Opinión
Negro y en botella
Por David Torres
Escritor
Hay un error de base en la polémica que se ha montado en torno a la detención de Serigne Mbaye, activista y exdiputado de Podemos. Acusan a la Policía de racismo, de acercarse a Mbaye y pedirle los papeles atendiendo únicamente al color de su piel; sin embargo, intuyo que, aparte de la negritud, la Policía tuvo en cuenta que además era exdiputado de Podemos, activista contra la xenofobia y defensor de los manteros. En definitiva, creo que la Policía sabía de sobra que aquel tipo alto y flaco no era un negro cualquiera, sino Serigne Mbaye. Con todo, tampoco debemos menospreciar ese instinto de sabueso que poseen los mejores agentes de nuestras fuerzas de seguridad para detectar cualquier atisbo de anormalidad, cualquier indicio de delito que escapa a un simple examen visual. Algunos incluso son capaces de identificar a un negro de un solo vistazo, un talento del que habla Monterroso en referencia a ese sexto sentido que tienen los enanos y que les permite reconocerse a primera vista.
Así, a primera vista, varios de los policías que detuvieron a Mbaye llevaban la cabeza rapada y uno de ellos lucía una pulserita con los colores de la bandera española en la muñeca, pero no vayamos a pensar mal, tampoco conviene sacar conclusiones precipitadas. Ni tan negro ni tan calvo. A lo mejor hay una epidemia de piojos en la comisaría, a lo mejor el de la pulsera vive en uno de esos barrios donde son todos chinos y teme confundirse de nacionalidad. Lo de ser exdiputado de Podemos, activista contra la xenofobia y defensor de los manteros ya lo hacía bastante sospechoso, pero lo de ser negro era la guinda del pastel.
Esa suma de circunstancias agravantes tal vez responda a la interrogación que lanzaba Silvia Intxaurrondo la mañana siguiente en televisión: ¿por qué la Policía se acerca a Mbaye? Qué pregunta, mujer, cuando estaba claro que el hombre no solo iba paseando tranquilamente por la calle, sino que, además, pretendía entrar en su domicilio. O sea, iba provocando. En unas declaraciones que tuvieron lugar tras su detención y posterior puesta en libertad, Mbaye dice que ya tenía la llave metida en la cerradura del portal y que ésta es la tercera vez en tres meses que la Policía le para en la calle. Por su parte, la Policía asegura que Mbaye se negó a identificarse durante un control en el distrito de Usera. Al parecer, un par de jóvenes de origen africano habían intentado robar un vehículo por allí cerca y Mbaye encajaba perfectamente en la descripción: negro y en botella. Le preguntaron si llevaba objetos punzantes, lo pusieron contra la pared, empezaron a registrarle y un vecino que salía del edificio justo en ese momento les advirtió de que Mbaye vivía allí. Al final, en un altercado bastante violento con niños por en medio, los policías detuvieron a siete personas bajo los cargos de desobediencia, resistencia y atentado a la autoridad.
En un artículo que escribí hace tres años, contaba que un amigo mío sufre un contratiempo similar, el problema de ser negro en Cuenca, con lo que cada vez que la Policía lo ve por la calle le pide el carné. Una de esas veces, el agente que lo dejó marchar se excusó con una disculpa fabulosa: "Es que no es lo habitual". No, lo habitual es contemplar el color de la piel como una amenaza directa a la seguridad pública y proceder en consecuencia. Sin embargo, como decía al principio, en esta ocasión habrá que tener en cuenta las circunstancias agravantes de ser abogado defensor de los manteros y candidato por Podemos a un escaño en el Parlamento europeo. A ver, no es como si hubieran detenido, por poner un ejemplo, a Vinicius Jr. o a Bertrand Ndongo. Menos mal que todo esto sucede bajo la batuta de un Gobierno supuestamente progresista, porque llega a ocurrir con un Gobierno de derecha pura y dura y tampoco habría forma de ver la diferencia.
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