ídem y alabado y temido a partes iguales por políticos, jueces, empresarios o periodistas que juegan en su mismo bando: el sicariato del poder. 

Villarejo, acosado por la Justicia -orden de alejamiento incluida-, ha decidido hablar y contar su V de versión, que no de verdad. El comisario de las cloacas ha dado más entrevistas este fin de semana que en toda su vida, lo cual no significa que no haya hablado nunca con periodistas, al revés: tiene grandes amigos entre los así (malamente) llamados. Aún recuerdo cuando Patricia López empezó sus publicaciones sobre el tal policía, en 2015, cómo en Público dimos la vuelta a los archivos del periódico y de las agencias buscando una foto de Villarejo que no debía de haber ni en su casa. Perdón, en sus casas y/o empresas.

El comisario de las cloacas ha dado más entrevistas este fin de semana que en toda su vida

En Público, digo, hemos intentado entrevistarle desde 2015, cuando López empezó a escarbar en el pasado y el presente de tan siniestro personaje, pero desde entonces, sólo nos han caído querellas y querellas; amenazas y extorsión de sus subsicarios; insultos e injurias, así como un silencio muy revelador de buena parte de la prensa. Puede que Público no sea un medio glamuroso para Villarejo: no es amigo del Gobierno de turno, no pertenece a un gran grupo de comunicación, denuncia la corrupción y los privilegios de empresarios trabajados a golpes de sobres en B y contratos obscenos con la Administración y ni siquiera es del Real Madrid.

Público quería nada más que entrevistar a Villarejo. Eso sí, sin dejar de publicar -sólo faltaría- el océano subterráneo de estiércol por el que navegaban él y quienes sus servicios contrataban; pero el comisario por ahí no pasaba. Querer entrevistarle significaba ponerle sobre la mesa y frente a frente de los hechos probados, las denuncias, las pruebas contra él, las grabaciones... y desmontar su épica de policía honrado y honesto al servicio del bien común, así como la de aquéllos que lo han amparado, ascendido, condecorado, protegido, alentado y convertido en el rey de la alcantarilla de este maltratado Estado. Los mismos que ahora tratan de evitar que comparezca en el Congreso. En Público no conseguimos la entrevista a Villarejo, aunque seguimos recibiendo sus querellas y él las sigue perdiendo.

Francisco Nicolás Gómez Iglesias, alias 'pequeño Nicolás'. EFE

Querer entrevistarle significaba ponerle sobre la mesa los hechos probados, las denuncias, las pruebas contra él, las grabaciones... y desmontar su épica de policía al servicio del interés público

Me consta que Mediapro también ha intentado enfrentar la V de versión de Villarejo a la de aquéllos contra quienes hace gravísimas acusaciones para el documental Las cloacas de Interior -que ninguna televisión quiere emitir-, pero el cordobés se ha negado en redondo cada una de las veces que se le propuso; muchas. Quizás se lo pidieron demasiado pronto (el documental ha tardado 15 meses en completarse), antes de que empezara esta querencia de Villarejo por los focos; quizás no se sentía cómodo enfrentando su testimonio al de otros comisarios, policías o guardias civiles que lo conocen muy bien. Quién sabe.

En Público, Patricia López, desde 2015, y Carlos Enrique Bayo, desde el año pasado, llevan mucho esfuerzo a sus espaldas contando la V de verdad sobre Villarejo y lo que representa, algo cuya putrefacta dimensión es imposible de calcular. Nada de lo que ellos han denunciado, ni siquiera el detalle de las grabaciones al ministro Fernández Díaz (gracias, Salvados, por citar a Público), han incordiado a Villarejo. Ni el caso del pequeño Nicolás, siquiera, por el que el comisario de las cloacas está imputado (también) y que tanto y tan bien refleja -pese a la aparente frivolidad con la que intentan distraernos- esta España nuestra.

La V es lo único que tienen en común la verdad y Villarejo y probablemente, nunca conozcamos ni la quinta parte de lo que este capo de las cloacas hizo para un Estado que ya nació corrompido en la Transición. Villarejo no es sólo un comisario; es la despiadada imagen de una forma de actuar enquistada en las instituciones y normalizada en un sistema descompuesto. Ahora, la responsabilidad de los periodistas y los políticos libres es desmontar de una vez a este sujeto y su órbita; y mostrar la V de verdad, no la de Villarejo; y sacar esta basura, toda la que se pueda, aunque para ello haya que entrevistar al mismo Lucifer. Y subrayo entrevistar.