Opinión
Porque 'Madriz' es nuestra
Por Carolina Cordero
Coordinadora regional IU Madrid.
La vida en Madrid se ha ido estrechando por los márgenes. No en torno a grandes acontecimientos sino por una suma de pequeñas tensiones que se acumulan: jornadas partidas que desordenan cualquier intento de conciliación, desplazamientos interminables que provocan que pasemos más tiempo diario esperando en un andén que descansando con nuestras familias, sueldos que no suben al ritmo de los alquileres ni del precio de la cesta de la compra. Es la sensación de estar siempre fuera de casa y, al mismo tiempo, de no llegar a todo. De vivir al día, incluso con un trabajo estable.
El día a día de quienes sostenemos la región no forma parte del debate público y, sin embargo, tiene un claro denominador común: la incertidumbre. Disponemos de pocas certezas e incluso el trabajo ha dejado de ser una garantía en la medida en que ya no nos asegura estabilidad ni nos permite proyectar a largo plazo.
La realidad choca de bruces con el relato oficial, el de una región que crece, que atrae inversión, que genera oportunidades. Y todo ello es cierto. La pregunta es para quién crece Madrid. El crecimiento macroeconómico convive con centros de salud desbordados, con municipios donde los colegios públicos abren sus puertas en pésimas condiciones y faltan plazas educativas de FP, con viviendas cuyos precios nos expulsan de nuestros propios barrios.
Convivimos con una precariedad que nos atraviesa, consecuencia de un modelo que genera riqueza, pero se acumula en los bolsillos de unos pocos y ha convertido los derechos que deberían procurarnos los servicios públicos en privilegios para quienes se lo pueden pagar. Son ya más de 30 años gobernados bajo esta lógica y muchas madrileñas y madrileños apenas hemos conocido una región distinta. Y claro, la sensación de que no hay alternativa crece sin freno. La percepción de que no es posible que el centro de salud preste un servicio adecuado está provocando que muchas familias trabajadoras, con gran esfuerzo económico, estén contratando seguros privados. No es porque defiendan ese modelo de gestión, es porque creen que es la única manera de disponer de un servicio sanitario digno. La creencia generalizada de que los poderes públicos jamás van a garantizar el derecho a la vivienda está generando una suerte de "rentismo aspiracional" no porque la ciudadanía sea hoy más egoísta que ayer, es falta de esperanza.
Sin embargo, sí hay alternativa, nos va la vida en que la haya y la izquierda madrileña tenemos la importante tarea de construirla y hacerla creíble. No con discursos abstractos, no desde el ruido, sino reorientando la política en torno a las cosas del comer y expresando con claridad que no puede haber garantía de derechos sin acabar con los privilegios.
Hay una salida colectiva frente al sálvese quien pueda y toca demostrarlo no sólo con palabras sino fundamentalmente reconstruyendo vínculos en los barrios, aprovechando el arraigo que tenemos organizaciones como Izquierda Unida Madrid, que seguimos estando donde hemos estado siempre, a las duras y a las maduras, en las calles, en las plataformas en defensa de servicios públicos, defendiendo causas justas y abriendo nuestras sedes al vecindario.
Hoy volvemos a dar un paso al frente, y lo hacemos para decir que Madrid es de quienes la sostenemos cada día. Que no vamos a rendirnos. Que Madrid no está en venta.
Madriz es nuestra.
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