Opinión
Están jugando con nuestras vidas … desde el cariño
Por Noelia Adánez
Coordinadora de Opinión.
-Actualizado a
“Nuestra vida no puede esperar”. Este es el lema con el que la asociación Amama convoca una concentración para el próximo domingo frente al Palacio de San Telmo. Mientras el gobierno andaluz trata de capear la crisis de los cribados, que la anterior consejera de Sanidad aseguró inicialmente que afectaba a cuatro casos, el ministerio de Sanidad reclama a las comunidades autónomas que afloren sus datos y el CIS alerta de que aumenta la insatisfacción ciudadana con los servicios que presta la sanidad pública.
"A mí me gustaría de verdad que lo que está ocurriendo en Andalucía con esta manipulación del Sistema Sanitario Público deje de hacerse", dijo la consejera Rocío Hernández en una entrevista en la Cadena SER al inicio de esta crisis. Los cuatro casos han terminado siendo miles y la consejera se vio obligada a dimitir al poco de hacer estas declaraciones que delataban un modus operandi de las derechas insultantemente frecuente cuando gobiernan.
En general, cuando la sociedad civil se organiza, las derechas denuncian que lo hacen para “politizar” temas y cuando la sociedad civil protesta, señalan a asociaciones y colectivos por manipular y/o ser manipulados. Como si la gestión de lo público no fuera un asunto de política y los problemas derivados de la falta de financiación de la sanidad no obedecerían a una agenda ideológica.
Y es que en la cultura política de la derecha posfranquista no es solo el deseo thatcheriano de una sociedad de individuos desvinculados lo que opera, sino -y quizá sobre todo- la idea de que los servicios públicos son una dádiva, un regalo. Por eso no entienden que ante su "generosa y neutral gestión de un servicio", no sintamos otra cosa que no sea gratitud.
Con el Servicio Andaluz de Salud nuevamente tensionado, Moreno Bonilla comunicó la dimisión de Hernández, reconoció los fallos y planteó soluciones … a su manera. Y a su manera ha salido al paso el nuevo consejero cuando Amama ha llamado la atención sobre la desaparición de imágenes y pruebas diagnósticas hace dos días.
"Desde el cariño, la cercanía y la solidaridad", el consejero Sanz le ha pedido a las mujeres que "dejen de lanzar infundios y dejen de intentar desprestigiar al sistema público de salud y a los profesionales que trabajan en el Servicio Andaluz de Salud". Después han tenido que reconocer que, en efecto, estas imágenes estuvieron durante horas desaparecidas y lo han justificado alegando razones técnicas. En su comparecencia Sanz, quien sin duda tiene muy presente la falta de empatía que tanto se le afeó a su predecesora, ha insistido mucho en que las palabras dirigidas a Amama y a quien cuestione la solvencia del SAS están trufadas de cariño.
Moreno Bonilla parece haber dado la orden de tapar la falta de inversión y las negligencias en la gestión de la sanidad con un llamamiento a la responsabilidad de las asociaciones, que es justo de lo que su gobierno adolece, de sentido de responsabilidad y, de paso, de compromiso con lo público. Peor aún que hacer las cosas mal es tapar los errores con paternalismo y victimismo, aunque parece que a los Mazón y las Díaz Ayuso les está saliendo a cuenta.
Sanz, contrariado por la denuncia de Amama a raíz de la desaparición temporal de información clínica, pedía que no se generara “alarma social”. La pregunta sería entonces cómo debemos reaccionar al plante que las comunidades gobernadas por el PP -a excepción de Andalucía- han hecho ante la exigencia de Sanidad de que comuniquen los datos de los cribados.
¿Acaso no es preocupante que los responsables políticos de las autonomías que gobierna el Partido Popular hayan decidido negarse a aportar esta información porque, como varias consejeras han expresado en sus cartas de respuesta a Mónica García, creen que puede utilizarse en su contra? ¿Qué hay en los datos de cribados por autonomías para que los gobiernos autonómicos populares quieran mantenerlos ocultos? El mero hecho de que con su respuesta hayan dado pábulo a la formulación de esta pregunta crea alarma social. De un modo u otro al PP le tocará lidiar con ella.
Y es que, aunque a nuestras derechas les cueste aceptarlo, ni los servicios públicos son un regalo, ni su gestión está al margen de la política, ni la opacidad es una posición aceptable en democracia. La sanidad pública está siendo dinamitada de manera sostenida y de un modo especialmente crítico desde la pandemia. Y lo está en autonomías gobernadas por el Partido Popular que están llevando al sistema al colapso sin complejos y sin ningún tipo de rendición de cuentas. La desinversión en la sanidad pública está directamente relacionada con el crecimiento de seguros privados. No es casualidad; es política, y una respuesta política es lo que los gobiernos populares merecen por parte de la sociedad civil. Eso sí, desde el cariño.
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