Opinión
Houston, tenemos una Ertzaintza
Periodista
Si uno quiere escribir sobre la Ertzaintza, debe andar con pies de plomo. Un periodista audaz podría darse de bruces con las arbitrariedades de la ley mordaza. Le ocurrió a Axier Lopez, que se encontró con un multazo de seiscientos euros por haber fotografiado la detención de una militante abertzale. Era la primera sanción contra un fotoperiodista al amparo de la nueva Ley de Seguridad Ciudadana. A la luz del escándalo público, el Gobierno español optó por revocar la sanción. Ganaron al mismo tiempo el sentido común y la autocensura. Desde entonces, nos tentamos las ropas antes de hacer un uso pleno de la libertad informativa.
Un activista que denuncie abusos policiales no correrá mejor suerte. En este caso, las asociaciones corporativas y el mismísimo Gobierno vasco podrían alentar diligencias de investigación por un falso delito de odio. Así le ocurrió a los jóvenes de Ernai, que tuvieron la infeliz idea de cuestionar una carga de la Policía autonómica. Lo llamo falso delito de odio porque la jurisprudencia de Estrasburgo es taxativa: "La policía difícilmente puede describirse como una minoría o grupo desprotegido que tenga un historial de opresión y discriminación". La Ertzaintza no encaja en esta tipología. Tal vez por eso la Fiscalía de Araba archivó las diligencias.
Hoy, una vez más, nos toca medir las palabras al contar lo que todo el mundo ha visto ya con sus propios ojos. Las imágenes del aeropuerto de Loiu han estremecido a la prensa internacional, desde Al Jazeera hasta The Jerusalem Post, y han comprometido la reputación de la Ertzaintza. Violencia gratuita. Porrazos a discreción. Tripulantes de la Global Sumud Flotilla reducidos con la rodilla en el cuello. Amnistía Internacional ve ensañamiento ilegítimo contra personas inmovilizadas. Francesca Albanese, relatora de la ONU, no solo ha reprobado a la Ertzaintza sino que además ha señalado sus conexiones comerciales con Israel.
El consejero de Seguridad, Bingen Zupiria, lamentó de inmediato las cargas aunque las atribuyó a las "provocaciones". Un mea culpa con matices. Después, durante su comparecencia ante el Parlamento vasco, ganaron fuerza los pretextos. Según el consejero, la Ertzaintza tuvo que responder a una agresión que en realidad nadie ha visto. Sugiere, además, que los activistas estaban bloqueando la puerta de llegadas aunque en los vídeos vemos a otros viajeros franquearla sin dificultades. Zupiria también recurrió al comodín argumental del terrorismo y criticó que un sector de la sociedad "no soporta a la Ertzaintza".
El cierre de filas del consejero se entiende mejor si escuchamos a las asociaciones corporativas de la Policía vasca, que han manifestado su apoyo entusiasta a las cargas. EUSPEL ha criticado "el relato sesgado" y ha ofrecido protección a los "compañeros agredidos". ErNE, por su parte, ha achacado la polémica a una campaña de "la izquierda radical abertzale" bajo el timón de EH Bildu. Para SiPE, los profesionales de la Policía están siendo "señalados y sometidos a juicios paralelos sin conocer el contexto completo de la intervención". ESAN encarece la profesionalidad del cuerpo "ante quienes sólo entienden la tensión, el ruido y el espectáculo".
Si la aritmética no falla, 59 de los 60 delegados sindicales de la Ertzaintza respaldarían los porrazos de Loiu. Solamente ELA critica la brutalidad del operativo. Se diría que aquí está la madre del cordero. En las últimas elecciones internas de la Ertzaintza, EUSPEL terminó con veinte años de hegemonía de ErNE, que perdía casi la mitad de los apoyos. La asociación ganadora, la única que se desmarcó del convenio con el Gobierno vasco, ha amortizado el descontento del llamado "movimiento asindical". Cuando algunas voces alertaban sobre la derechización de la Ertzaintza, EUSPEL ofrecía una conferencia formativa con el portavoz de Vox en Inmigración.
Macarena Olona se ha sumado a la fiesta llamando "guarro" a un activista de la Flotilla y sugiriendo que los golpes fueron insuficientes: "Poco calor negro desplegaron". En otra ocasión, la ultraderechista difundió un parche con la imagen de un ertzaina atizando con la porra y un versículo del Evangelio: "A todo el que te pide, dale". En los últimos años han circulado distintivos de la Ertzaintza con estética paramilitar, armas, calaveras y referencias a Blue Lives Matter. Según admite el consejero, la exhibición de simbología vinculada a la extrema derecha no ha sido motivo de expedientes disciplinarios en el cuerpo.
Ahora llegan las cargas del aeropuerto de Loiu y Bingen Zupiria trata de reducir el conflicto a un mero asunto de orden público. Dice que la Ertzaintza no ha pegado a nadie por su ideología, pero no ha tardado en apelar a ETA y ha culpado a la extrema izquierda del barullo. En términos no muy lejanos, el Gobierno de Israel se cachondeaba de las cargas contra "los anarquistas de la flotilla". Según Zupiria, algunos sectores de la izquierda vasca conservan una animadversión hacia la Ertzaintza que procede de otros tiempos.
No sabemos a qué tiempos se refiere. Tal vez habla del pelotazo que mató a Iñigo Cabacas. O de Amaya, la aficionada de la Real Sociedad que acabó en la UCI y tendrá lesiones de por vida. O del agente que propinó un puñetazo a un joven y le negó una ambulancia en Irun. O del disparo de foam que reventó la mandíbula a Aritz Ibarra durante una concentración falangista. Quizá el Gobierno vasco no debería preocuparse tanto por la filiación política de los activistas de la Flotilla como por la deriva ideológica de los sectores hegemónicos de la Ertzaintza. Ahí sí que tenemos un problema, Houston. Y de los gordos.
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