Opinión
¿Cómo que la guerra no afecta al precio de la vivienda?
Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
Lo de que la invasión ilegal de Irán por parte de Trump y Netanyahu no tiene nada que ver con el precio de la vivienda es la más absurda de todas las excusas esgrimidas por quienes se niegan a tomar medidas drásticas para garantizar el cumplimiento de este derecho constitucional (art. 47) y recogido asimismo en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (art. 25). El tope a la subida de los precios del alquiler durante dos años la ha exigido Sumar, el socio minoritario de la coalición del Gobierno, y la han respaldado todos los partidos de izquierdas que apoyaron la investidura de Pedro Sánchez.
La medida se ha recogido finalmente en un segundo real decreto de medidas sociales de emergencia para tratar de hacer frente al sinsentido en el que el ultrasionismo genocida y sus cómplices de matanzas han embarcado al mundo sin oposición fáctica alguna, todo sea dicho. Pese a la lógica inapelable de la necesidad de frenar la especulación obscena con un derecho vital, sobre todo en tiempos de emergencia, el decreto con el tope del alquiler será rechazado en el Congreso por la ultraderecha, la extrema derecha y la derecha nacionalista casi con total seguridad.
Aparte de PP y Vox, afónicos de tanto despotricar, las patronales CEOE y CEPYME han sido quienes más duras se han mostrado contra la congelación de los precios del alquiler, aun en un momento de alerta económica como el actual. Los representantes de los empresarios aseguran que el del alquiler limitado es una actuación que atenta contra el “derecho a la propiedad privada”, sin mencionar siquiera el asunto menor para ellos -supongo- del derecho humano a una “vivienda digna y adecuada”, que no es el rocho de tres metros cuadrados donde tu padre guarda nostálgico sus cedés y cintas de VHS. Convendría recordar a los señores patronos que el precio al que se anuncian los pisos en España ha subido casi cuatro veces más que los salarios que pagan sus representados desde 2016.
La vivienda va camino de convertirse en un producto básico inaccesible para mucha gente (en una década, el alquiler ha subido un 72% sus precios), mientras los algoritmos envenenados de Musk te gritan en X que la okupación o la inquiokupación son el problema primero de los y las españolas. Hay 2,7 millones de viviendas alquiladas y un 0,06% de denuncias por okupación, así que sí, parece que la (ultra)derecha pro-multipropietarios acierta poniendo el foco sobre la anécdota… para que no se hable de la categoría, que son la especulación salvaje de fondos buitre y grandes tenedores y la falta de vivienda asequible y social en España. Lo de los okupas, por cierto, te lo dice la misma derecha que vendió esos domicilios sociales a los fondos buitre obligando a mucha gente a abandonar sus hogares por la subida de precios que trajo consigo tan humanitaria operación.
El de los impagos de los alquileres a pequeños propietarios, sea por vulnerabilidad sobrevenida o por delincuencia pura y dura; el de las mafias que trafican cobrando por alquilar agujeros a personas vulnerables en edificios vacíos (mayoritariamente propiedad de grandes tenedores), son situaciones que hay que resolver, sin duda alguna, y con precisión quirúrgica. Porque no es lo mismo no poder pagar un alquiler que un especulador te duplica de repente porque quiere echarte sin que agotes tu contrato para hacer un piso turístico que quedarte sin empleo y no poder abonar ninguna mensualidad, por justa que sea. Estas situaciones, por desgraciadas que sean y resolución que requieran, no son El Problema de los españoles, la vivienda, ésa que lidera las encuestas sobre sus preocupaciones más acuciantes
El ataque ilegal a Irán tiene tanto que ver con el precio del alquiler como que el precio de la luz, la calefacción, el aire acondicionado, el agua caliente o la electricidad de los electrodomésticos, por ejemplo, que se incluyen como condiciones indispensables de una vivienda “digna y adecuada”, se vayan disparando, por muchas medidas de emergencia que se aprueben desde el Gobierno para paliar el atraco a mano armada (sic) de Trump y Netanyahu. Si a eso sumamos el precio del transporte para quienes se ven obligados a vivir alejados de los núcleos urbanos donde trabajan por los precios imposibles del alquiler que la CEOE no quiere congelar o la disparatada cesta de la compra, la vida digna se convierte en un lujo inasequible para demasiada gente, incluidos los jóvenes que acceden a su primer trabajo y buscan emanciparse e iniciar un proyecto vital, no digamos con hijos/as. ¿Cuánto va a durar esta guerra ilegal? No lo sabemos. ¿Y sus consecuencias? Mucho más que ella, por larga que sea. ¿Y los alquileres van a seguir subiendo? Por supuesto: “Derecho a la propiedad privada”, “Es el mercado, amigo”, y tal.
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