Opinión
La condena de Piotr
Por Joan Losa
Periodista
-Actualizado a
Me dijo de quedar en el Jardín Botánico, donde los abedules. Su rostro, inexpresivo como un Kleenex, esbozó al verme un gesto de alegre bienvenida que no salió bien, quizá por falta de práctica, y que fue a parar a una mueca tirando a amarga, más propia de una distensión abdominal por acumulación de gases que del pretendido alborozo. Vestía un gabán dos tallas mayor, unos pantalones burdeos con dobladillo y un inverosímil jersey con motivos alpinos. La estampa revelaba un desajuste que desbordaba lo estético, como si el desaliño delatara cierto desasosiego interno. Parecía cualquier cosa menos un alto funcionario de la Unión Europea.
—Soy yo, Piotr Schflowsnitz, ¿es usted el periodista?
Ante el riesgo de estornudo, evité pronunciar su apellido y opté por su nombre de pila. Piotr me invitó a dar un paseo con gesto cortés, mostrándome el camino con una mano que se reveló pequeña y siniestra, como las que dejan asomar los príncipes de sus reales bocamangas en los retratos de corte. Atravesamos la zona de abedules hasta llegar a los tilos. Fue allí, a la sombra de los tilos, donde Piotr me habló de sus sombras (un hijo que no le habla, un litigio fiscal de poca monta y un problema de sinusitis crónica) y también de sus brillos: doctorado cum laude en lenguas muertas y primus inter pares en la oposición para los servicios de comunicación de la Unión Europea, lo que a la postre le abriría las puertas del Departamento de Condena y Posicionamiento Público, dependiente del Servicio Europeo de Pronunciamientos.
—Mi oficio consiste mayormente en reprobar movidas. Soy bastante bueno en ello, debo decir. Lo hago con solvencia y siguiendo los estrictos protocolos que dicta la institución que represento. Se podría decir que me encargo de condenar (por lo general enérgicamente) todo tipo de escaladas (especialmente las violentas). Pero no sólo eso. También apelo a la moderación, confío en el esclarecimiento de los hechos, insto a que se depuren responsabilidades y reafirmo el compromiso con la verdad. Son días de mucho trabajo, como usted comprenderá. Ursula von der Leyen, António Costa y Kaja Kallas me traen de cabeza.
Las copas de los árboles hacían descender su perfume sobre la nariz algo peluda de Piotr y sobre la mía propia también. La intensa actividad condenatoria de Piotr, su desconchada existencia en favor de la repulsa pública, me hicieron pensar en el objeto de su condena, aquello contra lo que el bueno de Piotr construía sus artefactos retóricos: la realidad. Una realidad cada día más exagerada que, a fuerza de genocidios, ataques indiscriminados e invasiones terrestres, se había empeñado en señalar la naturaleza profundamente inane del cometido de Piotr. Y de repente sentí una enorme lástima por Piotr. Y quise abrazarlo. Pero algo lo contrarió y se chinó fuertemente.
—Usted pensará que esto es como un teatrillo, ¿verdad? Un brindis al sol, pura palabrería, pero se equivoca. La condena es necesaria y hacerla efectiva con calibrada ambigüedad, sobre la base de los principios que defendemos y sin comprometer las relaciones diplomáticas con nuestros aliados es un tema bastante serio. Una condena fuera de tono podría conllevar tensiones geopolíticas impredecibles que derivarían, a su vez, en la necesidad de más condenas. Créame que nadie quiere eso, ¿usted lo quiere?, ¿lo quiere el periódico para el que usted trabaja?, conteste.
Piotr estaba fuera de sí. Comenzó a apretarme el brazo. Temí un altercado. Sentí que la arboleda nos miraba atónita y que el edén del Botánico se convertía en un lugar inhóspito. Fue entonces cuando Piotr se desmoronó y me contó lo de su mujer; no hacía ni dos semanas que la había sorprendido en el salón de su casa en actitud amatoria con un diputado del grupo los Verdes-Alianza Libre Europea.
—Qué me cuenta
—Como lo oye... Estaban empujando una cómoda, en disposición ortogonal
—Y qué hizo usted
—Mostré mi más sincera repulsa por los hechos que estaban aconteciendo y les rogué que cesaran las actividades. ¿Qué iba a hacer?
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.