Opinión
Boxeo con barbas en el Congreso

Por David Torres
Escritor
Últimamente, apenas asomo el morro en Facebook, no dejan de bombardearme con videos cortos que muestran sopapos a traición, guantazos, encontronazos y todo un repertorio de hostias en caliente. No se trata de películas de Chuck Norris ni de puñetazos de ficción, ojo, sino de peleas auténticas, de discusiones en la calle que van subiendo de tono y desembocan en el pugilismo. Llegué a pensar si el algoritmo había descubierto que yo era el padre de Roberto Esteban (el ex boxeador protagonista de Nieve negra y de otras novelas mías) y pretendía ayudarme a depurar su técnica a la hora de partir jetas. Pero luego descubrí que el algoritmo no hila tan fino, simplemente supone que el género masculino estará interesado en este tipo de conversaciones metafísicas. A menudo sale un instructor de artes marciales señalando el momento exacto en el que un movimiento de cadera, un retroceso de la pierna, un toque en el pecho o un simple alzamiento de cejas señala el punto donde el agresor pasa de las palabras a los hechos.
El caso es que, al ver la grabación del momento en el que el diputado de Vox, José María Sánchez, se encaraba con el vicepresidente de la Cámara Baja, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, eché de menos los comentarios de un experto en lenguaje corporal que fuese traduciendo las distintas etapas del diálogo. A ver, etapas, lo que se dice etapas, tampoco es que hubiese muchas ni pocas: en realidad sólo hubo dos, cuando Sánchez se plantó ante Rodríguez y cuando se marchó después de dar el espectáculo. La coreografía consistió en que Sánchez agitaba muy fuerte el brazo izquierdo mientras que Rodríguez le señalaba la puerta con el derecho.
Por el modo en que subía y bajaba el brazo, mediante breves y repetidos hachazos, no era fácil dilucidar si Sánchez estaba haciendo una kata de karate o cortando un pan imaginario. Normal que Rodríguez declarase luego que sólo pensaba en por dónde le iba a caer el bofetón, pero yo seguía lamentando que ningún profesor de boxeo explicase la amenaza de la barba. Las barbas es que tienen mucho peligro, sobre todo cuando se te ponen tan cerca que ya no hay manera de saber si es tuya o del otro. Después supimos que Sánchez, además de diputado de Vox, es juez en excedencia, con lo cual cabe preguntarse si su mano todavía estaba imantada por el mazo, agitada por ese ademán característico con el que los magistrados ponen orden en la sala. Aunque ha ejercido de letrado en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, su actuación el otro día en el Parlamento evocaba más bien la figura del Juez Dredd, que era policía, juez, jurado y verdugo, todo bajo misma barba.
Sánchez comentó luego que había recibido graves insultos desde la bancada de Esquerra Republicana: le llamaron "asesino", "nazi", "criminal" y "analfabeto", lo que, en un irresistible afán justiciero, lo empujó a subir hasta la tribuna porque no le concedieron turno de palabra para denunciar estos hechos. Por su parte, los diputados de Esquerra aseguran que fue Sánchez quien empezó el intercambio de calificativos al tacharlos de "asesinos" y "corruptos", expresiones acreditadas tras su amplia experiencia parlamentaria. En su día, Sánchez llamó "bruja" a la diputada socialista Laura Berja, lo que le costó otra expulsión del hemiciclo, y más adelante comparó a Pedro Sánchez con Hitler y a Félix Bolaños con Goebbels. Lo de bruja puede que no, pero viniendo de un diputado de Vox, lo de Hitler y Goebbels a lo mejor iba en plan cariñoso. En fin, esto es lo que ocurre cuando dejas a los fruteros y fruteras barra libre en el Congreso, que un día les devuelven la fruta y van y se enfadan. Estamos a dos sesiones de empezar a montar sesiones plenarias de boxeo como en Corea del Sur y decidir las votaciones a los puntos o por K.O. técnico. Las crónicas parlamentarias serán mucho más divertidas en cuanto suene la campana.
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