Opinión
No nos jodan
Por Marta Nebot
Periodista
Este momento político patrio me pilla con La forja de un rebelde de Arturo Barea en la mesilla. Me arropa cada noche, no quiero que se acabe. Me está contando como nunca qué país fuimos, qué nos hicimos, de dónde venimos y tal vez dónde estamos.
Dicen las reseñas que "esta trilogía autobiográfica retrata la burocracia como una fuerza asfixiante que paralizó la sociedad tanto en la vida civil como en el ámbito militar durante la Guerra de Marruecos y la Guerra Civil españolas, exponiendo cómo los aparatos priorizan los sellos, los expedientes y la rigidez formal por encima de la eficacia o de las necesidades reales de la población".
Si lo pienso –como escribirlo me obliga– ardo de rabia. Se me pone la piel más que de gallina de gallo de pelea que se autolesiona.
Decía Antonio Gramsci, el periodista, filósofo y político italiano padre de "la batalla cultural", el primero que la teorizó y la convirtió en la disputa política consciente y principal en todos los sistemas, que "el tiempo es lo más importante: es un simple sinónimo de la vida misma".
EL TIEMPO, señoras y señores de la izquierda.
Cabezas destacadas en la negociación del Frente Amplio -del que depende todo ahora- me han dicho a la cara que se va a apurar hasta el último minuto para trenzar una lista, es decir, hasta el próximo viernes, 16 de octubre, a las 23.59 –plazo máximo para inscribir las coaliciones–; que lo importante es conseguir ir junt@s.
Esa idea redonda lleva rebotando en los bordes del tapete de mi cabeza desde que alguien me lanzó esa bola.
Ahora por fin consigo pararla y verlo claro: no. Ese tiempo no es suyo. No se hagan dueños de lo ajeno. Dejen de bajar un suflé que tendría que seguir creciendo en el horno; que, como todos, solo puede ir para arriba o para abajo. Su deber es mimarlo.
No nos jodan la pequeña oportunidad que aún tenemos con sus mierdas, con sus batallitas por sus carreritas políticas cuando están en juego derechos, hogares, presentes y futuros. Repito y concentro: no nos jodan. No jueguen a perder de antemano.
Cada día que pasa en este limbo nos autodestruyen otro poco. No va a colar un acuerdo de último minuto por puestos en la lista. Tienen cosas más difíciles que negociar. Tienen que contarnos cuál es el programa de mínimos que les reconcilia y que vale la pena votar. Tienen que demostrar que quieren llegar al Gobierno y hacer cosas que mejoren vidas. Tienen que convencernos de que lo votado en el 2023 valió la pena y de que va a valerla aún más en este 2026 marcado por la emergencia habitacional y por la emergencia política que implica la subida exponencial de la ultraderecha aquí y en todo el mundo.
Tienen mucho trabajo y una nueva oportunidad si intentan jugarla en serio. Hay tanto en juego. Necesitamos tanto que sepan contárnoslo.
La precampaña ya ha empezado. Los dos gallos ya han saltado a la arena mientras ustedes no se aclaran. Urge saber si hay una izquierda a la izquierda del partido socialista dispuesta a ser la que marque el paso, la que amplíe el horizonte, como ha hecho hasta ahora y más lejos. Unirse para pelear juntos no puede ser el problema; debe ser un deseo y una necesidad que les obligue a dejar atrás sus cosas para concentrarse en lo importante.
Me atrevo a pensar que, llegados a este punto, a la mayoría nos importa un carajo si va primero sultanito, menganito o si lidera x o y. Cuanto más pelean por los puestos, cuanto más tiempo desperdician, cuanto más nos decepcionan menos nos defienden y nos representan, más nos desmovilizan. Así que vamos y rapidito. Junt@s, claro; pero mejor hoy que mañana.
Como siempre, en este país partido por la mitad ideológicamente, se va a tratar de convencer a los indecisos y de sacar a los que siguen en la abstención, de persuadir sobre la importancia de todos y cada uno de los votos porque todo se decidirá por unos pocos. Y la indecisión no apuesta por sí misma. Si no se aclaran ustedes, ¿cómo vamos a aclararnos los que les votamos?
Decía Gramsci de muchas maneras que lo peor era "la indiferencia", que es "el peso muerto de la historia". No da igual cómo perdamos, si perdemos. Y también que había que ser "pesimista con la inteligencia y optimista con la voluntad". Lo que podría traducir ahora en: no nos hagan perder antes de tiempo. Pónganse con lo nuestro y pospongan lo suyo un poco. Confíen otro poco en nosotros.
Termino con más Gramsci: "Instrúyanse, porque necesitaremos toda nuestra inteligencia. Agítense, porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo. Organícense, porque necesitaremos toda nuestra fuerza". Inténtenlo por lo menos.
Va una vez más: dejen de joder. Estén a la altura del momento y de la gente con la que se les llena la boca.
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