Opinión
Epstein desmonta los argumentos del orientalismo
El orientalismo es el estudio del mundo oriental desde una perspectiva etnocéntrica centrándose en las lenguas de los pueblos de Oriente, su acervo, su civilización, sociedad, pasado y presente. Esta corriente comenzó en Al-Ándalus cuando los clérigos cristianos se interesaron por la religión musulmana, el Corán y las obras escritas en lengua árabe. Asimismo, esta disciplina se relaciona también con la labor de los misioneros cristianos en Oriente.
Algunos orientalistas partieron en sus investigaciones, estudios y resultados de una base objetiva. Otros emprendieron su camino condicionados por su carácter soberbio, presuntuoso y arrogante, considerando la cultura árabe e islámica inferior a las indoeuropeas. Hay quien juzgaba las lenguas semíticas, como el árabe y el hebreo, lenguas muertas. El conocido y prestigioso orientalista francés Ernest Renan (1823-1892) al comparar estas lenguas con la rama indoeuropea veía que las primeras parecían un dibujo hecho con lápiz, carente de los elementos que llevan a la perfección. Frente a esto, veía que la familia de las lenguas indoeuropeas representa un cuadro que contiene todos los requisitos de la perfección. Y todavía peor es que el orientalista francés percibía que los semitas son un ejemplo del subdesarrollo y el atraso. Esto significa que "desde el punto de vista práctico es imposible que un orientalista crea en la capacidad de que un semita moderno pueda superar la distancia que le separa de sus orígenes, los cuales dominan la organización de su vida". Otros muchos orientalistas de diferentes nacionalidades adoptaron la postura de Renan, como el británico D.S. Margoliout (1872-1937), el estadounidense D.B. Macdonald (1863-1943) o el belga H. Lammens (1862-1937).
La superioridad de Occidente y el desprecio por Oriente es un sentimiento latente en muchas investigaciones de los orientalistas anteriores, que en ocasiones llegan a extremos hirientes calificando al árabe y al musulmán como un ser violento, supersticioso, salvaje, sediento de sangre, ciego de venganza, ignorante, misógino y, sobre todo, un depredador sexual. Son atributos natos del árabe y el musulmán, incapaces de aportar nada a la ciencia, y todo lo que hizo durante la historia no fue más que trasladar la cultura griega e india a otras naciones sin añadir nada propio.
Frente a esta visión se encuentran los estudios y publicaciones de otros orientalistas, como los franceses L. Massignon (1883-1962), R. Blachere (1900-1973) y el alemán K. Brockelman (1868-1956), cuya actitud académica fue más equilibrada y objetiva.
Las opiniones negativas de los orientalistas hacia lo árabe y musulmán encontraron un hueco en la mente de muchos políticos occidentales y también en gran medida en la conciencia de las sociedades de Occidente.
Pero el escándalo de Epstein que estamos viviendo a nivel mundial en las últimas semanas debería hacernos reflexionar sobre el comportamiento del ser humano independientemente de su origen, credo o color de piel. De la isla privada de Epstein han salido millones de fotos y documentos que demuestran una situación bochornosa para una parte de la élite, especialmente europea y estadounidense. Esta conducta, a la vez, desarticula los argumentos de los orientalistas que han sentenciado a las sociedades árabes y musulmanas. El protagonista de la isla secreta, por lo tanto, echa abajo la fórmula establecida en Occidente acerca del hombre oriental. El hombre occidental, conforme a la visión orientalista, es un modelo en la representación de los principios, valores y la civilización. Todo esto le legitima para colonizar y dominar al oriental, el bárbaro incivilizado. Y, como señaló el palestino Edward Said (1935-2003), el orientalismo ha servido como un instrumento para el dominio y no como un método para comprender las distintas culturas orientales. Además, el orientalismo ha contado con un poder absoluto para fabricar la percepción de Oriente conforme a una imagen que le sirva y justifique a Occidente el sometimiento y la opresión practicados con los pueblos orientales. Y también para evidenciar la pureza de Occidente, su nobleza y sus valores humanos.
El hombre occidental, orgulloso de sus valores, noble y seguro de su buena conducta, en especial la sexual, se considera un modelo opuesto al oriental: lujurioso, machista e incapaz de controlar sus impulsos.
En las redes sociales del mundo árabe y musulmán, el público ha estado activo en sus comentario y explicaciones del caso de Epstein, considerando los documentos y fotos aparecidos un auténtico escándalo cometido en lo que algunos medios de información llaman "La isla del Diablo". Muchos usuarios han intentado encontrar los nombres de políticos o magnates árabes. Se observó un interés especial en conocer si el protagonista hacía donaciones al ejército israelí, porque él negaba la existencia histórica de Palestina. La crítica de otros usuarios de los medios no se limitaba a los despreciables personajes que cometieron todo tipo de aberraciones, sino que alcanzaba el orden internacional, que estaba al tanto de los crímenes de Epstein y sus compañeros de andadura sin evitarlo. Señalan un escándalo de la propia democracia porque el grupo de violadores fue protegido por el poder en vez de ser denunciado y perseguido. Otros han visto la caída de los valores occidentales al permitir a mafias a actuar con el conocimiento de los políticos. Hay quien acusa a los medios de información de no ser equitativos en su trato del caso. Se preguntan por qué no han señalado ni cuestionado la religión de Epstein. Si fuera musulmán, ¿cómo hubieran procedido? Seguro que habrían condenado al islam y a todos los musulmanes. ¿Por qué no se ha insistido sobre el hecho de que ese hombre trabajaba para el Mosad israelí? Incluso algunos han encontrado la respuesta del porqué existen clases sociales en Occidente a las que no les afecta ver la imagen de niños palestinos asesinados y descuartizados. Parece que esta pandilla hace lo mismo con los niños en su tiempo de ocio. ¿Y qué ocurre con la mujer, el feminismo y la defensa de sus derechos? Hubo niñas violadas y hubo trata de menores. Hay quien afirma que la corrupción de las élites es el comienzo del derrumbe de una civilización.
Los documentos de Epstein que implican a grandes personalidades, políticos europeos y estadounidenses demuestran su falta de legitimidad para dar lecciones morales a nadie. Los responsables deben ser perseguidos por la justicia de forma implacable dando a conocer con transparencia las dimensiones de sus crímenes. Estas conductas, al fin y al cabo, revelan que el ser humano es único, es igual en su fuerza y debilidad, en sus modales y sus groserías, y que ser occidental no significa ser modelo de nada.
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