Opinión
Criaturas desnudas ante la puerta de la madre

Periodista y escritora
El juez David Maman Benchimol, titular de la sección de Violencia sobre la Mujer 8 de Madrid, opina que para las mujeres que denuncian violencia machista en los juzgados todo son ventajas. Ventajas inmerecidas, por supuesto. Y hay algo que le interesa especialmente al juez Maman: la custodia compartida. Oh.
El juez Maman opina que las mujeres se niegan a la custodia compartida por motivos económicos. Aquel clásico de que la arpía quiere quedarse "la casa y el coche" (las comillas son mías). Él lo llama "el factor económico".
Afirma el juez Maman: "La mujer es una enemiga acérrima, no sé por qué, de la guarda y custodia compartida. No entiendo yo todavía por qué esa animadversión de la mujer". "No sé por qué", dice… Piense, hombre, piense un poquito, dele una vuelta, señor juez, que usted puede.
Le aseguro que la custodia compartida sería un paraíso para cualquier madre, en el rarísimo caso de que el padre cumpliera con las siguientes obligaciones: no agredir a la criatura ni física, ni psicológica ni verbalmente; o sea, no utilizar la violencia en ninguna de sus formas contra hijas/os; no usar a la criatura para vengarse de la madre; alimentar y vestir a la criatura correctamente; no delegar dicha guarda y custodia en la abuela paterna; no volcar en la criatura la violencia contra la madre ni ejercer violencia contra su nueva pareja, en caso de tenerla; que no medie negligencia de ningún tipo o desamparo; devolver a la criatura correctamente vestida, calzada y limpia.
Entiéndame, señor juez, que estos son sólo ejemplos de lo más básico, por no entrar en asuntos escabrosos, muy escabrosos.
En cuanto a "lo más básico", vaya un ejemplo. Recuerdo la primera vez que una mujer me mandó su testimonio sobre las condiciones en las que su ex le devolvía a las criaturas tras su turno de custodia. Siempre hay violencias que te sorprenden, violencias de cuya existencia no tenías ni idea. No imagino cuántas nos quedan por conocer. Aquella mujer me contaba que su ex le devolvía a sus hijas desnudas y descalzas. Que se las dejaba en el portal en ropa interior, fuera invierno o verano, y sin calzado.
Publiqué aquel relato escalofriante creyendo que se trataba de un demente. Qué tristeza darme cuenta de que una y otra vez acabamos cayendo en el relato macho de que los hombres violentos "están locos". Poco después, empezaron a llegarme relatos de otras. En los días siguientes, varias mujeres me confirmaron que aquella parece ser una práctica habitual: entregar hijos e hijas a las madres en ropa interior o descalzas.
Después llegaron los testimonios sobre padres que destrozan la ropa de sus hijos e hijas a tijeretazos, la ropa con la que los envía la madre. Hubo una que relataba cómo su ex hacía una hoguera en el patio delante de la niña con la ropa procedente de la casa materna. La quemaba. También es común pagar con las pequeñas y pequeños la rabia que les tienen a sus exmujeres. ¿Cómo? Puedes desde las agresiones verbales de muy variado pelaje al "lo pagarás tú por tu madre"; desde someterlas a días de silencio absoluto a encerrarlas o dejarlas solas en casa hasta altas horas de la noche.
Ah, pero el juez Maman opina que son las madres quienes realizan el "correspondiente lavado de coco" a sus hijos e hijas. Dice el juez: "Ese niño se va separando del padre y luego es muy difícil recuperar ese tiempo perdido". Como si las criaturas fueran tontas. Alguien desde el Poder Judicial debería recordarle a este señor que el Síndrome de Alienación Parental (SAP) no existe, y muchísimo menos puede ser utilizado por un representante de la Justicia.
En un caso ideal, imagino que cualquier madre estaría encantada de compartir la custodia de su criatura con el padre correspondiente. Personalmente, puedo afirmar que criar a mi hija y mi hijo es lo más difícil que he hecho en mi vida, lo más duro y lo que más tiempo y vida me ha llevado, con una diferencia abismal respecto, por ejemplo, a lo laboral. También lo más satisfactorio, pero ese es otro artículo. Así que habría estado encantada, como cualquier madre, de que alguien al otro lado se hiciera cargo de la mitad de sus crianzas en todos los sentidos.
Mi vida no ha sido ni fácil ni ordenada, tampoco en lo referente a la maternidad. La mía ha sido una vida violenta. Entre otras cosas, por las sucesivas huidas —con las criaturas al lomo— de entre las garras de los depredadores que han pasado por mi casa y mi cuerpo.
El juez Maman tiene muchas otras opiniones aterradoras. Opina públicamente, por ejemplo, que las abogadas de las mujeres maltratadas van "a la caza de la orden" (palabras suyas) de protección. "Yo me imagino", dijo en un encuentro organizado por el Colegio de Abogados de Madrid (ICAM), "al abogado: Cuéntame todo... y claro cojo y presento una denuncia, aunque tenga poco sentido". Tiene más. Están bien detalladas en los medios estos últimos días. Cualquier búsqueda de información arroja prácticas que deberían estar seriamente penadas en el Poder Judicial.
He usado el calificativo "aterradoras" para sus opiniones, que alguien puede considerar exagerado, muy conscientemente. Cuando una madre va a denunciar a su marido o ex marido lo hace en un estado de ansiedad y terror que el juez Maman no conoce, y que me temo no le interesa. La mujer acude a la Justicia en busca de amparo. Nadie que se sienta segura y a salvo pide amparo. Pero es que el tema que más le molesta al juez Maman es la custodia compartida, y eso son palabras mayores.
Esto se lo debería tatuar el juez Maman y todos los jueces a todo lo ancho del pecho: toda madre sabe por qué no deja a sus hijas e hijos solas con sus maridos o exmaridos. En fin, todas las que nos hemos visto obligadas en algún momento a tomar esa decisión. Y sí, lo que una siente es terror.
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