Opinión
La mayoría progresista que nunca existió
Por Toni Mejías
Periodista
Se acabó. Se estuvo mucho tiempo dejando de lado el asunto, como si no importara. Promoviendo algún decreto con la boca pequeña, impulsado por las patas más progresistas del Gobierno, pero sabiendo que no llegaría a ningún lado. Son ya casi 8 años del ejecutivo más progresista del mundo mundial, pero que, en materia de vivienda, no ha avanzado casi nada. Y, por mucho que se compre la agenda de la extrema derecha y hablemos de cosas bastantes más banales, la falta de techo es el principal problema para la sociedad española. Principalmente para la juventud aunque no exclusivo. No hace falta describir cómo se ha deteriorado el mercado inmobiliario porque si no eres un especulador sabes bien cómo se ha complicado acceder a una vivienda digna.
Ha tenido que ser el desahucio de una anciana vulnerable y la respuesta de una juventud movilizada quienes recordaran al Gobierno cuál puede ser su tumba. Que está muy bien subir el SMI, por supuesto, pero si sigue sin ser suficiente para tener un hogar, se deben dar más respuestas. Y aunque se empiece con una propuesta de mínimos, se debe ir a por el máximo. Sé que muchos diputados, muchos presentadores de televisión, muchos deportistas de élite, también estrellas musicales y, cómo no, muchos empresarios tienen cientos de viviendas a las que sacarle rentabilidad, pero las reglas del juego van a cambiar y nos importa un pimiento que sea a mitad de partido y que pierdas los ingresos que tienes por hacer absolutamente nada, por haber sido un privilegiado y haber jugado al monopoly con las vidas de la gente trabajadora.
El principal problema es que no hay una mayoría parlamentaria progresista por mucho que se lleve más de 3 años fingiendo lo contrario. La realidad es que Pedro Sánchez es presidente porque la votación para su investidura ocurrió en un momento histórico concreto que facilitó que así fuera. Con una derecha vasca que no puede hacer tratos con los ultras de VOX porque no lo entenderían sus votantes ni su sociedad y con una derecha catalana que necesitaba el indulto de sus líderes. Pero, a la hora de la verdad, la derecha es derecha y mira por sus intereses y por los de sus financiadores. La cuestión es que la maldita ventana de Overton se ha ido tanto hacia el extremo diestro que hemos aceptado a PNV como progresistas y a Junts como socios válidos. El asunto es que en temas económicos están tan alejados del reparto de riqueza como lo puede estar la derecha española. Y la vivienda es un negocio demasiado jugoso como para votar a favor de regularla.
Junts ha tumbado los dos decretos. PNV solo ha votado a favor del más light. Por lo tanto, se pueden estar presentando decretos suaves eternamente hasta que alguno convenza al empresariado catalán y/o vasco o se puede terminar con esta legislatura cogida con pinzas y plantear las próximas elecciones como un plebiscito por la vivienda. Eso sí, si el PSOE pretende volver a liderar un gobierno de coalición deberá firmar por escrito, ante notario o frente a la mismísima tumba de Pablo Iglesias unos compromisos firmes y reales para dar solución a este problema que también ellos han creado o, como mínimo, permitido. Si no, los partidos a su izquierda no deberían aceptar ministerios y sí volver a pelear en sus ciudades, barrios o pueblos que, tal vez, no deberían haber abandonado nunca.
Estos diez días frenéticos no habrán servido para nada a nivel legislativo, pero sí a nivel comunicativo y político. En primer lugar, no todos los jóvenes son nazis como llevan un tiempo diciendo, intentando contagiar un pesimismo que nos desmoviliza. En segundo lugar, han retratado a cada partido político y han dejado claro con quién están: con Urbagestión o con Mari Carmen. También han demostrado (una vez más) los mediocres que gestionan los medios de comunicación y que han intentado desacreditar la acampada desde el primer día. Lo que no esperaban es que sus portavoces tuvieran más discurso, más ideas y más dignidad que cualquier vocero que se sienta en sus platós.
Las palabras sindicato, lucha, clase obrera y antifascismo han vuelto a ser tendencia. Aprovechemos el momento. No toda nuestra sociedad son señoros agitando su bandera contra los migrantes y contra los pobres. Tenemos que convencernos de que sí hay futuro. Como debería convencerse el Gobierno de que no son mayoría progresista. Suelten la mano a quienes nos asfixian o la sociedad soltará la suya.
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