Opinión
Aldama y los maestros cantores
Por David Torres
Escritor
Los aficionados a la ópera siguen de enhorabuena. Continúan en cartelera las dos grandes producciones de la temporada: Los maestros cantores de Ferraz y Las bodas de Bárcenas. Ni que decir tiene que la primera está eclipsando por completo a la segunda, probablemente por la ausencia del tenor di forza M. Rajoy, que tuvo que ser sustituido a última hora por su doble de riesgo habitual, M. Rajoy, así como por los repentinos olvidos de las principales sopranos, María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría. Ninguna de las tres estrellas recordaba una sola nota de la partitura, pese a los éxitos cosechados con ella en el pasado. Menos mal que la directora del espectáculo, la jueza Teresa Palacios, les ayudó a salir del paso como ya hiciera en su día con el barítono Federico Trillo en la ópera Yak 42 o con el reputado campanero Rodrigo Rato en el musical Black Bankia.
En Los maestros cantores de Ferraz, los melómanos aguardábamos con ansia las grandes arias de bravura del contratenor Víctor de Aldama. Quien no sólo dio el do de pecho contra Pedro Sánchez, cinco ministros, el gobierno en general y el PSOE en particular, sino que se las apañó para incluir a Begoña Gómez en el tocomocho de un complejo urbanístico que no pudo comprar porque “lo quería para ella”. Esto, más que una explicación, es un recitativo a capella. Es verdad que Aldama, como siempre, se iba inventando el libreto sobre la marcha, añadiendo morcillas de su propia invención y personajes no incluidos en el elenco, pero eso poco importa a sus incondicionales, que lo aplauden a rabiar desde la platea, entusiasmados ante su capacidad de improvisación y de su creatividad sin límites. Se non è vero, è ben trovato.
También es verdad que, en la partitura original, no hay una sola mención a estos pentagramas, aunque cuando uno tiene la posibilidad de escuchar a un contratenor de la talla de Aldama, lo mejor es dejarle que cante a gusto y se desahogue. No iba a cantar con mascarilla el hombre, por mucho que la ópera vaya sobre mascarillas. No obstante, si algo hay que reprocharle a Aldama es que a la hora de la verdad refrenase su inventiva y su formidable talento melódico, limitándose a repetir sus grandes éxitos con una modestia digna de un organillero: "Si hay una jerarquía, el señor presidente del gobierno, Pedro Sánchez, está en el escalafón uno, el señor Ábalos es el dos, porque es el que daba y otorgaba, el señor Koldo García, en el tres y yo, en el cuatro". Por un momento, daba la impresión de que estaba cantando el conde Draco.
En efecto, da pena ver tanto talento derrochado en vano cuando habíamos visto a Aldama rompiendo la barrera del sonido en el teatro televisado de Iker Jiménez. Que no es precisamente el Tribunal Supremo, pero a estas alturas como si lo fuera. Tantas veces prometió allí la caída del gobierno socialista en barrena que esperábamos algo más que esta zarzuela pastelera. Puestos a improvisar y a soltar gorgoritos, Aldama bien podía haber cantado que Pedro Sánchez, en realidad, es un extraterrestre escapado de la base de Roswell, Nuevo México. Total, tiene las mismas pruebas de esto que de todo lo demás, es decir, ninguna. Cuando se puso a improvisar una relación de amor inmortal entre Sánchez y Koldo, tuvieron que recordarle que no hay ni una sola llamada telefónica entre uno y otro. "Entonces Koldo me mentía y me tomaba el pelo" dijo y todos pudieron comprobar que en la sala había ocurrido un trasplante capilar entre ambos cantores. George Bernard Shaw decía que una ópera es cuando un tenor y una soprano quieren amarse, y un barítono quiere impedirlo. Pero no dijo nada del contratenor, menos aún de Ábalos, de Jessica, de Koldo y de Aldama perdiendo los papeles. Música, maestro.
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