Opinión
España insumisa
Por Anibal Malvar
Periodista
Parece que los agentes políticos de nuestra izquierda no son conscientes del enorme vértigo que sufre parte de la sociedad ante la previsible avalancha de escaños que legitimarán al neofascismo en las elecciones de 2027. Según las tesis de Umberto Eco, PP y Vox cumplen a rajatabla las reglas para ser clasificados como neofascistas: revisionismo histórico para blanquear dictadores, exaltación de un pasado nacional mitológico y heroico, perversión ideológica del pueblo a través del bulo, desprestigio de las instituciones a base de ruido y fango, y propagación del odio hacia el diferente.
Como apuntan muchos politólogos, un frente de izquierdas a la francesa, una España Insumisa, hoy no es posible. El mismo Pablo Iglesias comparte esta idea en un reciente artículo publicado en Diario Red.
En Galicia, el Bloque no va a renunciar a sus siglas ni a su identidad cuando su crecimiento hace soñar con una presidencia nacionalista en la Xunta, con el PSdeG-PSOE como escudero. Lo mismo le sucede en Euskadi a EH Bildu, a quien las encuestas ya colocan sorpasando al PNV de manera virtualmente irreversible. El amago de Gabriel Rufián desde ERC fue un entretenido reality show, una isla sin tentaciones. Valencia, Andalucía… Los nacionalistas están fuera de la ecuación, y buenas razones los amparan.
Ahora Irene Montero ha lanzado un órdago a lo que queda de Sumar, para convocar primarias abiertas en una candidatura unitaria de la izquierda española no nacionalista. Es un farol, en el buen sentido, porque está dispuesta a jugar a pesar de que no lleva muy buenas cartas. No solo casi todo el espectro mediático está por la labor de defenestrar a Podemos. También esos posibles aliados, a los que anhela unir con su apuesta, llevan años intentando cadaverizar a los morados. Hay que "salir del bucle", dice valiente. Quizá suicida. Si fracasa, seguramente habrá puesto fin a su carrera política y puede que a la corta vida de Podemos. Su osadía la honra. Va de farol, pero es un farol que alumbra.
La izquierda del PSOE necesita un liderazgo fuerte que garantice una digna presencia parlamentaria. Tener al PSOE como única oposición es malo para el país y malo para el PSOE, que puede seguir los pasos de las agonizantes formaciones socialdemócratas (hoy liberales) del resto de Europa.
Lo que queda de socialdemócrata en el PSOE es mérito de su dependencia de la otra izquierda. Ya se demostró en la última legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, cuando, sin ellas, entregó el bienestar de los españoles a la codicia de los bancos reformando el artículo 135 de la Constitución con los votos del PP.
No parece que Sumar vaya a arriesgarse a aceptar unas primarias a las que concurra Irene Montero. En cuanto la eurodiputada podemita lanzó su órdago, corrió Ernest Urtasun a ofrecerse como cabeza de cartel a través de Catalunya Ràdio. Nada dijo de primarias, ni de confluencia con Podemos. Pero, con Montero dispuesta a batallar, no sé qué ocurriría si fueran los de Ione Belarra los que ofrecieran unidad a Sumar a cambio de un proceso democrático para la elección de candidato. Estaría más que divertido ver cómo reaccionaría el votante de izquierdas si Sumar se negara.
Las dos coordinadoras de Sumar, tras la espantá de Yolanda Díaz, tampoco están ejerciendo un verdadero liderazgo político. Lo más llamativo que han difundido Verónica Martínez Barbero y Rosa Martínez desde su nombramiento en julio hasta la semana pasada es que están "construyendo algo importante". Suena demasiado vago, en los dos sentidos de la palabra.
Sumar ha dejado la portavocía política en manos de sus ministros. Por muy competentes que sean –y algunos lo son-, nunca podrán diferenciar su voz de la del PSOE, con quien comparten consejo de ministros. Le sucedió incluso a Podemos, de actitud mucho más rebelde. Pero que no pudo cumplir ni su promesa de derogar la perversa Ley Mordaza.
La France Insoumise de Jean Luc Mélenchon –otro perseguido por las oligarquías y sus poderes mediáticos- solo logró en las legislativas de 2017 un 11% de los votos en primera vuelta. Cinco años más tarde, dobló hasta el 22%. Y hoy las encuestas le auguran un 20% para las presidenciales de 2027. Suficiente para impedir la toma del Elíseo por la neofascista formación de Le Pen. Quizá es un buen espejo donde mirarse. No sé. La esperanza fue lo último que se perdió, que dice el dicho.
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